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Pobreza, votantes y segunda vuelta Opinión Crédito: Aton

Pobreza, votantes y segunda vuelta

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Pablo Paniagua Prieto y Bastián Campos
Por : Pablo Paniagua Prieto y Bastián Campos Investigador Senior de la Fundación para el Progreso | Asistente de investigación de la Fundación para el Progreso
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Hay una paradoja: mientras Boric ha asentado su discurso programático en torno a eliminar las desigualdades sociales y emparejar la cancha económica para los más desposeídos, el votante que efectivamente ha sufrido las alzas de la desigualdad y de la pobreza ha tendido a votar por Kast. Esto nos permite modificar entonces las tesis anteriores sobre la desigualdad y las preferencias electorales, al sugerir que no son el nivel de pobreza absoluto o estático ni tampoco la ruralidad los factores que explican el comportamiento electoral, sino que más bien la pérdida relativa de bienestar y el aumento de pobreza reciente.


Inmediatamente después de los resultados de la primera vuelta, los medios se vieron repletos de columnas y reportajes indicando que José Antonio Kast habría ganado en las comunas más pobres de Chile. Dicho debate en torno a la relación entre pobreza multidimensional, marginalidad rural y elecciones políticas resulta bastante interesante de cara a la segunda vuelta presidencial y visto que Kast superó a Boric, en la primera vuelta, en 23 de las 25 comunas más pobres del país. Entre estos análisis destacan dos que examinaremos en estas líneas, para luego proporcionar nuestro propio análisis alternativo de cara a entender mejor la relación entre pobreza y elecciones políticas en el país.

El primer análisis político que causó discusión, fue el cuantitativo del ingeniero de datos Santiago Larraín, quien desagregó los resultados de las elecciones por comuna, concluyendo que “a medida que aumenta la pobreza mejora la votación de Kast y a medida que disminuye la pobreza empeora la votación de Boric”. Así, entendiendo que este resultado proviene de una correlación que no es necesariamente causalidad, se “confirma un poco el estereotipo de que el votante de Boric es el de Ñuñoa, de situación acomodada”. De esta forma, Larraín, se aventuró a confirmar el cuestionado sesgo político que sugiere que el votante progresista nacional vive en sectores relativamente acomodados de la capital, preocupado de agendas progresistas valóricas pero desconectado de las reales necesidades más básicas de las zonas más pobres del país.

Segundo, y pocos días después de publicado el análisis de Larraín, los cientistas políticos Giancarlo Visconti y Pablo Argote postularon una crítica a la tesis de que JAK ganó en las comunas más pobres. Ambos argumentan que no es correcto sacar conclusiones como las de Larraín, ya que se puede caer en la “falacia ecológica: cuando se sacan conclusiones sobre comportamiento individual en base a datos agregados (a nivel comunal en este caso)”.

En su análisis, los autores observan que, si bien es verdad que Kast fue victorioso en las 20 comunas más pobres del país, estas corresponden a comunas muy pequeñas, mayoritariamente rurales y localizadas generalmente en La Araucanía, lo cual hace difícil realizar generalizaciones desde la pobreza y la marginalidad –a prescindir de los sesgos geográficos– hacia los votos por Kast. Lo cual, según ellos, es problemático porque, además de que la derecha chilena tiene un historial de popularidad en La Araucanía, la literatura reconoce que es común en Occidente que el voto de izquierda o del progresismo se concentre en las áreas urbanas. Concluyendo así que los resultados electorales de las 20 comunas más pobres no sirven para sacar conjeturas significativas a nivel de país.

Asimismo, Visconti y Argote optan por simular cómo votarían los estratos sociales D y E (los de menores ingresos en Chile), ocupando datos provenientes de su propia encuesta. Aquí, ellos concluyen que, observando los datos de forma individual (no agregados por comunas), la diferencia por la cual Kast venció a Boric en los sectores más pobres de la población sería entonces, según los autores, no significativa.

