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El ABC de la Política Educativa para el Chile de hoy: Desde la discusión banal a lo central

por 9 mayo, 2018

El ABC de la Política Educativa para el Chile de hoy: Desde la discusión banal a lo central
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La educación en Chile es un tema permanente, se está hablando de educación pero a un nivel insuficiente. Al parecer no se lograr virar la discusión hacia los puntos centrales. De hecho, podríamos afirmar que el debate educativo se ha mantenido en un nivel “inmobiliario”; al preguntarse si los sostenedores van a ser dueños o no de los establecimientos, o a un nivel “financiero”; para evaluar qué deciles pasan o no a la gratuidad, o a un nivel “jurídico”; con el debate sobre el Artículo 63 de la Ley de Educación Superior. Por otro lado la dirigencia estudiantil no ha logrado superar sus demanda sobre “no más lucro”, “fin al CAE” y “no más educación sexista”. En este contexto ¿cómo avanzamos hacia lo importante?

En primer lugar, debemos tener suma claridad qué es lo importante, y para no perdernos en el camino, lo importante se conjuga en tres palabras: Calidad, niñez e Inclusión. Esta afirmación puede parecer una repetitiva perogrullada, pero no es así. Las últimas reformas educativas dan cuenta que lo obvio no es tan obvio, y el sentido común no es tan común. Un hecho irrefutable es que la calidad de nuestra educación es deplorable, tenemos niños que llegan a 8° básico sin saber leer y adultos que son analfabetos funcionales. Es decir, son incapaces de comprender lo que leen, escriben y calculan ¿Cuánta creación de pobreza significa esto? ¿Qué oportunidades de movilidad social puede tener una persona así?

En segundo lugar, mirar los datos duros, estos nos describen un desolador panorama en la realidad educativa chilena, solo por mencionar algunos: los resultados de la última prueba PISA indican que estudiantes de 2° medio siguen muy por debajo del promedio OCDE. Tenemos 447 puntos en ciencias, contra 493 para la OCDE. Los países modelos tienen lo siguientes resultados: Canadá 528, Nueva Zelandia 513 y Australia 510 puntos. La realidad es que Chile educa mal a su gente, que el nivel deficiente es generalizado, no formamos personas cultas e ilustradas, es cierto que unos están menos mal que otros, pero cuándo nos comparamos con los países que aspiramos parecernos queda en evidencia lo mal que estamos. La realidad es que miles de niños terminan 4° Básico sin saber restar y leyendo con escasa fluidez, después de haber asistido a 1.120 clases de Matemáticas y un número igual de Lenguaje en cuatro años. La realidad es que, según el Foro Económico Mundial, 65% de los niños que están comenzando su proceso de educación se desempeñarán en trabajos que aún no existen, y ni si quiera no hemos planteado cómo nos preparamos para un mundo que está cambiando ad portas de la cuarta revolución industrial: la tecnológica, que modificará fundamentalmente la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos.

En tercer lugar, para trabajar por una educación de calidad se necesita establecer el  ABC de la Política Educativa para el Chile de hoy, que inicie desde lo central a lo periférico. Hoy estamos en discusiones periféricas, a pesar de que el diagnóstico está claro. De hecho, aparecen “profetas en el desierto” ya sean investigadores, fundaciones y uno que otro político, que tratan de intencionar un viraje en la discusión y poner el foco en lo importante: Calidad, niñez e inclusión.  A modo de ejemplo: Arturo Fontaine y Sergio Urzúa en su libro “Educación con Patines” plantean que necesitamos un nuevo enfoque que matice y armonice medios y fines en el marco de una sociedad pluralista, en pleno proceso de modernización y movida por aspiraciones exigentes. Que permita buscar un nuevo equilibrio para que abra oportunidades a través de una combinación de mérito y solidaridad, con el fin de subir la educación -sobre todo la de los más necesitados- a los famosos patines.

Finalmente, una política educativa que busque derrotar las miserias y pobrezas de nuestra sociedad para avanzar a un Chile más justo, equitativo, inclusivo y desarrollado, donde no se necesite ser rico para tener una buena educación (por cierto aún esa está bajo el estándar OCDE), donde exista diversidad de proyectos educativos que dé lugar a diferentes expresiones; deportivas, artísticas, academicistas, científicas, técnico profesionales, etc. Y donde todo gire entorno a las interacciones acontecidas en el núcleo pedagógico, donde se pueda hablar de didáctica, de curriculum, de innovaciones educativas al interior del aula, con docentes felices, de altos estándares y líderes educativos motivados. Estamos frente al pleno consenso de que la educación es la clave de nuestro futuro como país. Por lo tanto, desde todos los sectores y con todos los actores está la oportunidad para establecer una ruta para la Política Educativa chilena, que de un paso sustancia de la discusión banal a lo central: Calidad, Niñez e Inclusión.

Por otro lado, Educación 2020 está liderando “El Plan Inicial”; una la propuesta desde la sociedad civil para mejorar la educación de los niños. Finalmente, el Subsecretario de Educación Raúl Figueroa ha planteado poner el foco en la sala de clases, el liderazgo de los directivos, desburocratizar el sistema y permitir diversidad de proyectos educativos. Esto es favorable para los desafíos que enfrenta la educación chilena. No obstante, aún faltan más actores en la contribución a este debate. Se hace necesario salir de la lógica de “tirarle” recursos al problema, pues no está demás decir que en el año 1990 se entregaba un presupuesto a Educación de mil millones de dólares y ahora estamos cerca de 17 mil millones de dólares. Por otro lado, cómo contribuirán a este debate los docentes, actores sin duda clave, pero en donde no superamos la discusión remuneracional. Es cierto que los docentes de aula y directivos deben ser mejor remunerados, pero también es cierto que necesitamos a los mejores. Hoy por hoy un hecho indiscutible es que la educación pública municipal no tiene las herramientas suficientes para prescindir de docentes de mala calidad o que no se ajusten al proyecto educativo institucional. En el discurso el estudiante está al centro, en la práctica, a veces. Finalmente, cómo se va a sumar la dirigencia estudiantil a un debate serio en cuanto a la calidad, niñez e inclusión. Por favor, no se olviden que la brecha PSU por sectores socioeconómicos no se produce en 4° medio sino antes de lo que los niños cumplan 6 años de edad.

Demos un paso serio, iniciemos por lo importante. Elaboremos un ABC de la Política Educativa para el Chile de hoy ¿Acaso no es justo, moral e imperativo comenzar por lo niños? Es en esa etapa donde se generan brechas sociales, en ocasiones, irreparables. ¿Alguién podría decir que la calidad de la educación no es importante? Necesitamos que la educación que el Estado chileno se compromete, por derecho, a impartir cumpla ciertos estándares mínimo, que permita que niños y jóvenes lleven una vida con dignidad junto a la adquisición de herramientas para ser felices y cumplir sus sueños. Es escandaloso que una persona de 18 años de edad, en un proceso de escolarización normal, pase la mayor cantidad del tiempo en lenguaje, sin embargo, tenga problemas de comprensión lectora, conozca vagamente la literatura clásica, tenga dificultades para expresarse de forma escrita. Lo mismo con matemáticas, donde calcular se vuelve todo un desafío y la resolución de problemas cotidiano a través de aritmética básica es un sufrimiento. Ni hablar de inglés, ciencias, artes,etc.

Finalmente, una política educativa que busque derrotar las miserias y pobrezas de nuestra sociedad para avanzar a un Chile más justo, equitativo, inclusivo y desarrollado, donde no se necesite ser rico para tener una buena educación (por cierto aún esa está bajo el estándar OCDE), donde exista diversidad de proyectos educativos que dé lugar a diferentes expresiones; deportivas, artísticas, academicistas, científicas, técnico profesionales, etc. Y donde todo gire entorno a las interacciones acontecidas en el núcleo pedagógico, donde se pueda hablar de didáctica, de curriculum, de innovaciones educativas al interior del aula, con docentes felices, de altos estándares y líderes educativos motivados. Estamos frente al pleno consenso de que la educación es la clave de nuestro futuro como país. Por lo tanto, desde todos los sectores y con todos los actores está la oportunidad para establecer una ruta para la Política Educativa chilena, que de un paso sustancia de la discusión banal a lo central: Calidad, Niñez e Inclusión.

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