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Inmigrantes haitianos: una conspiración

por 14 enero, 2019

Inmigrantes haitianos: una conspiración
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La migración es un fenómeno antiguo cuyas características y masividad han variado y se han acentuado en los últimos años. Hay que distinguir entre emigrar e inmigrar, el primero es un derecho humano universal, nadie puede ser impedido de dejar su país si así lo desea; inmigrar no es un derecho humano, es decir, una persona no tiene derecho a exigir ser admitida en otro país a su elección. El potencial receptor podrá conceder o no ese privilegio de acuerdo a sus leyes y políticas.

Un problema muy complejo en que la moral y la necesidad pueden chocar, es la calificación legal de quienes son y quienes no son elegibles para inmigrar a un país determinado. Por ejemplo, parece razonable que un país no acepte delincuentes y personas que no quieran ajustarse a sus leyes; sin embargo cuando se incorporan asuntos como la raza (color) y la religión, surgen complejidades difíciles de resolver.

Si un país no tiene minorías étnicas o religiosas y no quiere introducir en su sociedad a un grupo que conflictuaría con el resto de la sociedad, ¿tendría la obligación de aceptarlos?; pero ¿podría rechazarlos sin ofender a la moral y la compasión?. ¿Es factible y aceptable recibir personas por un lapso y luego expulsarlas?. Otro aspecto complejo es el que la legislación no sea la aplicación oculta -“legal” pero no menos cierta- de prejuicios o racismo.

Al analizar nuestra reciente y actual experiencia nacional encontramos que estos aspectos pueden estar presente en nuestras expresiones y acciones, personales y sociales. En esta columna no las consideraré pero dejo en claro que ellas existen, son reales y debemos incorporarlas al análisis del problema.

Dicho lo anterior, parece evidente que los Estados deben tener un marco legal claro que regule la entrada y permanencia de extranjeros, turistas, trabajadores temporales, inmigrantes etc., explícito y que se cumpla sin excepciones, única forma de satisfacer las necesidades de justicia tanto hacia los extranjeros como hacia los nacionales.

En nuestro caso, esta necesidad inicial e ineludible de tener y hacer cumplir la legalidad vigente, -en particular en el caso de los inmigrantes haitianos- ha sido vulnerada por el Estado y por el Gobierno y lo peor, esto ha sido ocultado y escondido por quienes debían sacarlo a la luz: el Gobierno, la Justicia y la Prensa.

La considero una “conspiración”, porque se ajusta al significado de esa palabra: Conspirar significa «unirse en secreto acuerdo con el fin de efectuar un acto ilícito o impropio o para usar tal medio para llevar a cabo un fin ilícito» y considero que la autora es Bachelet porque ella tuvo conocimiento del delito, lo ocultó, incumplió su obligación legal de dar cuenta a la justicia y ordenar su investigación y que hay razones para considerar que lo hizo para su beneficio personal.

El día 16 de diciembre de 2018, en el capítulo 34 del programa Mesa Central del Canal 13 de televisión, Heraldo Muñoz, Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Bachelet, informó que:

  • Tanto él como Bachelet y su gobierno tuvieron conocimiento de un “negocio” con sede en Haití para el traslado ilegal de ciudadanos de ese país a Chile. Si ellos fueron informados, es evidente que la PDI es el origen natural y evidente también de la información y que tanto los funcionarios del Ministerio del Interior como de Relaciones Exteriores también tomaron conocimiento de los hechos.
  • Los administradores del negocio invitaban a ciudadanos haitianos a vender sus casas y propiedades, pagar 3.000 dólares a los organizadores del viaje y adquirir un pasaje hasta Chile en la Aerolínea Law
  • A cambio de los 3.000 dólares recibirían un contrato de trabajo en Chile, reservas en un hotel y dinero en efectivo para acreditar de condición de turistas y luego poder permanecer en Chile como inmigrantes.
  • Serían recibidos en el aeropuerto en Chile para facilitar los trámites de ingreso y su instalación inicial.
  • El gobierno (cancillería) informó varias veces de esta estafa a las autoridades haitianas las que “no hicieron nada”, y que este negocio siguió funcionando con grave detrimento de sus víctimas.
  • El gobierno de Chile nunca informó al Ministerio Público ni puso denuncia alguna ante nadie. El Gobierno de Bachelet nunca tomó medida alguna para detener o impedir la continuidad de la comisión evidente del delito.

