martes, 24 de noviembre de 2020 Actualizado a las 15:56

Opinión

Autor Imagen

Uniformes manchados

por 21 noviembre, 2020

Uniformes manchados
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

El actuar de Carabineros, considerando nuestra realidad como país movilizado hace más de un año, presenta más o menos un saldo de cientos de miles de perdigones lanzados indiscriminadamente, turbas interminables de heridos y heridas, cientos de miles de gases tóxicos percutados, varios millones de personas en las calles –de ellas 33 pierden la vida–, más de 5 mil casos de violaciones a derechos humanos acreditadas por las instituciones, más de 400 personas con trauma ocular y más de 30 con pérdida ocular, agreguemos finalmente a todo este listado torturas acreditadas y recibidas en más de una comisaria. ¿Fue o es suficiente? La respuestas es no.

Cierto es que desde la dictadura la policía se volvió selectivamente clasista en sus actuaciones, eso se arrastra y se mantiene hasta el día de hoy. Incluso clasismo al interior mismo de las divisiones de Carabineros, donde parece que la calle y lugares complejos se llenan con perfiles provenientes de personas de origen pobre y rural y en muchos casos también de población proveniente del mundo indígena. Los perfiles más altos y más “blanquitos” se van a los sectores donde son más afines.

Escandalosos desfalcos millonarios, los más grandes que ha tenido la institución en Chile, comprobaron (y comprueban) que actúan con total impunidad. La misma impunidad que quizás algunos creen tener como para dispararle a un par de niños. La institución y  las personas que están adentro se superan a sí mismas y se demuestra que están fuera de control. No ha existido gobierno posdictadura que se haya atrevido a ponerle el cascabel al gato. Para peor, en nada ayuda que la figura del presidente (con minúscula) de la República lo despida con honores y “con admiración” y dijera: “Niños accidentados”. Impresentable que con esa declaración confirme que estos niños, que son víctimas de una vida miserable, de una sociedad miserable, no les importan en lo más mínimo. Esto no es nuevo, ¿cuál fue la condena pública de este general saliente sobre lo ocurrido en Pío Nono?  Este general con minúscula dijo: “Yo me debo a mis carabineros”… “Sí, se socorrió, se llamó al SAMU”. Una burla mundial fue para la imagen de Chile que su policía arrojara a una persona al río, cual Edad Media, una burla para sus familiares también. Ante ese evento el mundo político y especialmente el gobierno de turno (por sus facultades) no tuvieron en esa ocasión pantalones nuevamente. Claramente el hecho de Talcahuano fue insalvable.

Creer que solución es otro general, es otro profundo error. La solución está, en el mediano y largo plazo, en tener la voluntad para una intervención de verdad, en una nueva formación y diversificación de funciones. Más allá de una revisión de protocolos, hoy lo urgente es reconocer que la institución como la conocemos no puede seguir y, para ello, se debe empezar con ideas, tareas, acuerdos, etc., de forma inmediata para reformar lo que hace décadas se viene manchando.

En ninguna parte del mundo medianamente civilizado es aceptable que ocurran situaciones tan graves como las ocurridas esta semana en la Región del Biobío, es imposible no sentir dolor por el pasar y presente de aquellos jóvenes, por ello los que cometieron ese atropello deben tener su castigo y debe ser rápido y sin ambigüedades. La vida de estas jóvenes víctimas, incluso por muy erróneas que hayan sido, no merecen este nivel de desprecio que demuestra tener el Estado por ellas.

Son varios los que deberían renunciar.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV