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Tres prioridades para nuestra diplomacia

por 14 junio, 2018

Tres prioridades para nuestra diplomacia
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Todos compartimos la afirmación de que la política exterior es una política de Estado. Que atiende a los intereses permanentes de Chile y por lo tanto, que no es de gobierno sino suprapartidaria.

Las anteriores son afirmaciones de principios, requieren una aterrización en el tiempo y en las condiciones concretas, y como la realidad es dinámica, se impone un esfuerzo cotidiano. Siguiendo esta consideración, cabe preguntarse, ¿cuáles son las prioridades hoy de nuestra política exterior? Hoy, a mediados de 2018, ¿como se aplica el principio de la defensa permanente de nuestros intereses?

En esta óptica, saltan a la vista tres desafíos que debieran estar en la primera fila de nuestra proyección diplomática.

Lo primero, el peligro del proteccionismo, el cierre de espacios al libre comercio. El fracaso de la reciente reunión del G 7 en Canadá pone un ladrillo mas en la construcción de barreras arancelarias al comercio mundial. Obviamente, esta es una amenaza al funcionamiento de la economía global, que supera con creces nuestros recursos. Pero afecta a uno de los pilares de nuestra economía, dado que hemos optado por un modelo exportador, abierto al mundo. Es claro, esta es una pelea “de perros grandes”, ninguna potencia se puede sentir amenazada por nuestras exportaciones, esa es la ventaja de ser chicos. Lo malo es que cuando los grandes se enfrentan entre si, corremos el riesgo de quedar entre las patas de los caballos.

La diplomacia es por esencia negociadora, lo que no quita que a veces tengamos que ser asertivos, pero ese rol le corresponde a las autoridades políticas, a la Moneda. O si es necesario, al ministro de Defensa. Si es que hay que mostrar la unidad como Estado, para eso se pueden emitir señales en que participen los titulares de todos sus poderes.

Como señalara en otra oportunidad, cuando en Bruselas, Beijing o WDC, se impongan restricciones a las exportaciones de otras regiones, no veo a ningún parlamentario de dichas capitales levantar la mano para advertir: “cuidado que podemos perjudicar a los chilenos”. ¿Qué podemos hacer? Solos muy poco, pero es un momento propicio para buscar alianzas con otras naciones, para empezar con las latinoamericanas, que quedan igual de expuestas que nosotros, como Argentina, Brasil, México, por nombrar algunas. Nuestras autoridades deben dirigir ese esfuerzo, tanto la Cancillería como los ministerios económicos. A su vez, los mecanismos complementarios, como la llamada “diplomacia parlamentaria”, o los diversos consejos empresariales y la centrales sindicales pueden colaborar, porque una contracción del comercio mundial traería funestas consecuencias para el Interés Nacional.

En segundo término, esta el permanente desafío vecinal. Tiene mas de una manifestación en la actual coyuntura. En primer término, por razones diversas, tanto Perú como Argentina atraviesan por momentos complejos. La hermana Republica Argentina acaba de superar transitoriamente un difícil momento económico, esta convaleciente y el tiempo dirá si el remedio resulta. En todo caso, corresponde a la soberanía transandina definir como resuelve sus desafíos, lo que queremos decir es que debemos apoyar, como lo hicimos en los días del corralito, en un no lejano 2001. Para Argentina no es bueno que su economía entre en turbulencias, y para Chile tampoco es bueno, no solo por razones de solidaridad y el espíritu de Chacabuco y Maipú, sino por las concretas razones de la real interdependencia que hoy hemos construido, desde un nutrido intercambio que se expresa entre otros muchos ejemplos, en un virtual puente aéreo entre Santiago y Buenos Aires, hasta turismo masivo, una reciproca migración balanceada, y una solida red de confianza mutua que se expresa en los momentos de crisis climáticas. Por todo ello y mucho mas, nuestra diplomacia debiera estar a la cabeza de todas las iniciativas destinadas a segurizar el futuro económico transandino.

El Perú desgraciadamente no ha superado la aguda crisis de legitimidad que desemboco en la renuncia del presidente Kuzcinsky, los desencuentros entre el Ejecutivo y el Congreso entre otros factores, frenaron la inversión y atrajeron incertidumbre, lo que no se ha superado. Es probable que la pausa mundialera ponga un paréntesis, pero está por verse si el segundo semestre será de construcción de confianzas o como ya hay asomos, de protestas sociales por alza de impuestos, o caída de la inversión publica y privada con su corolario de freno económico, desempleo y migración forzosa.

En tercer termino, y no menos importante, están los temas de fronteras y limites. No todo es Bolivia, recordemos que la nefasta política de las cuerdas paralelas no solo implicó la perdida de territorio marítimo sino que además, la diplomacia peruana no ha cumplido con lo que el fallo mandató, de adecuar su legislación a las leyes internacionales. Una apresurada maniobra de las autoridades de entonces hizo que Chile cumpliera atropelladamente su parte sin preocuparse de que Torre Tagle fuese reciproco. Con paciencia en años posteriores hemos reiterado ese incumplimiento y ya van mas de 5 años.

El otro tema es mas conocido. El conflicto no es como algunos creen, de Chile con el presidente Morales, no. Aquí tenemos un conflicto entre dos Estados. Mañana puede gobernar otra formula política, pero la demanda marítima seguirá, inclusive aunque Chile ganase el alegato jurídico, Bolivia proseguirá intentando internacionalizar y judicializar al máximo su aspiración. Se impone poner a la orden del día una maniobra diplomática para enfrentar la coyuntura del fallo de la demanda, que ocurrirá a fines de este año o comienzos del próximo. Es claro que el actual gobierno boliviano quiere manejar los tiempos y de este modo, todo el 2019 este dominado por el juicio de la “obligación de negociar” y la demanda del Silala, por ello en este caso postergó su contra memoria dos meses. ¿Porque quiere esto? Sencillo, porque así el tema Chile estará presente en la campaña presidencial boliviana. Pareciera que para mayor seguridad, el oficialismo pretende procesar al actual Agente, el ex presidente Carlos Meza dada su indudable popularidad.

Pero estas maniobras son para enfrentar los desafíos mas inmediatos, lo mas profundo es que Chile debe recuperar su capacidad de que la defensa de su soberanía este en sus propias manos. Ello impone una medida a estas alturas ineludible: debemos salirnos del Pacto de Bogotá. Lo han planteado desde las mas diversas posiciones, en una transversal demanda nacional destacados diplomáticos y estrategos del país. No puede ser un tema tratado con ligereza, requiere conformar consensos y debatirse a nivel estatal, y no dejarlo a ultima hora.

Contribuir a que no se imponga el proteccionismo a escala global, preocuparnos de la estabilidad de los vecinos, y defender con eficacia nuestra soberanía son tareas a las que ningún chileno se negará. Pero se requiere conducción.

La diplomacia es por esencia negociadora, lo que no quita que a veces tengamos que ser asertivos, pero ese rol le corresponde a las autoridades políticas, a la Moneda. O si es necesario, al ministro de Defensa. Si es que hay que mostrar la unidad como Estado, para eso se pueden emitir señales en que participen los titulares de todos sus poderes.

La diplomacia se parece en algo a la inteligencia, habla por sus resultados. Muchas veces se conocen mas bien sus fracasos porque de sus logros la mayor de las veces esta la satisfacción del deber cumplido y décadas mas tarde, la honra de la Historia.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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