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Chile-Bolivia: cuidado, aquí solo está faltando una chispa

por 26 marzo, 2018

Chile-Bolivia: cuidado, aquí solo está faltando una chispa
Sea cual sea el resultado de la Corte de La Haya hacia fines de año, traerá consecuencias políticas impredecibles. De ahí que creo que nuestro país debería elaborar una estrategia que permita conjugar, al mismo tiempo, una ofensiva a nivel internacional, un acuerdo político transversal que nos posibilite estar preparados para los dos escenarios y, obviamente, ser capaces de controlar reacciones que puedan apagar el fuego con bencina. No es menor que justo este caso se dé en un momento en que la migración está en el foco de la controversia.
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Evo Morales es un hombre que sabe manejarse comunicacionalmente. Viste de la misma forma todos los días para facilitar la identificación del personaje que construyó. Apela con orgullo a su origen, es simpático en el trato, pero radical en su discurso. Es también grandilocuente –trata al Papa como un amigo más–, se autopercibe como una especie de Bolívar moderno, pero con la ventaja de ser aymara, con lo que ha logrado una alta identificación del “pueblo boliviano” –como le gusta decir a él–, cuya población indígena es mayoritaria. Pero, por sobre todo, Juan Evo Morales Ayma es un tuitero. Dedica muchas horas a navegar por las redes sociales, al igual que su par Donald Trump. Este es el momento de clímax del presidente del país altiplánico. Sus frases son dinamita, no utiliza filtro y es capaz de descomponer hasta al más “curado de los nervios”, como el ex canciller Heraldo Muñoz. Es, por tanto, un provocador.

Como era de esperar, Evo desplegó su máxima artillería en las semanas previas a la fase de juicio oral en la Corte de La Haya, logrando generar un ambiente de excitación entre sus compatriotas. A medida que se acercaba el día D, el mandatario de Bolivia intensificó el tono, además de embarcarse a Holanda, en una señal que debe haber sido interpretada como presión por parte de los jueces.

Es indudable que Evo está dispuesto a todo para despertar en la comunidad mundial la percepción de un país que ha sufrido todos los males de la tierra gracias a Chile, claro que ese discurso omite un objetivo que muchos, antes, fijaron para poder seguir eternamente en el poder: generar cohesión en torno a un enemigo común. Los ejemplos son múltiples, incluido el propio Pinochet, que, dicho sea de paso, ha sido parte de los argumentos del país vecino.

Pero el momento culminante de Morales llegó al inicio de la fase del juicio oral la semana pasada. Sin anestesia, sin considerar que es el presidente de un país y que se encontraba en una Corte Internacional, replicó esa frase amarga que los bolivianos entonan una y otra vez en esa canción que les recuerda que el mar alguna vez estuvo en su territorio: “Antofagasta fue, es y será de Bolivia”. Un simple tuit que, de pronto, cambió el rumbo de una controversia que mantenía a los chilenos como meros espectadores de un conflicto.

Tanto fue el impacto de este mensaje de Evo, que en pocas horas teníamos a toda la ciudad de Antofagasta enardecida, endureciendo los juicios hacia los bolivianos –16 mil viven en la capital regional– y levantando consignas fuertes de defensa del territorio. Sin duda, la alcaldesa Karen Rojo contribuyó mucho a generar un estado de rabia como reacción a la provocación. La jefa comunal, haciendo gala de su forma de hacer de todo un issue mediático, supo aprovechar el momento y convocó a los antofagastinos a las calles, les regaló miles de banderas y los condujo al muelle para tomarse de las manos y luego a marchar por las calles.

Alcaldesa de Antofagasta Karen Rojo

Pero este giro en la forma de enfrentar esta demanda de los bolivianos no solo fue de los nortinos. Luego de años de que nuestro país mantuviera un estilo flemático, legalista, que incluso implicó que la estrategia diplomática conservara un estilo muy reactivo, de pronto, en solo un par de días, observamos un evidente cambio de lenguaje y, lo que es más sorprendente, una línea argumental con mayor grado de emocionalidad.

