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El perdón del ministro Varela ante la CCPS

por 30 abril, 2018

El perdón del ministro Varela ante la CCPS
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Las discrepancias entre la lógica educativa y la lógica de mercado que hemos venido presenciando en nuestro país, se corona con los dichos del ministro Varela ante la asamblea ampliada de la Coordinadora de Colegios Particulares Subvencionados A.G., al ofrecer las disculpas “pertinentes”, porque el gobierno anterior con la creación de la ley de inclusión “mermó” el negocio del siglo.

El que para él y la bancada de Chile Vamos la educación figure como un bien económico por sobre un derecho social o un bien común (como propone la UNESCO), no quiere decir que en efecto lo sea, a pesar de que la perspectiva del bien de consumo ha ganado terreno a través del utilitarismo y el economicismo que no integra las dimensiones múltiples de la existencia humana en el ámbito educativo, insistiendo en que educación y lucro son compatibles, incluso, casi moralmente necesarios.

Pero como el status quo de la educación mercantil se ha visto quebrantado, el ministro pide perdón, perdón por aquellas injusticias y discriminaciones y por el maltrato que han sufrido los empresarios (y por allí menciona a los niños como si ellos fueran el centro de sus dichos), acto aplaudido por quienes han puesto el lucro como su objetivo principal con la “esperanza de poder construir juntos un nuevo pacto” (¿queda claro no?).

Pues bien, a modo de respuesta a tal perdón, es preciso señalar que Investigaciones de la UNESCO, proponen una mirada rupturista hacia el bien de mercado en donde la educación ha de ser un bien común (superando las limitaciones del bien público como contraposición a lo privado) puesto que contribuye al interés general y permite que la sociedad en su conjunto se vea reforzada, funcione mejor y sus individuos vivan mejor. Así, la educación como bien común no podría producirse como una mercancía, sino, como una fuerza rectora para la acción de todos los agentes sociales.

Si el Ministro tiene claro entonces que “la calidad del sostenedor no dice nada sobre la calidad de la educación”, y que, “corresponderá hacer los ajustes correspondientes para que [la educación] funcione de la mejor manera posible, para que no frene el desarrollo de nuestros niños y para que no se haga más difícil el trabajo en la sala de clases”, la cartera que él representa deberá velar para que el sistema educativo en Chile logre la anhelada calidad (como hace tiempo debió haber sido), y no para que la empresa la incluya en su oferta, así como incorpora sus libretas, sus insignias, sus uniformes y otros productos más que se venden por separado.

Si el Ministro tiene claro entonces que “la calidad del sostenedor no dice nada sobre la calidad de la educación”, y que, “corresponderá hacer los ajustes correspondientes para que [la educación] funcione de la mejor manera posible, para que no frene el desarrollo de nuestros niños y para que no se haga más difícil el trabajo en la sala de clases”, la cartera que él representa deberá velar para que el sistema educativo en Chile logre la anhelada calidad (como hace tiempo debió haber sido), y no para que la empresa la incluya en su oferta, así como incorpora sus libretas, sus insignias, sus uniformes y otros productos más que se venden por separado.

Solo así (utilizando las palabras del Ministro Varela) se podrá asegurar a los profesores “que los proyectos educativos se van a poder prolongar hacia el infinito y más allá, y que nuestros alumnos vuelvan a tener igualdad de trato” y “enseñarles a nuestros niños que [la calidad educativa] no es un sentimiento de superioridad frente al resto (…) sino que un sentir de responsabilidad frente a nuestro propio pueblo”.

La libertad de los padres no debiera verse limitada por un sistema educativo de calidad, por el contrario, tendrían donde escoger libre y justamente. Volver a pensar en un sistema de selección deja totalmente de lado a los estudiantes como centro, principio y fin de la educación, y pone por sobre ellos los intereses del sostenedor ya que en sus lógicas “un buen producto siempre parte por una buena materia prima”.

El reto entonces está en generar calidad para las y los estudiantes y no en diversificar el mercado de la educación para los empresarios, ni pedir perdón por la ley de inclusión.

Este reto debe ser liderado por educadoras y educadores, profesoras y profesores, desde el conocimiento sobre los fundamentos, principios y funciones de la educación y no desde la falta de prudencia educativa a la cual estamos acostumbrados.

Si este gobierno logra dar en el blanco en esta materia, solo así podría creer que se vienen tiempos mejores para todos y no solo para algunos.

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