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La gran mochila financiera del CAE no es culpa del CAE

por 20 marzo, 2021

La gran mochila financiera del CAE no es culpa del CAE
Para reducir el peso de las deudas financieras y así emparejar la cancha, debemos partir por entender que el problema del financiamiento de la educación está en la duración de las carreras y en un crédito que estructuralmente no para de crecer.
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Así como gran parte del problema de las pensiones no es responsabilidad del sistema de pensiones sino que del mercado laboral (bajos sueldos, altas lagunas y mucha informalidad) o el aumento de las víctimas con armas de fuego no se debe a las deficiencias de la ley de armas sino que a un problema de pobreza, lo mismo ocurre con la enorme deuda que genera el Crédito con Aval del Estado (CAE), donde el problema no es culpa del CAE.

El financiamiento de los estudios superiores se tradujo en enormes mochilas financieras que acarrean los jóvenes, donde cientos de miles terminaron en Dicom y declarados en quiebra. Pero los problemas que se generan con el CAE provienen de los modelos de educación y en una menor medida por el mismo CAE que –vale la pena decirlo– carece de una lógica fundamental de un crédito para personas, esto es, que si las cuotas se pagan puntualmente, entonces el monto total del crédito debe disminuir. Así por ejemplo se ha dado el caso de un joven de Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile que, teniendo al momento de egresar el 2011 una deuda aproximada de 12 millones, pagó todas sus cuotas durante ocho años y sin embargo, a la fecha, aún debe más de 15 millones. Claramente algo no cuadra.

Hay dos componentes estructurales del CAE que son claves. El primero (y el menos relevante): la tasa de interés, teniendo el primer CAE una tasa de 5,8 %, mientras que la modificación del 2012 la bajó al 2,0 %.  Las tasas de los bonos del Banco Central a 20 años, eran en esos períodos del 3,0 % y del 2,6 % respectivamente y actualmente es menor al 1,0 %, es decir, la tasa del CAE ha sido muy cercana e incluso menor a la tasa con que se endeuda el Banco Central de Chile, por tanto no es tan alta como normalmente se dice. El otro componente del CAE es la reajustabilidad por IPC. Cuando alguien toma un crédito hipotecario, éste se negocia en UF dado que las propiedades también se venden en UF, pero un crédito de consumo se establece en pesos dado que las personas consumen en pesos. En el caso del CAE, esta deuda se encuentra en UF aunque su contraparte sea en pesos y no tenga un activo valorizado en UF, además, aunque la inflación esperada es del 3,0 %, hay que recordar que en el 2007 y 2008 la inflación alcanzó 7,8 % y 7,1 % respectivamente, es decir, los deudores CAE vieron subir su deuda en esos porcentajes y ellos no pudieron hacer nada y no tuvieron cómo compensarlo.

La inflación es lo único que afecta a la UF y depende de la evolución de los precios de los productos que considera la canasta del IPC, donde actualmente el papel higiénico tiene un peso del 0,4 %, los medicamentos 2,4 %, la carne de pollo un 0,9 %. Se debe tener en cuenta que estos productos estuvieron relacionados a importantes casos de colusión, de manera que esos delitos de cuello y corbata no sólo impactaron a los consumidores de esos productos y esas marcas, sino que también a los deudores CAE.

Inicialmente comenté que el tamaño de la deuda no depende en mayor medida del mismo CAE, a pesar de las ya mencionadas deficiencias, sino que de la estructura de la educación. Si se modela matemáticamente el cómo se genera la deuda del CAE, vemos que ésta depende mayoritariamente de la combinación arancel/duración de la carrera. Los aranceles son bastante inferiores al de las mejores universidades del mundo, por lo que el argumento que aboga por disminuirlos, pero la duración de las carreras en Chile es mucho mayor. Según un estudio del CEP, la duración efectiva de la educación terciaria es de 5,2 años en Chile, mientras que es sólo de 3,7 años en promedio en los países OCDE, es decir, en Chile se estudia (y financia) un año y medio extra.

En lo inmediato, si se hiciera cualquier propuesta para modificar el CAE, entonces se tendría que considerar la eliminación de la reajustabilidad, junto con disminuir la tasa de interés, pero ello debe ir acompañado de la disminución de las extensas carreras universitarias que se cursan en Chile. Lamentablemente, esto no ocurrirá bajo el actual Marco Nacional de Cualificaciones para la Educación Superior, el cual establece una duración de las carreras que es prácticamente igual a la que existe hoy.

Si se disminuyera la duración efectiva de las carreras al promedio OCDE, la cuota del crédito CAE bajaría un 30 % y si adicionalmente eliminaramos la reajustabilidad por IPC, entonces la cuota bajaría en más de un 50 %.

Desafortunadamente, la ceguera política por dar soluciones rápidas sin entender los problemas, buscando acuerdos políticos sin siquiera realizar un diagnóstico, con líderes políticos que no tienen el interés real y honesto de comprender los problemas sociales y mucho menos la humildad para decir que no son los adecuados para liderar estos procesos de cambio, ha llevado a que por simpleza se haya puesto erróneamente el foco en aumentar la solidaridad, en circunstancias que lo realmente importante es emparejar la cancha para que, independiente del origen, todos puedan alcanzar la meta de ser felices, vivir tranquilos, seguros, en paz, desarrollando y explorando sus talentos personales.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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