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Lo que falta en el debate de las viviendas sociales: solidaridad y proximidad

por 12 julio, 2018

Lo que falta en el debate de las viviendas sociales: solidaridad y proximidad
Los argumentos en esta discusión son muchos: van desde la seguridad hasta los hábitos sociales, del impacto en la plusvalía a una supuesta merma en los servicios; hay resistencia cultural y socioeconómica. Los escuché en Bogotá en una acalorada discusión de dos importantes empresarios, me tocó hace unos años en Concepción antes de las masivas erradicaciones a Michaihue, lo hemos visto en Santiago el año pasado con un proyecto en Maipú y ahora ocurre lo mismo en Las Condes en el sector de la rotonda Atenas.
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En los últimos años me he encontrado en diferentes ciudades y países con la oposición de grupos de ciudadanos a proyectos de vivienda cercanos a sus barrios para familias provenientes de estratos económicos bajos.

Los argumentos son muchos: van desde la seguridad hasta los hábitos sociales, del impacto en la plusvalía a una supuesta merma de servicios; hay resistencias culturales y socioeconómicas.

Los escuché en Bogotá en una acalorada discusión de dos importantes empresarios: uno a favor y el otro en contra. Me tocó hace unos años en Concepción ser parte también se ese tipo de debate, antes de las masivas erradicaciones a Michaihue.

Lo hemos visto en Santiago con el proyecto del año pasado en Maipú y ahora ocurre lo mismo en Las Condes con las viviendas sociales que se construirán en la rotonda Atenas.

Noto que, en cada una de esas oportunidades, en las cuales me ha tocado conversar con numerosas personas, no hay cercanía entre los grupos en disputa, no se conocen ni tienen idea de quiénes son, cuáles son sus orígenes e historias, qué sueños los movilizan y qué aspiraciones los hacen progresar. Sin conocimiento mutuo, con distancia, es fácil alimentar prejuicios, crear falsas imágenes y dejar paso a la discriminación recíproca.

En cada uno de estos complejos procesos sociales más que juzgar a unos u otros, o derechamente tomar partido por algún bando, resulta más constructivo que nos encontremos, que nos ‘aproximemos’, que los externos ‘no implicados’ nos ayuden a dialogar, a conocernos y respetarnos.

Si efectivamente las imágenes que tenemos del mundo las creamos a través de la experiencia, nuestra gran tarea educacional y social debería centrarse en ampliar estas experiencias, enriquecerlas para que gracias a ellas seamos capaces de reconocer la dignidad de cada persona, de dialogar y buscar comprendernos.

Por eso la solidaridad tiene un vínculo muy estrecho con la proximidad, son las que me permiten creer en la justicia y practicarla.

En cada uno de estos complejos procesos sociales más que juzgar a unos u otros, o derechamente tomar partido por algún bando, resulta más constructivo que nos encontremos, que nos ‘aproximemos’, que los externos ‘no implicados’ nos ayuden a dialogar, a conocernos y respetarnos.

Lo más probable es que hallaremos más similitudes que diferencias, valores comunes y proyectos de vida familiares bastante parecidos. Evitemos la impulsividad del prejuicio motivada generalmente por el temor o rabia hacia el ‘otro’ y dejemos espacio al hambre de conocimiento para permitir que de allí se construya una mejor comunidad, más inclusiva y que tenga como base el respeto mutuo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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