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Amores injustos: Nepotismo y educación en Chile

por Andrés Gatica Gattamelati 30 diciembre, 2018

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Señor Director:

El nepotismo ciertamente adultera la espontaneidad de los vínculos sociales entre individuos al perfilar como logro individual algo que es producto de la posición social o política ventajosa derivada de un vínculo personal; ciertamente transforma la accidentalidad de la vida social, y concretamente de la vida laboral, en una fábrica de intereses personales y familiares pre-hechos. Pero aunque la conexión no aparezca a simple vista, el nepotismo posee formas más radicales (es decir, de raíz) - y desde luego, más pasivas- de expresión en la tesitura social de Chile.

El nepotismo laboral no puede ser tratado como un fenómeno autónomo y autosuficiente porque éste reproduce, más bien, de manera cuidada y fiel una lógica ininterrumpida en la vida social de Chile que consiste en la dependencia que se exhibe entre el acceso de los ciudadanos a los beneficios sociales y la posición política y social de sus círculos familiares más íntimos. En este sentido, la designación de Fernanda Bachelet Coti, a quien con 27 años se debiera proteger de la exposición y del ajusticiamiento público al que se la está sometiendo a raíz de esta designación, ofrece una ocasión idónea para recordarle a una sociedad indecisa como la chilena, que no duda en calificar como injusticia la adulteración de la igualdad de condiciones en el plano laboral, pero que teme soluciones radicales para evitarla, que la mejor herramienta no-política en contra del nepotismo es precisamente la gratuidad en la educación superior. Esto, porque no hay ninguna ley de transparencia o intervención política externa que sea capaz de \"igualar la cancha\" entre ciudadanos como ella, no sólo garantizando acceso universal e igualitario al saber, sino ante todo, contribuyendo a independizar a los estudiantes como sujetos de derecho, -y con ello, a los futuros trabajadores- respecto de la situación económica y social concreta de sus familias al momento de crear vínculos revisables o permanentes con la sociedad.

Si la educación que los estudiantes de Chile reciben depende de manera estructural de la robustez de la posición de sus círculos familiares, no debe extrañarnos que esa dependencia se reactive artificialmente también al momento en que los estudiantes deban generar lazos laborales con la sociedad. La premisa silenciosa es que si nos toca recibir la educación que recibimos en parte por la posición social y política que nuestras familias detentan, es legítimo que la obtención de un trabajo o de un cargo se desarrolle sobre la misma coordenada.

La educación gratuita, en su inmunidad a ser calificada por cualquier tipo de situación que esté más allá de la dignidad de los estudiantes (seres íntegros que no deben ser completados o fragmentados por la posición social de sus familias, incluida Fernanda Bachelet), nos sitúa de entrada en el valor de la igualdad, y nos acerca por ello mismo a la tan deseada meritocracia. La llamada masa crítica debe entender que es un contrasentido protestar por la manipulación de las relaciones laborales en círculos nepotistas, y al mismo tiempo acusar de propaganda a la que quizás sea la única herramienta posible para independizar de base a la creación de vínculos laborales de los estudiantes y trabajadores respecto de la posición social de sus familias, y por consiguiente, plantear la posibilidad de un clima civil más neutral centrado en los individuos y sus capacidades, y no en sus círculos de poder.

Andrés Gatica Gattamelati

Candidato a Doctor en Filosofía
Pontificia Universidad Católica de Chile

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