La primera jornada del juicio oral fue el reflejo de lo que vimos por décadas entre Chile y Bolivia: el país altiplánico jugando a la victimización, apelando a las emociones, muchos eslóganes que mostraban a David y Goliat, una fuerte campaña de búsqueda de apoyos internacionales, con Evo Morales como protagonista de la historia y un pueblo hipnotizado por un sueño. Chile, por su parte, medido, diplomático, racional, distante.

Pero a partir del segundo día, los chilenos parecimos despertar de un letargo. Y cambió el tono, se involucraron nuevos actores, el mundo político levantó la voz, el canciller –que ha estado a la altura– habló más golpeado, siempre escoltado por una delegación transversal, incluido un silencioso Alejandro Guillier, quien se dio cuenta de que su metida de pata le costará muy cara en Antofagasta a su regreso. Un sentimiento de nacionalismo se apoderó del país y, de paso, cayéndole como anillo al dedo al Presidente Piñera, en momentos en que comienzan los primeros cuestionamientos de la oposición por ese llamado a construir acuerdos que, por ahora, no parece ser más que una buena estrategia comunicacional.



Y por supuesto que hay que tomar todas las medidas a nivel de los puertos que permiten el libre tránsito de camiones y mercancías de y hacia Bolivia, así como en los puestos fronterizos. En los últimos años hemos tenido varios incidentes, incluido el de la detención de militares bolivianos acusados por autoridades chilenas de tráfico de vehículos y mercancías. Lamentablemente, un conflicto en estos meses, en cualquier nivel, además de beneficiar siempre al país “retador”, podría significar que estemos todos hablando en términos bélicos. No lo sabrá la alcaldesa Karen Rojo, que la semana pasada declaró en un tuit: “Estamos muy bien blindados, les habla una reservista de corazón, si es necesario rendir la vida, así lo haremos”, acompañado de una foto de ella vestida de militar. Bueno, y de Evo Morales, ya lo sabemos, podemos esperar cualquier cosa.

Creo que definitivamente el ambiente se enrareció y lo veremos expresado en la replicas que comienzan hoy en Holanda. Más allá del convencimiento que tengo, que el acuerdo de 1904 es clave y categórico para darnos la razón en La Haya, de seguro de aquí en adelante tendremos un escenario donde las dos posiciones se polarizarán y habrá provocaciones permanentes de Morales, total, ya sabe que esta vez los chilenos no permaneceremos indiferentes. Eso, comunicacionalmente, es bueno para él, porque cualquier respuesta desde acá le ayudará a mantener la hipnosis de los bolivianos.

Sea cual sea el resultado de la Corte de La Haya hacia fines de año, traerá consecuencias políticas impredecibles. De ahí que creo que nuestro país debería elaborar una estrategia que permita conjugar, al mismo tiempo, una ofensiva a nivel internacional, un acuerdo político transversal que nos posibilite estar preparados para los dos escenarios y, obviamente, ser capaces de controlar reacciones que puedan apagar el fuego con bencina. No es menor que justo este caso se dé en un momento en que la migración está en el foco de la controversia.

Y por supuesto que hay que tomar todas las medidas a nivel de los puertos que permiten el libre tránsito de camiones y mercancías de y hacia Bolivia, así como en los puestos fronterizos. En los últimos años hemos tenido varios incidentes, incluido el de la detención de militares bolivianos acusados por autoridades chilenas de tráfico de vehículos y mercancías. Lamentablemente, un conflicto en estos meses, en cualquier nivel, además de beneficiar siempre al país “retador”, podría significar que estemos todos hablando en términos bélicos. No lo sabrá la alcaldesa Karen Rojo, que la semana pasada declaró en un tuit: “Estamos muy bien blindados, les habla una reservista de corazón, si es necesario rendir la vida, así lo haremos”, acompañado de una foto de ella vestida de militar. Bueno, y de Evo Morales, ya lo sabemos, podemos esperar cualquier cosa.

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