[cita tipo=»destaque»]Del análisis de la Casen podemos observar que Kast venció a Boric en un 59% de las comunas donde efectivamente aumentó la desigualdad en los últimos tres años. Asimismo, Kast venció a Boric en un 58% de las comunas donde se incrementó la pobreza. En la misma línea, si observamos aquellas comunas en el 10% más desigual del país en el año 2020, notamos que Kast salió victorioso sobre Boric en un 73% de ellas.[/cita]

Dado el anterior debate en torno a la relación entre pobreza multidimensional, marginalidad y electorado en Chile, en las líneas que siguen presentaremos un breve análisis alternativo para ilustrar datos que sí se miden de forma agregada –como las tendencias de la pobreza y la desigualdad en una comuna a través del tiempo– y su relación con los resultados de las elecciones en primera vuelta. De esta forma, si ocupamos los datos de la encuesta Casen, podemos calcular el cambio y la evolución en el nivel de pobreza y de desigualdad (medido por el índice Gini), correspondiente a todas las comunas de Chile, entre los años 2017 y 2020. Cabe destacar que en este estudio solo se consideran las votaciones obtenidas por Kast y Boric, dejando de lado los resultados obtenidos por los otros candidatos de la primera vuelta. Analizar el cambio de trayectoria de la desigualdad y de la pobreza en el periodo 2017-2020, para cada comuna en específico, nos arroja ciertas luces respecto a cómo la desigualdad y la pobreza pueden influir en el comportamiento electoral de dichos sectores que han experimentado un aumento reciente de las mismas.

Con todo, del análisis de la Casen podemos observar que Kast venció a Boric en un 59% de las comunas donde efectivamente aumentó la desigualdad en los últimos tres años. Asimismo, Kast venció a Boric en un 58% de las comunas donde se incrementó la pobreza. En la misma línea, si observamos aquellas comunas en el 10% más desigual del país en el año 2020, notamos que Kast salió victorioso sobre Boric en un 73% de ellas. Estos datos a nivel general de todas las comunas del país parecieran sugerir que aquellos grupos, tanto urbanos como rurales, que han experimentado un relativo deterioro de su bienestar, han tendido a favorecer a un candidato de derecha que ha puesto más énfasis en el orden público y en una posible restauración económica.

Más aun, si bien es cierto que Kast es relativamente más popular que Boric en aquellas comunas que son mayoritariamente rurales (Kast ganó en un 90% de ellas), también es cierto que Kast se impuso en aquellas comunas que son mayoritariamente urbanas (ganando Kast en un 62% de ellas). Además, y continuando con nuestra observación a las tendencias de desigualdad y pobreza a nivel comunal, podemos notar que Kast venció a Boric en aquellas comunas en donde aumentó la desigualdad a través de todo Chile. De esta manera, podemos notar que, si bien Kast ganó con mayor fuerza en las comunas de La Araucanía –probablemente debido a los problemas de violencia y orden público en la Macrozona Sur–, también este fue muy competitivo en comunas del centro de Chile que no son necesariamente rurales, pero donde sí subió la desigualdad y hubo un deterioro relativo del bienestar económico.

La misma historia se puede contar cuando miramos aquellas comunas donde se incrementó la pobreza en estos últimos tres años. Boric, en cambio, parece ser más popular en aquellas comunas en donde el bienestar relativo no se ha visto amenazado en tiempos recientes, como en aquellas de clases más acomodadas como Ñuñoa, en donde la desigualdad viene bajando y el bienestar relativo ha aumentado.

En síntesis, pareciera existir un desajuste entre el relato político y la realidad entre quienes enarbolan las luchas contra la desigualdad y aquellos que efectivamente la han sufrido en demasía en estos últimos años. En otras palabras, hay una paradoja: mientras Boric ha asentado su discurso programático en torno a eliminar las desigualdades sociales y emparejar la cancha económica para los más desposeídos, el votante que efectivamente ha sufrido las alzas de la desigualdad y de la pobreza ha tendido a votar por Kast. Esto nos permite modificar entonces las tesis anteriores sobre la desigualdad y las preferencias electorales, al sugerir que no son el nivel de pobreza absoluto o estático ni tampoco la ruralidad los factores que explican el comportamiento electoral, sino que más bien la pérdida relativa de bienestar y el aumento de pobreza reciente.

Estos serían los factores que han llevado a aquellas personas que han experimentado en demasía dicha atrofia de la modernización chilena a inclinarse a votar por Kast. Es de esperar que, quienquiera que gane las elecciones presidenciales, se aleje de la retórica abstracta e ideológica de la desigualdad y ponga, en vez de ello, foco en las trayectorias recientes de las personas que realmente la han sufrido.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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