Un ilícito penal es un acto que atenta contra el ordenamiento jurídico del Estado y los funcionarios públicos como sus servidores y representantes deben velar por el respeto a tal ordenamiento.

El Código Procesal Penal en su artículo 175 dispone quienes y cuando deben denunciar obligatoriamente los delitos que conozcan o se enteren:

“Los funcionarios públicos pueden ser testigos o tomar conocimiento de hechos que pudieran revestir el carácter de ilícito penal y la denuncia debe efectuarla en el término de 24 horas desde que tomó conocimiento del hecho”.

“La obligación acarrea sanciones al funcionario público cuando ha tomado conocimiento del ilícito en ejercicio de sus funciones. En el evento que el funcionario público no haga la denuncia respectiva puede ser objeto de dos tipos de sanciones: a) de orden penal, que se traduce en una falta que es sancionada con una multa y; b) de orden administrativo, que se traduce en la aplicación de alguna de las medidas disciplinarias que la ley indica”.

Estarán obligados a denunciar:

“a) Los miembros de Carabineros de Chile, de la Policía de Investigaciones de Chile y de Gendarmería, todos los delitos que presenciaren o llegaren a su noticia. Los miembros de las Fuerzas Armadas estarán también obligados a denunciar todos los delitos de que tomaren conocimiento en el ejercicio de sus funciones;

  1. b) Los fiscales y los demás empleados públicos, los delitos de que tomaren conocimiento en el ejercicio de sus funciones y, especialmente, en su caso, los que notaren en la conducta ministerial de sus subalternos;
  2. c) Los jefes de puertos, aeropuertos, estaciones de trenes o buses o de otros medios de locomoción o de carga, los capitanes de naves o de aeronaves comerciales que naveguen en el mar territorial o en el espacio territorial, respectivamente, y los conductores de los trenes, buses u otros medios de transporte o carga, los delitos que se cometieren durante el viaje, en el recinto de una estación, puerto o aeropuerto o a bordo del buque o aeronave;
  3. d) Los jefes de establecimientos hospitalarios o de clínicas particulares y, en general, los profesionales en medicina, odontología, química, farmacia y de otras ramas relacionadas con la conservación o el restablecimiento de la salud, y los que ejercieren prestaciones auxiliares de ellas, que notaren en una persona o en un cadáver señales de envenenamiento o de otro delito, y
  4. e) Los directores, inspectores y profesores de establecimientos educacionales de todo nivel, los delitos que afectaren a los alumnos o que hubieren tenido lugar en el establecimiento.

La denuncia realizada por alguno de los obligados en este artículo eximirá al resto.”

El problema es que nadie, absolutamente nadie denunció un posible delito que todos los chilenos estábamos viendo a diario y en todo el país.

El incesante desfile de “turistas” haitianos que llegaban en vuelos de Law, en horas de la noche y la madrugada, con sus sobres amarillos con el dinero y los contratos y reservas hoteleras falsas era evidente e inocultable, sin embargo, la prensa nunca se dio por enterada ni investigó con seriedad una anomalía inocultable, peor aun, después de la declaración pública del ex Canciller Muñoz, tampoco hubo comentarios ni preguntas.

Estos silencios y complicidades configuran una conspiración organizada y dirigida por una voluntad decidida a mantener oculto el delito.

Coetáneamente, la ex presidente Bachelet postulaba al cargo de Alto Comisionado de las NNUU para los DDHH, y el problema de la migración y su transformación en derecho humano universal y exigible estaba en debate global. No es aventurado considerar que permitir la entrada de un grupo de inmigrantes de alta visibilidad e impacto noticioso contribuyó a fortalecer sus méritos para el cargo.

Nos encontramos ante la necesidad de exigir el cumplimento de la ley y de sancionar a quienes la infligieron abiertamente. No es posible, por el prestigio de nuestro país y de la institución Presidencial, continuar simulando que nada ha pasado y que Chile (su Gobierno) no se hace cargo de la vulneración deliberada y reiterada de las leyes de inmigración chilena y de graves daños y perjuicios a las víctimas de la estafa, por parte de sus mas altas autoridades.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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