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Quillota: gestión local y felicidad

por 5 febrero, 2019

Quillota: gestión local y felicidad
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El viernes 11 de Enero el Alcalde de Quillota Luis Mella, inauguró la escuela de verano de formación ciudadana del Centro de Estudios Regionales de la Universidad Austral de Chile en Valdivia, iniciativa que persigue fortalecer el conocimiento de la ciudadanía sobre temas de interés territorial. El tema central de su conferencia fue “la Felicidad como motor de participación y transformación en la gestión local”, idea que ha venido impulsando sistemáticamente desde hace más de 15 años por medio de un modelo de gestión municipal basado en la rentabilidad humana, solidaridad y felicidad.

¿Por qué es tan importante destacar esta gestión? A lo menos por dos motivos. El primero es que le pone “carne y hueso” a ideas que para los tradicionales gerentes públicos, burócratas y políticos resultan ambiguas, inaplicables, motivo de burlas y menosprecio a la hora de pretender llevarlas a la práctica. El municipio de Quillota ha impulsado a lo menos 6 programas concretos inspirados en estas ideas. Por ejemplo, programas municipales como el Banamor o el Apoyo a la Integración Laboral de jóvenes primera generación universitaria, dan cuenta de que con convicción, imaginación y voluntad se puede encontrar referente empírico a ideas como la felicidad.

El segundo motivo es que en dicho municipio se ha podido construir un “modelo de gestión” basado en la felicidad y la rentabilidad humana. Esto es de suma importancia para distinguir entre un modelo de gestión y una iniciativa aislada que contenga ideas innovadoras. No cabe duda que en el resto de municipios de Chile existen iniciativas igualmente relevantes a las que se han desarrollado en Quillota. Sin embargo, la diferencia está en que en este caso se observa una forma y un estilo que ha logrado permear a la burocracia municipal, a la comunidad y al sector privado.

¿Cuáles han sido los factores clave para sostener este modelo de gestión? El liderazgo político del alcalde, inspirado en profundas ideas humanistas y cristianas. El activo rol de profesionales innovadores, dispuestos a transformar la tradicional cultura burocrática de la gestión pública. El rol colaborador del sector privado para apoyar muchos de los programas, ya sea con financiamiento o facilitando que muchas de estas iniciativas se concreten.

Aunque muchos de los programas impulsados por la Municipalidad de Quillota encuentran mayoritario apoyo, también gozan de resistencia interna en el propio municipio y oposición en la comunidad. Sin embargo, debido a la persistencia y a los buenos resultados de dichos programas, se observa que el principal logro ha sido el cambio cultural que se ha comenzado a gestar sobre cómo ofrecer una gestión pública que persigue el bien común de la comunidad.

Pero ¿Por qué este modelo no ha logrado permear en otras municipalidades y en los partidos políticos? Primero porque se aleja de la tradicional forma de hacer gestión basada en la eficiencia y eficacia de la política pública. El modelo tradicional es más fácil de medir e implementar, tiende a ser cortoplacista. Dado que si no cuadra la suma o la resta de los números, no hay financiamiento público a proyectos, y si no se logra el objetivo de una política pública, se puede calificar como ineficaz y de darse lo contrario, como exitoso. Esta forma de hacer política local ofrece resultados en el corto plazo que permiten mostrar resultados “objetivos” a la ciudadanía (buenos o malos pero los ofrece). Trabajar con indicadores subjetivos es mucho más difícil, es de más largo aliento, requiere cambio cultural, implementar y medir la felicidad es mucho más difícil aún.

Segundo, la gestión tradicional se asocia y se acomoda mucho más a los tiempos electorales, por lo tanto, para muchos alcaldes pensar en buscar la felicidad como fundamento para una gestión municipal es un escenario algo complejo y lleno de incertidumbre. De ahí que tampoco los partidos políticos persigan incentivar a sus “cuadros” y candidatos a alcaldes entrar a plantear a la ciudadanía temas tan ambiciosos y ambiguos como la felicidad.

Como consecuencia, es mucho más probable encontrar municipios “Quijotes de la gestión municipal”, como el de Quillota, a esperar una proliferación de modelos de gestión pública centrados en la felicidad y la rentabilidad humana.

Finalmente, la virtud de Quillota es que cuenta con un modelo de gestión que se operacionaliza a través de programas. La virtud del Alcalde es que atrevió a traducir ideas en acciones concretas que lo han llevado a tener reconocimiento internacional y reconocimiento comunal, ya que lograr un 72% de apoyo en su séptima reelección lo avalan para sostener una gestión municipal basada en esta idea. Sólo falta que la élite política nacional y el municipalismo chileno puedan observarla con mayor detención y obtener lecciones de la implementación de este positivo modelo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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