domingo, 18 de agosto de 2019 Actualizado a las 14:18

OPINIÓN

Autor Imagen

¿Una centroderecha atrapada?

por 15 agosto, 2019

¿Una centroderecha atrapada?
Si pensamos este problema en términos de oferta y demanda, lo anterior se produce por una falla en la oferta. Los ciudadanos moderados o el votante mediano, quienes apoyaron el proyecto de Sebastián Piñera y su coalición, no han desaparecido por arte de magia del mapa electoral, siguen ahí.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Hoy por hoy, la centroderecha que ganó las elecciones de 2017 con un discurso de centro y moderado se encuentra bajo un efecto tenaza. Nuestra tesis es simple pero directa. Por un lado, quien lidera los sondeos de opinión en el sector, el alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, ha logrado una gran conexión con la opinión pública gracias a una cuidada estrategia que privilegia temas ciudadanos e íntimos desde la plataforma municipal (algo que Pierre Rosanvallon denomina como la “legitimidad de la proximidad”). Su estrategia conlleva eludir tomar posición en temas de mayor calado ideológico. Medio en broma medio en serio, quizás lo de mayor contenido político, hasta ahora, sea la creación del “museo de cera”, que incluye réplicas de figuras políticas. Algunos son críticos con ese estilo. En palabras de José Antonio Kast (JAK), Lavín obtiene su popularidad porque se limita a “decir cosas bonitas en los matinales” (sic). Por otro lado, tenemos precisamente a la denominada derecha sin filtro de JAK, cuya estrategia es tomar posiciones dogmáticas (y extremas) en casi todos los temas polémicos y controversiales. JAK busca sacar réditos de una supuesta polarización en el electorado (o más bien atizarla). Algo que podríamos llamar como la “legitimidad de la confrontación”. Esa estrategia la han ensayado exitosamente Trump, Bolsonaro y otros liderazgos populistas en diversas latitudes. Aunque JAK diga que no quiere ser como ellos, su estrategia apunta para allá.

Hoy, la gran paradoja es que la centroderecha moderada, tolerante y centrista que ganó la elección presidencial de 2017 con una plataforma que consiguió captar la confianza del votante mediano al igual que en 2009 se encuentra atrapada por esas dos versiones del sector. ¿Por qué creemos que es una paradoja? Precisamente porque esa centroderecha cuenta con una sólida legitimidad electoral, superior a la “legitimidad de la proximidad” y de la “confrontación”.

¿Por qué se ha ido apagando el discurso de esa centroderecha que ganó contundentemente en 2017?

El problema es que la centroderecha da la impresión de estar acomplejada de gobernar con esas ideas moderadas, tolerantes y de sentido común con las que conquistó el corazón de esos ciudadanos que buscan seguridades. En muchas áreas del gobierno cuesta encontrar el sello de centroderecha en los proyectos de ley, reformas y medidas que se implementan.

Si pensamos este problema en términos de oferta y demanda, lo anterior se produce por una falla en la oferta. Los ciudadanos moderados o el votante mediano, quienes apoyaron el proyecto de Sebastián Piñera y su coalición, no han desaparecido por arte de magia del mapa electoral, siguen ahí.

Analicemos por un momento la educación, campo de batalla ideológico por excelencia. Tanto el proyecto Aula Segura como Admisión Justa han sido temas en los cuales hay una perfecta sintonía entre valores de la centroderecha, la forma de comunicar y el sentir mayoritario de la opinión pública. Otro buen ejemplo mal comunicado, pero bien concebido fue el de Clase Media Protegida que, al contrario del asistencialismo que genera dependencia, entrega herramientas para permitir el progreso de las personas y familias. Entonces, podemos inferir con seguridad que existe una demanda ciudadana por un proyecto que encarne los valores y preferencias de esa centroderecha.

El problema es que la centroderecha da la impresión de estar acomplejada de gobernar con esas ideas moderadas, tolerantes y de sentido común con las que conquistó el corazón de esos ciudadanos que buscan seguridades. En muchas áreas del gobierno cuesta encontrar el sello de centroderecha en los proyectos de ley, reformas y medidas que se implementan. Muchas de ellas parecen estar desconectadas de los ejes que permitieron ganar en 2017. En simple, no basta con anunciar el logro de medidas del programa de gobierno, se necesita abrazar y enarbolar las causas ciudadanas que nos llevaron al triunfo.

La clave es no desviarse del mandato de 2017, ya que desplazarse hacia las ideas y el estilo de JAK no es la solución. Esto sería traicionar el precepto centrista y todo lo que ha construido la centroderecha desde la democracia de los acuerdos en adelante. Descansar en la “legitimidad de la proximidad” de Lavín, por otro lado, tiene serias limitaciones. Si bien existen otros factores estructurales, el caso de Mauricio Macri es un buen ejemplo de los límites de la estrategia de la proximidad. Dada su experiencia como alcalde de Buenos Aires, el actual presidente asumió la tesis de que “gobernar es estar cerca”. No obstante, lo que le funcionó a Macri como alcalde no tuvo el mismo resultado a nivel nacional. El gobierno de Cambiemos dejó de hacer pedagogía y hablarles ideológicamente a los argentinos en base a su plataforma centrista, como reconocía una editorial del diario trasandino La Nación hace algunas semanas. Con ello, se desdibujó el sentido del cambio de 2015, lo que tiene al kirchnerismo a un paso de volver al poder tras la derrota de Macri en las primarias PASO. Guardando las proporciones, corremos el mismo riesgo si la centroderecha no le da un relato potente a la obra del gobierno.

De igual forma, se debe reaccionar con rapidez y oportunidad ante demandas ciudadanas sensibles. La crisis de Osorno es un buen ejemplo: lo último que puede pasar es que la ciudadanía perciba a la centroderecha siendo blanda con los empresarios. No basta con ponerse “parkas rojas” buscando solo una proximidad entre gobierno y ciudadanos. Volcarse de lleno a la tesis de gobernar es estar cerca, eleva el riesgo de vaciamiento ideológico del sector y ya sabemos cómo terminó eso en Argentina. Tampoco cabe apostar a una polarización de la sociedad, como busca JAK. Argentina también es un buen ejemplo en este punto: Macri apostó a la polarización en la campaña de las PASO, a la “grieta” en la sociedad argentina, y le fue como le fue.

La política no se repite, pero a veces rima.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV