viernes, 7 de agosto de 2020 Actualizado a las 04:35

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Por un futuro más nuestro

Por un futuro más nuestro
Hoy íbamos a votar. Sería uno de esos maravillosos días donde todos somos iguales y valemos lo mismo, sensación que siempre es palpable en la calle camino a votar, haciendo la fila para hacerlo, y esperando los resultados en la noche, sabiendo que cada persona que quiso participar, tuvo el mismo poder que cualquier otra en el resultado. Iba a ser una jornada más especial que cualquier otra: decidiríamos como país si queremos tener una constitución elaborada democráticamente por primera vez en nuestra historia. La fuerza de las circunstancias quiso que hoy no votáramos. Lo haremos, en su lugar, el 25 de octubre.
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Dudas había desde el primer día. En el resultado del plebiscito estaban depositadas expectativas sobredimensionadas de algunos y miedos infundados de otros. En ambos casos, en buena medida la mayoría tenían que ver con la equivocada idea de que la constitución, por sí sola, podía generar una gran ola redistributiva, o una transformación radical del país. La necesidad de alcanzar acuerdos supramayoritarios a partir desde una hoja en blanco aseguraban, en cambio, otra cosa: un nuevo pacto social acordado por la gran mayoría de los chilenos y chilenas.

El proceso constitucional, desde su inicio, ha sido mucho más que una simple salida a una crisis política momentánea. Éste trasciende octubre, ya que es también el resultado de un amplio consenso político en torno a las oportunidades de construir el futuro de una manera más justa, digna y democrática. Es un amplio reconocimiento que muchas instituciones habían dejado de funcionar al nivel en que las necesitábamos, y que debíamos reformularlas para salir de un estancamiento social, cultural y económico en un contexto de injusticia, desigualdad e indignidad que se alejaba de las expectativas de un país que ya en años anteriores había cambiado tanto. Ese malestar sigue igual de válido hoy y lo será para los próximos meses y años. Justamente en el combate a la pandemia, muchas de las razones que hicieron estallar nuestra institucionalidad se han vuelto a hacer patentes: la diferencia entre quienes pueden quedarse en casa y quienes no; entre quienes pueden disfrutar un sistema de salud pagado y aquellos que no; entre quienes tienen las capacidades para sortear una gran crisis a través de mallas de contención privadas y otros que requieren urgentemente el apoyo estatal. La protección y relativa tranquilidad de unos versus el desamparo y angustia de tantos más.

Aún así, se ha iniciado una válida discusión sobre el rol del proceso constitucional en el Chile post pandemia. ¿Sigue siendo necesario? ¿Es siquiera conveniente? A estas preguntas la respuesta es clara: lo ocurrido estos meses y lo que vendrá en el periodo post crisis sanitaria, hace más necesaria la discusión sobre el nuevo pacto social y las oportunidades que abre para nuestro futuro son aún mayores.

Por un lado, habrá un país por reconstruir, en un proceso que durará años. Pecaríamos de insensatos si terminamos reconstruyendo Chile con las mismas herramientas que hemos utilizado hasta hoy. El proceso constitucional se presenta como una oportunidad única para que al país lo levantemos entre todos. Ya el mundo ha venido cambiando de manera radical. Pero la pandemia hará que mute en un año lo que normalmente cambiaría en una década o más. El tener un proceso constitucional ad portas pone a Chile en un lugar privilegiado a nivel planetario para enfrentar esta nueva realidad, y volver a ser pioneros en decisiones, modelos y tendencias globales, como varias veces antes fuimos, para bien y para mal, desde nuestro pequeño rincón.

Hoy tenemos urgencias. La discusión constitucional no tiene por qué ser protagónica este mes, más allá de recordar momentáneamente el plebiscito y las razones por las que necesitaremos alcanzarlo como un ejercicio fundamental. Ya volveremos a encontrarnos, en un país que no será el mismo que antes de la pandemia, y definitivamente no será el mismo que antes de octubre. Qué maravilloso regalo será construirlo juntos por primera vez.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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