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La ropa del Ministro Walker

por 15 julio, 2018

La ropa del Ministro Walker
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En 1996 en la revista estadounidense Life Magazine se publicó un reportaje donde denunciaba que niños eran empleados para elaborar zapatos de fútbol para la marca Nike en Pakistán. Esto generó que los movimientos sociales de los llamados “consumidores conscientes” radicalizaran sus posiciones y llamaran a boicotear dicha marca en los países del centro (o desarrollados). Nike tuvo que enfrentar el escándalo y dar muestras de que su cadena de valor alrededor del mundo respetaba las condiciones de trabajo decente promulgada por la OIT.

Pues bien, el ejemplo de Nike es uno entre tantos que han demostrado que los problemas locales se han globalizado. Dichos problemas tienen una matriz común: son consecuencias de la globalización económica llena de halagos por parte del consenso económico de nuestro país. Esto es, apertura a mercados internacionales, facilidades a la inversión extranjera directa y, sobre todo, la flexibilización de regulaciones que entrampen el flujo libre de capitales y mercancías entre países. Fue ese el compromiso que Chile hizo con la Organización Mundial de Comercio al hacerse parte de dicha organización en 1995.

El señor ministro no ha comprendido ni la ropa que se está lavando ni en qué casa lo estamos haciendo. Es ya un cliché decir que la globalización llega para todos, con sus males y oportunidades. Pero parece ser que no es de sentido común comprender que, así como existen tratados de libre comercio, existe el uso de herramientas de denuncia basadas en dicha globalización para los movimientos sociales.

Si hoy hablamos de un mercado global y de la imperiosa necesidad de insertar nuestra aún periférica economía en él, debemos conocer las oportunidades o intersticios que la globalización económica ofrece a los movimientos sociales contemporáneos. Dichos movimientos se diferencian por defender intereses locales y que tienden a aumentar su alcance territorial a medida que se van consolidando. Aunque puedan ser muy “puntuales” para las instancias gubernamentales pertinentes, no pueden ser recriminados por poner a la comunidad internacional y sobre todo a consumidores de los países del centro, como parte de escrutinio social. Detrás de los conflictos locales, existe un fenómeno de gobernanza que es dinámico y va alcanzando diferentes escalas geográficas. Me referiré a este fenómeno en las siguientes líneas.

Desde los años ’70 han aparecido movimientos de consumidores en los países del centro que se han centrado en las condiciones en que las mercancías que consumen son extraídas, producidas y comercializadas. Casos emblemáticos son el caso del consumo de madera, ropa, café, productos marinos, aparatos electrónicos, etc. Las presiones de consumidores y sus contactos directos con organizaciones locales donde el conflicto se desenvuelve han ejercido una gran presión sobre grandes cadenas de supermercados y marcas transnacionales. Dicho en forma general, estos movimientos han puesto en cuestión su cadena de valor basada en una división internacional del trabajo. Esto ha decantado en instituciones como es la regulación internacional de carácter privado. Ejemplos notables son Forest Stewardship Council en el área forestal o Fairtrade en el caso de múltiples productos como el café o algodón.

La búsqueda de mano de obra mas barata y condiciones facilitadoras para el retorno de la inversión ha producido precarias condiciones de trabajo y ha externalizado las consecuencias medioambientales negativas. Los conflictos en torno a estas consecuencias se han movido junto con el capital a dichos “paraísos de inversión”, y los países receptores a la vez se muestran agradecidos por que inviertan en su territorio. Sin embargo, la resistencia local ha tendido a generarse y a fortalecerse en relación con el soporte de movimientos de consumidores en los países destinatarios de mercancías.

Sin referirme a lo particular que es Chile respecto a la mercantilización del agua, a los efectos del cambio climático y de la interacción entre ambos fenómenos, es de perogrullo que hace varias décadas los conflictos provocados por el agua en Chile han ido creciendo. Frente a esto, no han existido cambios estructurales que den soluciones de largo plazo que sin duda encontraran la férrea oposición de organizaciones de productores agrícolas con un sólido capital social, simbólico y económico. Las comunidades locales han enfrentado la escasez de agua organizándose y cada vez más conscientes de la necesidad de articularse con otros actores individuales y colectivos. Una de esas organizaciones locales es el Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (MODATIMA). Esta es una organización de la provincia de Petorca que surge como grupo de interés para defender sus derechos de agua y denunciar que la falta de agua para la comunidad esta asociada a la producción agrícola industrial operando en el territorio. Desde hace 7 años han puesto sus esfuerzos en llamar la atención en su localidad y en nuestro país respecto a este conflicto. Han estado en los medios de comunicación nacionales y redes sociales virtuales, clarificando su posición y demandando instancias de acuerdos. Probablemente en su más reciente fase, MODATIMA decidió usar las herramientas que han permitido a otros movimientos similares hacer visible el conflicto. Acorde a los tiempos de globalización, iniciaron un proceso de denuncia ante la comunidad internacional. Un hito fue el reportaje en el diario británico “The Guardian”, que le costó la recriminación de las autoridades nacionales.

En la ultima semana, el ministro de Agricultura, don Antonio Walker reconoció que existe un conflicto en la provincia de Petorca y la necesidad de constituir una mesa de acuerdo entre diferentes actores. Pero también dijo que “la ropa sucia se lava en casa”. Me permito entender desde este dicho que -según el ministro- MODATIMA estaría atentando contra los intereses nacionales que toda herramienta de gobernanza medioambiental necesita cautelar. Sin embargo, creo que el señor ministro no ha comprendido ni la ropa que se está lavando ni en qué casa lo estamos haciendo. Es ya un cliché decir que la globalización llega para todos, con sus males y oportunidades. Pero parece ser que no es de sentido común comprender que, así como existen tratados de libre comercio, existe el uso de herramientas de denuncia basadas en dicha globalización para los movimientos sociales. Esto contempla apelar a los movimientos de consumidores en los países del centro y operar en red. De acuerdo con los nuevos tiempos, como he expuesto más arriba, la ropa a la que se refiere el ministro Walker se lava en una casa bastante más grande a la que muchos le llaman “aldea global”.

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