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La Pasión de la Democracia Cristiana

por 17 febrero, 2018

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Después de la Junta Nacional del Partido Demócrata Cristiano, el domingo 28 de enero del 2018, gran parte de elite del partido comentaba que se tomarían un tiempo de reflexión sobre su militancia en la colectividad.

Teniendo como antecedente la renuncia de los miembros de Progresismo con Progreso, la elite mencionada vive su propio calvario. Cuando uno leía o escuchaba a sus altos dirigentes como Martínez, Goic, Walker, Aylwin y los militantes cercanos a ellos, todos tenían algo en común,  tenían el síndrome mesiánico, donde solo ellos están llamados a salvar al partido y saben lo que es mejor para el país.

Pero con la decisión de un posible pacto con el Partido Comunista o el Frente Amplio, ellos expusieron su descontento ante los medios, viven su propia Pasión, donde las bases los traicionaron, no ven las cosas como ellos, por ende, el acto de renunciar es un sacrificio por nuestros errores cometidos y al tercer día resucitaran en un nuevo colectivo político de centro. Sabiendo que todo dependerá  de las futuras elecciones  internas, quien se quedara con la marca “Democracia Cristiana” que siendo francos va a la baja en aprobación ciudadana. Incluso ocuparon la estrategia de la mesianidad en la campaña presidencial que fue un rotundo fracaso electoral.

La crisis que vive la elite del partido, la desconexión con sus bases y la ciudadanía en general se debe a que el partido no logra renovar sus liderazgos, que al llevar años generan feudos electorales muy estables y difíciles de vencer, el desgaste natural del partido también se debe a su función como articulador de la Concertación, llegando a ser un partido administrativo dejando de lado la sociedad civil.

La crisis que vive la elite del partido, la desconexión con sus bases y la ciudadanía en general se debe a que el partido no logra renovar sus liderazgos, que al llevar años generan feudos electorales muy estables y difíciles de vencer, el desgaste natural del partido también se debe a su función como articulador de la Concertación, llegando a ser un partido administrativo dejando de lado la sociedad civil.

Un factor que también sería interesante discutir es la convivencia de todas las generaciones de militantes activos, cada generación tiene una percepción distinta, entre más pasan los años, cada una vivió un Chile distinto, por eso, chocan las posturas entre los militantes base y a elite partidaria.

Para concluir, la elite del PDC debe renovarse, aprendiendo las nuevas formas de hacer política, en conjunto con los movimientos sociales, volver a organizar a los grupos intermedios y dejar la iluminación mesiánica para otra ocasión.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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