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¡Despierta, derecha! El Apruebo ya ganó...

por 11 agosto, 2020

¡Despierta, derecha! El Apruebo ya ganó...
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Me considero un liberal, aunque mis hijos piensen lo contrario y siempre he andado por la vereda derecha del espectro político e incluso, durante un tiempo, milité en Evópoli. Voté por el Presidente Piñera en ambas ocasiones y, en las otras, siempre voté por el candidato de mi sector, excepto una, en que este me parecía tan malo, que me abstuve.

Hoy, observo con angustia cómo se acerca, cada vez más rápido, el plebiscito constitucional y veo a la derecha perdida en el marasmo de sus dogmas, muchos de ellos viejos y pasados de moda, insistiendo en el Rechazo como si tuviese alguna opción.

Está bien, las encuestas se equivocan y la “mayoría silenciosa” aún no se manifiesta, al menos de eso nos pretenden convencer los miopes dirigentes de Chile Vamos. Pero por mucho que se equivoquen las encuestas, y por muy callada que esté la gente, desde octubre de 2019, todas ellas dan ganador al Apruebo, ¡todas! Incluido el oráculo del CEP, que, en diciembre de 2019, le entregó al Apruebo un 67%, contra un 13% del Rechazo. Para qué decir las Cadem, donde el Apruebo no baja del 70% semanalmente hasta hoy, o Mori, de tendencia más de izquierda, que, en junio 2020, le daba al Apruebo un 79%, con un 12% para el Rechazo.

Bueno, esta es la realidad, clara y contundente, y la derecha insiste en aferrarse a un barco que ya está semihundido y que no es reflotable. Está bien eso de que el capitán no abandona el barco, pero cuando ya no queda nadie más, lo inteligente es tirarse al agua y tratar de subirse al bote salvavidas.

Este escenario, en que la derecha se atrinchera en una posición perdida, es exactamente lo que busca la izquierda para su estrategia posplebiscito, está clarísimo, ¡la derecha se la está regalando en bandeja!

Al día siguiente de la victoria del Apruebo, la izquierda, como siempre, le negará la sal y el agua a su contrincante derrotado, ninguna caballerosidad como antiguamente se usaba. Aquí el discurso será: "Ustede perdieron, nunca quisieron una nueva Constitución y, por lo tanto, no pueden escribirla. Esta es nuestra Constitución, ustdes ya escribieron la suya con Pinochet, ahora nos toca a nosotros".

Y así, quizá con qué perro verde nos encontremos. Será seguramente una Constitución maximalista, que busque por esa vía imponer múltiples ideas estatizantes y populistas, como no hemos visto en 30 años, que pondrán un enorme manto de incertidumbre sobre el futuro de este maravilloso país. Todos iguales, no importa que pobres, pero iguales, con serias restricciones a la iniciativa privada, con todo tipo de regulaciones indebidas a la propiedad privada, donde el Estado sea amo, señor… y ¡rajadiablos!

¿No será más inteligente, ante un escenario tan evidente, que la derecha se suba al carro del Apruebo y que este gane por el 95% de los votos (siempre habrá cabezaduras), para que a la hora de escribirla todos los sectores tengan el mismo derecho a plantear sus ideas y podamos proponer, sin tapujos y defender con derecho, nuestros planteamientos y que no pretendan que la Constitución sea un traje rígido, que impida cualquier voluntad distinta?

Me dirán que no exagere, que siempre queda el acuerdo de los 2/3 en la Asamblea, pero prepárense, porque en el contexto actual, con la derecha por el Rechazo, perdiendo, a cada cosa que se oponga, le seguirán manifestaciones violentas, insurrección, destrucción, oclocracia, el Estado de Derecho perdido. Y así, una a una, la derecha, ya sea por miedo al caos o por necesidad, tendrá que someterse al ideario de la izquierda. Las teorías de Antonio Gramsci llevadas a cabo con una pulcritud, casi militar, porque así es la izquierda, de disciplina militar. Y, por último, siempre quedará el recurso de mandar a aprobar por ley simple lo que no se logre en la Asamblea, cosa a la que la derecha nuevamente se opondrá, pero nuevamente perderá.

Parece que el único que se dio cuenta de esto fue Mario Desbordes, pero por díscolo, lo mandaron a Defensa. La UDI, con Cristián Larroulet como gran ideólogo, rígido y dogmático y con Jacqueline Van Rysselberghe como operadora (le resultan las pataletas a la senadora), lograron llevar a cabo su plan. Controlar a Desbordes y obligar al Presidente a entregarles el comité político y empujar el Rechazo. Este es el inicio del gran desastre, aunque en la próxima ganara Joaquín Lavín. Su Gobierno será irrelevante y pasará a la historia como aquel en que Chile se perdió.

¡Despierta, derecha! El Apruebo ya ganó

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