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A propósito del posible cierre de las escuelas

por Armando Rojas Jara 11 octubre, 2019

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Señor Director:

De acuerdo a cifras de la Agencia de Calidad de la Educación, 218 escuelas se encuentran categorizadas como insuficiente por tres años consecutivos. Esto representa un 34% de las 633 escuelas que se ubicaron en esta categoría en la primera ordenación en régimen de la Agencia, en 2016. Esto significa que en el proceso que se dará a conocer a fines de este año, existe la opción que algunas de estas escuelas vuelvan a ser insuficiente por cuarta vez. Lo anterior es un tema que reviste significativas implicancias, por cuanto de acuerdo al artículo 31 de la Ley 20.529 se señala que “si después de cuatro años el establecimiento educacional se mantiene en la categoría de Desempeño Insuficiente (…) el establecimiento educacional perderá, de pleno derecho, el reconocimiento oficial al término del respectivo año escolar”.

A solo unas semanas de que esto ocurra por primera vez en nuestro sistema educativo- luego de la promulgación de la Ley de Aseguramiento de la Calidad de la Educación que mandata aquello en 2012- debiéramos preguntarnos “¿están realmente mejorando las escuelas de nuestro país?”. Y más bien, “¿cuántas de esas escuelas están sosteniendo procesos de mejora?”.

Al respecto, la evidencia sobre mejoramiento escolar en Chile nos proporciona importante información. Por un lado, los resultados de un estudio publicado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación en 2014, muestran que el porcentaje de escuelas que en el periodo 2002-2010 presentó trayectorias de mejoramiento es de un 41%, cifra significativamente superior al 24% de escuelas que en el mismo periodo mostró trayectorias de deterioro, es decir, que bajaron sus resultados. En un sentido, se trata de buenas noticias ya que en la última década un mayor número de escuelas presentó mejoras en sus resultados. Pero por otro lado, del total de escuelas, solo un 9% mostró trayectorias sostenidas de mejoramiento, lo que constituye en enorme desafío tanto para las comunidades educativas como para quienes formulan las políticas de apoyo escolar. Frente a ello, un segundo estudio del CIAE (por publicarse próximamente) estudió las trayectorias de mejora de los liceos del país, a través de la misma metodología empleada en la primera investigación. En una primera aproximación, se puede afirmar que el porcentaje de liceos que en el periodo 2002-2010 presentó trayectorias de mejoramiento es solo de un 23%, cifra menor al 33% de liceos que en el mismo periodo mostró trayectorias de deterioro. Más aún, el porcentaje de liceos que presenta trayectorias de deterioro sostenido es de un 22%, cifra que casi duplica al porcentaje de liceos que muestra trayectorias sostenidas de mejora, que alcanza solo un 13%. Estos resultados nos conducen a la pregunta acerca de cuál es la mejor ruta para mejorar los aprendizajes de nuestros estudiantes: un enfoque externo o desde afuera, que entiende la mejora como un proceso impuesto a la escuela, o bien un enfoque interno o desde dentro, que se centra en desarrollar capacidades para que las escuelas se transformen a sí mismas. Al respecto, la evidencia más reciente señala que debiese existir un equilibrio entre estas dos posturas.

De lo anterior, se puede desprender que revocar el reconocimiento oficial de las escuelas no parece ser lo más adecuado. Dos caminos parecen ser, por el contrario, más apropiados. Una primera idea se relaciona con el desarrollo de capacidades y la construcción de comunidades profesionales de aprendizaje para el fortalecimiento de la profesión docente. Al respecto, existe evidencia que da cuenta de que el mejoramiento escolar es endógeno. En consecuencia, si queremos sostener la mejora en las escuelas de nuestro país, los esfuerzos deben estar centrados en la formación, el monitoreo y la instalación de capacidades tanto de los equipos directivos como de los equipos docentes de estos establecimientos. De esta manera, las propias comunidades podrían encontrar y definir sus propias trayectorias de mejoramiento. Una segunda idea, por su parte, se refiere a fortalecer los procesos de reflexión pedagógica al interior de los establecimientos. En este sentido, los profesores, el equipo técnico-pedagógico y el director deben trabajar de manera coordinada y colaborativa, asegurando con ello una ruta planificada y sistematizada para la mejora de los aprendizajes.

Direccionando los esfuerzos hacia estos dos caminos planteados, las escuelas de más bajos resultados de nuestro país podrían desarrollar capacidades que les permitieran aprender a sostener sus propias trayectorias de mejora.

Armando Rojas Jara
Profesor de política educativa de la Universidad del Desarrollo

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