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La igualdad elitista

por Yliam Mencía Rivera 1 junio, 2018

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Señor Director:

En toda sociedad humana se dan relaciones de poder. Unos están arriba ostentándolo, o al menos manejando gran parte de este. Otros se encuentran abajo siendo movidos por los flujos del poder. Negar esta configuración social podría parecer plausible, pero elude una realidad explicita al menos. Entonces ¿cómo debemos acceder a nuestro entramado social? a partir de los conceptos o a partir de la realidad. Ambas podrían ser llamadas desde la perspectiva hegeliana como dialéctica espiritualista o materialista. Ambas tienen consecuencias practicas más allá de lo puramente teórico, espero en este escrito demostrarlo.

Si estructuramos la sociedad a partir de los conceptos, es posible correr la vista de estas relaciones de poder. Si concebimos un estado como igualitario, donde sus integrantes están en una relación horizontal, podemos apartar la vista de las desigualdades materiales, las cuales incluso parecería legitimo no buscar. El problema surge cuando tratamos de asegurar una igualdad en lo real a partir de lo conceptual. Entonces definir “la igualdad” a partir de lo puramente conceptual requiere de una especificación del sujeto de esa oración, no es solamente llamar la igualdad en todas sus dimensiones materiales, ya que de esa forma perdería la universalidad que requieren los conceptos. Una definición proposicional de la igualdad requiere reducir su concepto a sus manifestaciones materiales.

Recordar a Platón, sobre todo en sus escritos más tardíos, es importante porque podemos usar “la idea” para comprender o explicar la realidad, pero no debemos olvidar que esta es una idea (es estable) y nuestra realidad es móvil (cambiante). La elite se esconde en los conceptos, ya que es un ideal no alcanzable, genera esperanza y no repugna al sentido común. Ellos claman por la igualdad a un nivel conceptual (metafísico, religioso y filosófico), pero reniegan de las manifestaciones materiales de la igualdad. Esconden las desigualdades y sus manifestaciones en sus conceptos puramente ideales, y tal vez perfectos, pero alejados de lo real. Para esto claman la igualdad solo en lo judicial y la niegan en lo operacional, en lo monetario, en lo sexual, etc. Parece entonces que la única manifestación legitima de “la igualdad” sea lo judicial y toda otra manifestación seria conformismo, rebelión, desorden o resentimiento. Entonces al negar las manifestaciones materiales de la igualdad y solo asegurar una sola (la judicial) aplican criterios conceptuales a lo material, universalizando la realidad judicial como única manifestación de la igualdad. La igualdad de derechos no agota toda realidad del concepto “igualdad”.

Por eso la elite, sobre todo la chilena, se resguarda en lo religioso, metafísico y moral. Al reducir la discusión a lo conceptual pueden renegar lo material de forma que ya no tienen culpa de las otras manifestaciones contrarias al concepto. Ellos son paladines de la igualdad (pero conceptual), de la familia (con una estructura fija de padre, madre y su hijos), de la nación (como un todo pero sin todos), del mercado (pero no de todos sus agentes). Por esta razón caen en la inercia material a través de la estabilidad que dan los conceptos. He aquí señores sus domadores y su látigo “el concepto”. Esto lo hacen porque la realidad en si misma repugna a su razón, no quieren reconocer a un nivel consciente que esta realidad debe ser reestructurada más allá de lo conceptual, por eso deben reinterpretarla como a ellos les acomoda, engañando y teorizando.

Yliam Mencía Rivera
Estudiante de filosofía en la Universidad de los Andes

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