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Agresividad en redes sociales: el descontento que no supimos leer

por 24 octubre, 2019

Agresividad en redes sociales: el descontento que no supimos leer
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No lo vimos venir, pero estaba ahí. La desconfianza. El descontento. El malestar por la desigualdad.

Según la Encuesta Bicentenario de 2018, menos de la mitad de los chilenos cree que un joven inteligente, pero sin recursos, pueda ingresar a la universidad. Asimismo, muy poca gente cree que una persona pobre tenga posibilidades de salir de la pobreza, o que alguien de clase media pueda alcanzar una muy buena situación económica.

La percepción sobre los políticos es también muy negativa. El 87% señala que no confía en los parlamentarios, y el 91% no le cree a los partidos políticos. En suma, hay una profunda desconfianza desde la ciudadanía hacia las figuras políticas que dicen representarla. Y esto no sólo lo reportan las encuestas; se escucha en las conversaciones de barrio, se discute con colegas del trabajo y, sobre todo, se percibe en las elecciones: menos de la mitad del padrón electoral acudió a votar en la elección presidencial de 2017, indicador no sólo del escepticismo de la gente, sino de la desazón que produce la idea de “no importa quien gane, igual hay que ir trabajar mañana”.

Desde 2017 vengo estudiando el troleo en los comentarios de noticias. Cuando descubrí que pasaba más tiempo leyendo los comentarios que las noticias mismas, decidí convertir este “hobby” en mi objeto de estudio. La literatura al respecto dice que la presencia de incivilidad (nombre académico del troleo) se mide con tres indicadores: a) insultos, b) groserías, y c) estereotipos que denigran a minorías de género, étnicas, o sexuales. Si un comentario presenta uno de estos indicadores, se considera incivil.

Fue así como analizamos los comentarios posteados a noticias sobre el terremoto en Iquique en 2014, los cuales indicaron niveles de incivilidad más altos que la media registrada en estudios de Estados Unidos y Europa. También descubrimos que la gente utiliza los espacios de discusión online como una oportunidad para comentar no sólo la noticia misma (en este caso, el terremoto) sino también múltiples aspectos de la vida social y política del país. Entre otros temas, los lectores se quejaban del centralismo geográfico (“como el terremoto no fue en Santiago, nadie nos pesca”), la inoperancia de las autoridades para actuar con rapidez y, especialmente, la profunda división entre quienes eran pro y anti Michelle Bachelet, presidenta en aquel entonces. También notamos que la presencia de figuras políticas acaloraba significativamente la discusión, en concordancia con las encuestas que señalan a los políticos (de cualquier partido) como fuente de desconfianza popular.  

Esto nos dio pie para un segundo estudio, donde analizamos la incivilidad en comentarios de noticias sobre la elección de 2017. Nos dimos cuenta que, efectivamente, las figuras políticas polarizan la conversación y son objeto de múltiples expresiones inciviles. Sebastián Piñera, Alejandro Guillier, Michelle Bachelet, Beatriz Sánchez y José Antonio Kast se llevaron la peor parte: cada vez que sus nombres eran mencionados, los comentarios inciviles se disparaban. Ni hablar de las menciones a Augusto Pinochet: cualquier alusión a su persona es básicamente una molotov digital.

Cuento esto porque, tal como señalé al inicio de esta columna, no lo vimos venir, pero estaba ahí. Más allá del troll y del bot, el comentarista de noticias es incivil porque está molesto, harto de autoridades corruptas y cansado de las alzas de precios. Nuestro tercer estudio de incivilidad (aún en curso) nos ha mostrado que no es necesariamente la temática de la noticia lo que predice la incivilidad, sino la presencia de dimensiones puntuales como la injusticia, la impunidad, y la inoperancia. Y en la mayoría de los casos, estas dimensiones se relacionan con las autoridades políticas de turno. Hay una razón por la cual los comentarios presentan violencia: los lectores se han apoderado de estos espacios para discutir (con diversos grados de argumentación) los temas que les preocupan, y cuando la vehemencia por defender las ideas se incrementa, crece también la presencia de incivilidad.

Los comentarios de noticias en particular, y las redes sociales en general, han abierto una ventana para que seamos testigos públicos de la discusión que antes se expresaba de manera privada. Y sí, también circulan las fake news y la desinformación, y los discursos de odio pueden escalar a niveles exacerbados si no se cuenta con un moderador que contenga la discusión. Pero eso no implica que no podamos considerar estas formas de comunicación como una alternativa a las encuestas de opinión pública. Aunque no todos los lectores de noticias comenten online, las conversaciones de estos espacios son un botón de muestra de lo que agobia a la gente, sus inquietudes y anhelos.

Tal vez pudimos notarlos antes. 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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