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En el 112º aniversario del natalicio de Salvador Allende G

por 26 junio, 2020

En el 112º aniversario del natalicio de Salvador Allende G
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Salvador Allende nació un 26 de junio, fecha que su familia, amigos y seguidores no olvidamos. Su vida estuvo dedicada a hacer realidad los ideales de justicia social que desde joven sostuvo. Así lo juró junto a su padre moribundo, consciente que asumía un reto que le daba sentido a su vida. Por ello estudió medicina convencido que podía aliviar a quienes padecían afecciones físicas y mentales.

Tempranamente concluyó que existía un vínculo de causalidad entre pobreza y enfermedad, entre condiciones sanitarias y la salud de la población. Si bien la medicina era un aporte considerable a la salud, no se podía obviar que el origen de diversas patologías radicaba en las condiciones socioeconómicas de Chile. Frente a ello eran las decisiones legislativas y gubernamentales las que darían solución a los problemas que aquejaban al país.

En su libro “La realidad médico-social de Chile” hizo un certero diagnóstico de las condiciones de pobreza en el país y su impacto en la salud. El libro se sustenta en cifras oficiales como la mortalidad infantil de un 50,5%, los 600 mil jóvenes analfabetos y el 42% de la población en edad escolar que no concurría a la escuela.
Agregaba como problema los bajos salarios, lo que determinaba la pobreza de las viviendas, del vestuario y la mala alimentación, a lo que sumaba la falta de condiciones sanitarias del país. El ingreso no se distribuía con equidad, afectando a la mayoría de la población. Ante tal realidad correspondía al Estado asumir un rol activo y preventivo.

Para Salvador Allende la política tenía sentido si respondía a ideales de Justicia, cuyo norte era alcanzar el bienestar integral del ser humano. Sin discriminaciones, con posibilidades reales de vivir con dignidad, detentando derechos y libertades, con acceso a la seguridad social y a una educación igualitaria en calidad, fundamentos para una vida más plena.

El liderazgo natural que ejercía hizo posible que fuera elegido diputado, ministro de Estado, senador, presidente del Senado y Presidente de la República. Fue una carrera ascendente caracterizada por la consecuencia con sus ideales, por la defensa inalterable de los más pobres y por la profunda convicción ética para darle sentido valórico a las responsabilidades que asumió.

Como senador tiene una extensa labor parlamentaria. Como Presidente de la República impulsó un proyecto de cambios tendiente a modificar las causas de los problemas socioeconómicos que afectaban al país, las que encontraba en la estructura del sistema capitalista, el que era necesario transformar en democracia, pluralismo y libertad. Coincidía con su amigo –y también senador- Eugenio González Rojas en concebir que el socialismo es revolucionario por sus objetivos, pero no dictatorial por sus métodos.

El proyecto transformador que impulsó se sustentaba en los valores del humanismo “de todas las épocas” como lo definió. Repudiaba las dictaduras por ser contrarias a los valores y derechos inherentes a la vida y a la dignidad humana que exige un régimen de libertad.

El programa de su Gobierno fue impulsado consecuentemente, alcanzando importantes logros en educación, salud, vivienda social, cultura, y estímulo a las artes. Para la niñez se creó una política integral bajo el concepto que el niño nace para ser feliz. Adicionalmente se implementó una política de redistribución del ingreso focalizado en los más desfavorecidos.

La reforma agraria -iniciativa del Gobierno del Presidente Frei Montalva- se aplicó con mayor intensidad, ampliándose a los pueblos indígenas a través de la devolución de miles de hectáreas de tierra y, devolviendo la dignidad a los campesinos y pueblos originarios sometidos a un régimen laboral de tipo feudal.

Su política exterior fue destacable, Chile amplió sus relaciones diplomáticas, tuvo buenos vínculos con los países limítrofes y acercó al país al Tercer Mundo, como también abrió las relaciones con China y Vietnam. Las relaciones con el Gobierno norteamericano, no obstante, fueron tensas.

La experiencia de la aplicación del plan de Gobierno fue exitosa en su primer año, el PIB llegó a un 8,6%. La inflación bajó de un 34,9% a un 22,1%. Se incrementó el consumo y la demanda por lo que las empresas recurrieron a su capacidad ociosa para ofertar más productos. Adicionalmente se planteó la supresión de los sueldos altos en la administración del Estado, la rebaja del precio de los medicamentos y mejorar las pensiones, iniciativas hoy demandas por la ciudadanía, y más presentes que nunca.

Consciente del éxito, quienes detentaban el poder económico boicotearon el proceso disminuyendo la producción, generando desempleo y ocultando productos de consumo, lo que creó desabastecimiento. Adicionalmente, sectores ultraderechistas cometieron actos de terrorismo. Por su parte, el Gobierno de Estados Unidos implementó un plan de desestabilización del Gobierno de Salvador Allende para justificar un golpe de Estado.

También se reconocen errores, entre ellos, el que no hubo un manejo estricto de la economía, ni hubo una estrategia única para cumplir con los propósitos del programa de Gobierno. Si bien incrementó el apoyo ciudadano de un 36,2% el año 70 a un 44% en las elecciones de marzo del 73, no se logró una alianza con el centro político ni con una mayoría importante de la clase media para ampliar la base social de apoyo a la nueva experiencia.

No obstante, tales errores no justifican el golpe de Estado que truncó su Gobierno, ni la dictadura cívico-militar que le siguió, caracterizada por una sistemática y grave violación de los derechos humanos y, la implantación de un sistema económico cuyas bases explican de manera importante la crisis de que hoy vive Chile.

El país atraviesa por una pandemia que afecta la salud de la población y la economía, develando las carencias y desigualdades de la sociedad chilena, encontrando entonces los planteamientos de Allende más cabida que nunca. Anteriormente, ya el “estallido social” develó falencias de nuestro modelo de desarrollo, de nuestra democracia y de las instituciones del Estado que es urgente resolver.

Salvador Allende ha trascendido las fronteras de Chile. En la gran mayoría de los países se le rinden homenajes, se levantan estatuas, se coloca su nombre a parques, plazas y calles.

En Chile es respetado por la juventud y por amplios sectores del pueblo con el que siempre fue leal. Lideró un proyecto de cambios logrando una importante identidad colectiva.

Su propósito fue construir un país más justo, democrático e independiente, características que identificaba con un socialismo al cual avanzar en democracia, pluralismo y libertad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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