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El SAE no es la enfermedad, es el síntoma Opinión Agencia Uno

El SAE no es la enfermedad, es el síntoma

Aquí es donde está el meollo del asunto: en un sistema educativo equitativo, la diferencia de calidad entre un colegio versus otro no debería ser relevante. La distancia a la casa o el trabajo deberían ser el único factor que diferencie colegios públicos.


¡La tómbola es lo peor que le ha pasado a la educación! Duras (e injustas) frases para un sistema que administra 600 mil solicitudes al año, en las cuales un 51% queda en su primera preferencia, principalmente en prekínder, pero, como todo en la vida, el diablo se esconde en los detalles. Los últimos días se abrió el debate sobre los miles de niños que se encuentran aún sin matrícula, a pesar de los esfuerzos del Ministerio de Educación de cambiar las filas de los padres en la calle, para que no se vean en los medios, a una fila digital, en su célebre proyecto “Anótate en la lista”.

Es complejo explicarle a una mamá que no encuentra matrícula que el problema no está en el SAE, pero quizá sí en la oferta educativa a lo largo del territorio. En esta columna, sobre la base de datos Sistema de Admisión Escolar de 2019 y 2022, compararemos el crecimiento y decrecimiento tanto de la demanda como de la oferta educativa, así como las relaciones territoriales que pueden estar detrás de los números. Precisamente, esta mirada fue la que nos llevó a crear el Simulador SAE: la realidad de las familias en la búsqueda por un cupo en determinados colegios y zonas.

Tabla 1: Relación oferta-demanda regional todos los niveles

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos Mineduc 2024

Si analizamos la situación general, es decir, de prekínder a 4° medio, la demanda de 2019 vs. 2022 creció en un 18%, principalmente apalancada por la Región Metropolitana, mientras que la oferta educativa creció un 17%. En términos globales, ambos crecieron con relación a la demanda. Pero, como mencionamos al comienzo, las realidades del territorio enmascaran problemas latentes. La Región de Tarapacá tuvo un shock de un 17% de postulantes, mientras que su oferta no creció, mismo caso de la Región de Ñuble, que aumentó en un 10%, mientras que su oferta no tuvo variación. Prácticamente en todas las regiones, excepto en la capital, no hubo aumento de vacante, incluso en algunas regiones esta decreció, como sucedió en la Región de O’Higgins, con una variación de un -4%. En términos globales, la oferta sigue siendo mayor a la demanda, pero como veremos a continuación por nivel, esta es en realidad una verdad a medias.

Tabla 2: Relación oferta-demanda regional nivel prekínder

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos Mineduc 2024

Acá comienza una verdadera montaña rusa: la primera conclusión es que hay una baja considerable de postulantes a prekínder desde 2019. En términos generales tuvimos un descenso de 15%. Esto puede deberse a factores como la tasa de natalidad (en baja estrepitosa) o una fuga de los niños al sistema privado. Si ponemos el ojo en la oferta, veremos que prácticamente no hubo cambios entre 2019 y el 2022. Acá es cuando comienzan a notarse realidades locales lúgubres. Antofagasta tuvo 3.951 postulantes en 2022 y solo 3.573 vacantes. ¿Dónde están esos niños? Incluso la oferta educativa decreció en la región en esos años. ¿Por qué no se crearon nuevas matrículas para ese nivel con estos datos de demanda? Caso similar ocurrió en la Región de Tarapacá. Vamos con 1° medio.

Tabla 3: Relación oferta-demanda regional nivel 1° medio

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos Mineduc 2024

En 1° medio hay una situación compleja: por un lado, están los estudiantes que deben cambiarse de colegio, ya que el suyo solo llega hasta octavo básico, y están los que intentan cambiarse de colegio, a pesar de que en el establecimiento de origen pueden llegar hasta 4° medio. Entonces, ¿qué pasa?, el SAE se estresa.

En este nivel sí hay variaciones de oferta educativa, algunas relevantes, como Arica y Tarapacá, con un 10%, mientras que en la Metropolitana la tendencia fue a la baja, con -3%, pero la demanda aumentó en un 9%. Los aumentos de postulantes en el Norte Grande son históricos. Son shocks inmanejables, que difícilmente pueden ser explicados si no consideramos la migración. Solo en Tarapacá la demanda aumentó un 34%, en Arica un 25% y en general en todo el norte lo hizo con dos dígitos. Ningún aumento en la oferta de vacantes alcanza siquiera a equipararse con la demanda en este nivel.

Además, estos datos no son precisos en señalar que parten de un principio iluso, de que podemos “repartir” a cada niño en cualquier colegio o lugar. Nada puede ser más falso. Estos datos no están reflejando la principal gracia del SAE, que los padres sí eligen el colegio en su solicitud (otra cosa es que queden en el colegio que quieren). He allí el 51% del inicio de la columna. Estos números son peores en la realidad. La mesa está servida para que esta olla estalle en los próximos años. Al parecer los padres aún no saben cómo aprovechar bien el sistema, ya se debe tener una estrategia de postulación, con múltiples opciones en caso de no quedar aceptado. ¿Es el SAE el culpable?

Aquí es donde está el meollo del asunto: en un sistema educativo equitativo, la diferencia de calidad entre un colegio versus otro no debería ser relevante. La distancia a la casa o el trabajo deberían ser el único factor que diferencie colegios públicos. Ya que esto no está sucediendo, por diversos motivos, el SAE se ve estresado, al intentar asignar de mejor manera el deseo de los padres con una distribución de solicitudes desequilibrada y con shocks de demanda. Esto se ve reflejado en la siguiente tabla.

Tabla 4: Distribución por nivel de aceptados en 1° preferencia 2022

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos Mineduc 2024

Cuando los padres ingresan al sistema escolar es cuando tienen las mejores chances de quedar en primera preferencia. En prekínder en promedio un 74% de las solicitudes logra el colegio que quiere, esto dado por que las decisiones en etapa preescolar están muchas veces relacionadas con la huella espacial de las personas, son funcionales al hogar o al trabajo. Desde 1° básico en adelante comienzan los problemas, hasta 6° básico no hay más de un 25% de chance de lograr cambiarse al colegio que quieren los padres. Desde 7° a 1° medio se busca calidad, ya pensando en el futuro académico universitario; nuevamente se revuelve todo y mejora la probabilidad.

La calidad que puede ser percibida de diversas formas, Simce, infraestructura, talleres, convivencia escolar, etc. Y no se les puede culpar a los padres por querer maximizar el futuro de su hijo, en un sistema que los pone en igualdad de condiciones, solo considerando la vulnerabilidad y otros factores de menor consideración. Sin embargo, el SAE hace su pega, distribuye las matrículas considerando el deseo de los papás y reglas de no discriminación entre los niños. Pero el SAE no puede crear matrículas de calidad, ni nuevos colegios, o prevenir olas migratorias.

Herramientas como Simulador SAE (www.saeinformado.cl), que les permitan a los padres conocer la probabilidad, buscar nuevos colegios en función de sus requerimientos y planificar la postulación, permiten al sistema desconcentrar la demanda y mejorar las perspectivas de matrícula en la etapa regular del Sistema de Admisión Escolar.

En definitiva, SAE no es la enfermedad, sino un síntoma de la falta de equidad y calidad en la oferta educativa. Para abordar este problema, se necesitan medidas que aumenten la oferta educativa, mejoren la calidad de la educación pública y brinden información transparente a los padres. Pongamos el debate con los datos en la mesa.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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