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A propósito de la no incorporación de la filosofía en tercero y cuarto medio

por 22 febrero, 2018

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Recientemente, el Consejo Nacional de Educación (CNED) ha decidido no  incorporar la asignatura de Filosofía en las bases curriculares de tercero y cuarto medios.  En mi opinión, negarse a la incorporación de la filosofía en la formación general y en la educación técnica tiene graves repercusiones en nuestro modo de pensar. Como contraparte, los énfasis están puestos  en un pensamiento técnico que no hace grandes diferencias entre un pensar causal y uno moral. Este último, traspasado por  fundamentalismos y utilitarismos cuyo imperativo es  sostener  un estilo de vida que solo da sentido a los productos finales.

Bajo el dominio de esta modalidad del pensamiento, cuya meta es prioritariamente productiva, padecemos vivir en la época de los grandes números, de la población anónima dominada por el conocimiento de los medios y los fines que sostiene la máquina comercial y el hacer humano en general. Por el contrario, desde su inicio la filosofía ha puesto el acento en el cultivo de un pensar no sujeto a la medida del número ni al fatal cálculo costo/beneficio. A nivel argumental, hoy más que nunca es importante aprender a usar un lenguaje valorativo que establezca diferencias entre lo que significa deducir, inducir, describir o normativizar, entre otros procedimientos; dado que es prioritario en nuestro país el ejercicio de la crítica, la autocrítica y el pensamiento autónomo, propiciando en lo posible una autodidáctica que conduzca a lo posible y no solo a una dócil adaptación a la vida económica y al mundo de los supuestos actuales.

Negarse a la incorporación de la filosofía en la formación general y en la educación técnica tiene graves repercusiones en nuestro modo de pensar. Como contraparte, los énfasis están puestos en un pensamiento técnico que no hace grandes diferencias entre un pensar causal y uno moral.

Los contenidos de la filosofía que se enseña en los colegios deben poder relacionar el pensamiento autónomo con las premisas del mundo actual, ya para evaluar y disputar con las decisiones fácticas  desde criterios ético-normativos, o bien para recoger los contenidos que nos proponen las nuevas transformaciones ambientales,  tecnológicas, las reconfiguraciones geopolíticas y los derechos humanos y humanitarismos antes ignorados.

Por último, es de suma importancia criticar las formas patriarcales del poder para dejar lugar a las nuevas subjetividades en el ámbito del género y/o posgénero. Del mismo modo, se vuelve necesario incorporar el pensamiento latinoamericano que disputa con los colonialismos y hace ver que existen lugares intersticiales de negociación cultural y de reinscripción de nuevos sentidos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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