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De canciller del retail a autoridad social: la apuesta política de Moreno

por 5 febrero, 2018

De canciller del retail a autoridad social: la apuesta política de Moreno
La agenda oculta de designado ministro busca transformarlo en la autoridad social del gabinete de Piñera, lo que le permitará capitalizar políticamente su gestión con vistas a la disputa presidencial del 2022. Con buen olfato para los emprendimientos, sabe que solo tendrá resultados si es capaz de ejercer su influencia –en términos de decisiones públicas– sobre el conjunto de las intervenciones sociales del próximo Gobierno y no solo administrando un modelo para los pobres.
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De manera inesperada, el renunciado presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y ex canciller entre el 2010 y el 2014, Alfredo Moreno, en la presentación del nuevo gabinete para el segundo mandato de Sebastián Piñera apareció designado a la cabeza del Ministerio de Desarrollo Social.

Lo que sorprende no es su incorporación al equipo gubernamental, después de todo fue un estrecho colaborador de Presidente electo en su primer Gobierno y a quien se le atribuye la tesis de las “cuerdas separadas” que caracterizó el accionar de la Cancillería chilena esos años, también forma parte del riñón piñerista que se instalará en La Moneda a partir del 11 de marzo. Lo verdaderamente novedoso es su nueva apuesta por convertirse en “autoridad social” desde una cartera a cargo de la política social, que en el relato de los gobiernos siempre parece tener un lugar destacado, pero cuyo accionar en su rutina gubernamental ha estado siempre subordinado a las decisiones que se toman en Teatinos 120.

Su apuesta es arriesgada y no estará exenta de dificultades. Estratégicamente, Moreno deberá buscar alejarse de esa idea instalada en el imaginario colectivo acerca de que los responsables de la política social son casi siempre los "parientes pobres" del gabinete. Durante todas las administraciones anteriores, los ministros a cargo de esta cartera –antes Mideplan y ahora Desarrollo Social– han quedado atrapados en la lógica de la urgencia, mientras que las decisiones, con verdadero impacto sobre la equidad, son tomadas finalmente teniendo en cuenta el criterio económico del Ministerio de Hacienda.

Partiendo de este dato empírico, la agenda del designado ministro Moreno, desde un punto de vista táctico, requerirá de, a lo menos, dos condiciones sine qua non: primero, que el Presidente instale como hito de su Gobierno el pilar social ofertado en campaña y, segundo, que sea empoderado por Piñera como la autoridad social de su administración, el coordinador de toda la política social, tanto frente al Ministerio de Hacienda como ante el resto de las carteras de corte social. Esta decisión no será fácil y tampoco estará exenta de tensiones y disputas.

La nueva apuesta política de Moreno, y suponemos también del propio Piñera al colocar a su mejor carta en este rol, abre por ahora varias interrogantes: ¿es posible la construcción de una autoridad social en Chile, entendiendo por esta a una instancia capaz de priorizar, coordinar, asignar recursos, controlar y evaluar la política social? ¿Contara Alfredo Moreno con el apoyo del Presidente y de los necesarios arreglos institucionales, más allá de la sola voluntad declarada para instalarlo en el comité político de La Moneda para coordinar la oferta pública en materia social? ¿Estarán dispuestos, el ministro de Hacienda y los otros ministros sectoriales –Salud, Educación, Vivienda, etc.–, a ceder atribuciones y recursos a esta nueva autoridad social? ¿Cómo procesará las tensiones y conflictos el Presidente Piñera –de poder, recursos y también de egos– que inevitablemente se generarán en el gabinete?

Hasta que no se instale la nueva administración y comience a gestionar su proyecto gubernamental, serán más las preguntas que las respuestas.

La nueva apuesta política de Moreno, y suponemos también del propio Piñera al colocar a su mejor carta en este rol, abre por ahora varias interrogantes: ¿es posible la construcción de una autoridad social en Chile, entendiendo por esta a una instancia capaz de priorizar, coordinar, asignar recursos, controlar y evaluar la política social? ¿Contara Alfredo Moreno con el apoyo del Presidente y de los necesarios arreglos institucionales, más allá de la sola voluntad declarada para instalarlo en el comité político de La Moneda para coordinar la oferta pública en materia social? ¿Estarán dispuestos, el ministro de Hacienda y los otros ministros sectoriales –Salud, Educación, Vivienda, etc.–, a ceder atribuciones y recursos a esta nueva autoridad social? ¿Cómo procesará las tensiones y conflictos el Presidente Piñera –de poder, recursos y también de egos– que inevitablemente se generarán en el gabinete?

Lo que parece claro es que, junto con las restricciones que plantean las preguntas anteriores, el designado ministro Moreno seguramente debe tener un diagnóstico acerca de lo difícil que será ser exitoso en su apuesta, si no cuenta con poder real para modificar el rumbo de la situación actual en materia social y si no tiene, además, la autoridad en todas las decisiones del gabinete que afecten la situación de los grupos vulnerables, aunque sea en áreas que institucionalmente no pertenezcan a su ámbito de decisión directa y que están en la base de los problemas de coordinación de las políticas.

Desde esta perspectiva, la agenda oculta de Moreno busca transformarlo en la autoridad social que le permita capitalizar políticamente su gestión con vistas a la disputa presidencial del 2022. Moreno, con buen olfato para los emprendimientos, sabe que solo tendrá resultados si es capaz de ejercer su influencia —en términos de decisiones públicas— sobre el conjunto de las intervenciones sociales del Gobierno y no solo administrando un modelo para pobres desde su cartera. Será clave entonces, por ejemplo, saber si administrará o no el total del gasto público social.

La autoridad social no es solo quien ejecuta, sino, sobre todo, quien incorpora la visión integral de la equidad a las acciones del Gobierno, no solamente en la identificación de los beneficiarios de la política social sino también sobre las condiciones que generan la problemática social y en el diseño e implementación de las respuestas en clave de políticas públicas.

Alfredo Moreno pondrá todo su capital político, redes y quizás una negociada autorización del Presidente Piñera, para convertirse en un actor con poder para mirar e intervenir el problema social en su totalidad. Sin embargo, esta no será una tarea fácil. Se requiere ciertamente de autoridad real y no solo declarada. También sabe que no basta con el solo manejo técnico. Requiere también de mucha política y apoyo de partidos para enfrentar a sus adversarios en el Ejecutivo y a los otros presidenciables que, desde el Parlamento –Manuel José Ossandon, Andrés Allamand y Felipe  Kast–, no estarán dispuestos a rescindir de sus aspiraciones solo porque Moreno sea, por ahora, el favorito de Piñera.

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