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La otra brecha de género: más allá del ingreso Opinión

La otra brecha de género: más allá del ingreso

Patricio Ramírez R.
Por : Patricio Ramírez R. Coordinador Observatorio Económico Social Universidad de La Frontera
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¿Qué propuestas y políticas se están evaluando para aumentar la participación y ocupación de las mujeres en el trabajo? ¿Qué estamos haciendo o qué vamos a hacer para reducir las brechas de género no monetarias?


Según la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2022, la brecha de género en el ingreso medio de la población ocupada a nivel nacional llegó a -25,5% en desmedro de las mujeres, es decir, las mujeres percibieron un ingreso medio un 25,5% inferior al percibido por los hombres. Esta brecha se incrementó respecto a 2021, donde había marcado un -21,7% en contra de las mujeres. A nivel regional, para 2022 las mayores brechas en el ingreso medio estuvieron en Antofagasta y Tarapacá con -40,4% y -34,5%, respectivamente. Mientras que las menores diferencias se observaron en Maule y Ñuble, que registraron brechas de -14,6% y -17,0%, respectivamente.

Los avances de Chile en esta materia han sido débiles, la brecha de 2022 es solo levemente inferior a la registrada antes de la pandemia en 2019, donde marcó un -28,1%. Durante la pandemia la brecha se redujo hasta ubicarse en torno al -21% (2020 y 2021), pero lamentablemente esta reducción transitoria no se debió a mejoras reales para las mujeres, sino más bien a factores y dinámicas laborales que se dieron en la emergencia sanitaria, donde una gran cantidad de mujeres con bajos niveles educativos, empleos por cuenta propia, informales y bajos ingresos salieron de la fuerza de trabajo, quedando en el mercado laboral solo las mujeres que tenían empleos más estables, de mejor calidad y mayores ingresos, haciendo entonces que la brecha cayera temporalmente mientras duró la pandemia. Ya en 2022 buena parte de las mujeres que debieron salir de la fuerza laboral en pandemia comienzan a volver y con ello la brecha de género vuelve a elevarse.

Sin duda que la brecha de género de ingresos (monetaria) ha sido y es un tema de gran preocupación, y el hecho de que las mujeres ocupadas obtengan un cuarto menos de ingreso promedio que los hombres, es un síntoma de alarma que debe seguir movilizando esfuerzos y estrategias tanto públicas como privadas para ir acortando significativamente esa distancia en el tiempo.

Sin embargo, además de la brecha de ingresos o monetaria, que por cierto es de la que más se habla, existe otra brecha (“la otra brecha de género”) no monetaria, tanto o más relevante que la primera: se trata de la brecha de género en la participación laboral (acceso al mercado del trabajo) y la brecha de género en la ocupación laboral. La participación laboral, se mide como el número de personas en la fuerza de trabajo expresado como porcentaje de la población en edad de trabajar. Para el trimestre diciembre-febrero 2024 la tasa de participación femenina a nivel nacional llegó al 52,8%, lo que indica que, de cada 100 mujeres en edad de trabajar, en promedio solo 52,8 de ellas participan del mercado del trabajo, ya sea como ocupadas o desocupadas. Para el mismo trimestre, la tasa de participación masculina en el país registró un 72,3%, con lo cual, de cada 100 hombres en edad de trabajar, en promedio 72,3 de ellos están participando como ocupados y/o desocupados. He aquí una brecha de género en participación laboral de -19,5 puntos porcentuales (pp.) en desmedro de las mujeres.

Esta brecha revela la baja participación femenina en el mundo del trabajo y a su vez las dificultades de acceso de la mujer al mercado laboral en comparación con los hombres. Esta brecha se ha reducido levemente en el tiempo, pero aún es alta. Hace 10 años, a inicios de 2014, la brecha de participación laboral era de -24,8 pp. en desmedro de las mujeres. Esta brecha de género no monetaria de participación laboral es quizás más peligrosa que la brecha de ingresos o monetaria, ya que la primera es más invisible y menos ruidosa para las políticas públicas y la sociedad que la segunda. Las mujeres que están fuera de la fuerza de trabajo (no participan) no pueden marchar ni “gritar” por aumentos salariales, puesto que no tienen un empleo, ni siquiera lo están buscando, están simplemente fuera de la fuerza de trabajo, no participan, son inactivas.

Mientras que en el caso de las mujeres que sí están participando y especialmente las ocupadas, reciben en general menores salarios, pero al menos tienen un empleo y tienen voz para pedir aumentos salariales y mejoras que disminuyan la brecha de ingresos, brecha que además se refleja año a año en las estadísticas, pero solo de las mujeres que forman parte del mercado laboral y están ocupadas, el resto no aparece en esta brecha. Por tanto, para las mujeres que no participan del mercado laboral, el escenario es aún más complejo, ya que ellas no figuran en la brecha de ingresos por no estar ocupadas, aunque claramente tienen también una importante brecha en el acceso al mercado del trabajo (no monetaria, pero brecha al fin) en comparación con los hombres, que se refleja en bajos niveles de participación, pero lamentablemente esta brecha es menos visible.

La otra brecha de género no monetaria es la brecha de ocupación. Se define tasa de ocupación laboral como el número de personas ocupadas como porcentaje de la población en edad de trabajar. Para el trimestre diciembre-febrero 2024, la tasa de ocupación laboral femenina fue de 48,0%, lo que significa que, del total de mujeres en edad de trabajar, solo el 48% (menos de la mitad) está ocupada. Mientras que, para el caso de los hombres, la tasa de ocupación para el mismo trimestre fue de 66,4%, indicando que, de cada 100 hombres en edad de trabajar, en promedio 66,4 están ocupados. Aquí se evidencia otra diferencia por sexo, lo que se traduce en una brecha de género de ocupación laboral de -18,4 pp. en desmedro de las mujeres, es decir, el nivel de ocupación laboral de las mujeres es 18,4 pp. menor a la ocupación masculina. Para el trimestre diciembre-febrero 2014, 10 años atrás, esta brecha era de -19,6 pp. en desmedro de las mujeres; la situación no ha cambiado mucho en una década. Esta baja ocupación femenina en comparación con los hombres refleja las barreras y obstáculos que sufren las mujeres a la hora de encontrar un empleo.

Al vincular las brechas de género con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), nos encontramos con el objetivo 5 relacionado con la igualdad de género, específicamente el indicador 5.5.2, “proporción de mujeres en cargos directivos”, tenemos que, para el caso de Chile, la participación femenina en el empleo en la gerencia media y superior alcanzó el 28,7% en 2022, registrando un leve descenso en comparación con el 29,4% de 2021. Aún lejos del promedio de América Latina y el Caribe, donde para 2021 el indicador se ubicó en 36,9%. Evidenciando también una importante brecha (no monetaria) en esta materia.

De hecho, en el informe de la OCDE (2022) referido a la medición de la distancia para lograr las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), para el caso de Chile, y con relación a la meta 5.5 y al indicador 5.5.2 de participación de las mujeres en el trabajo directivo, la evaluación de la tendencia señala que “no se ha avanzado o se aleja de la meta del ODS”.

Con todo, es importante dimensionar que, a la hora de analizar las brechas de género en el mercado laboral, debemos considerar no solo la brecha de ingreso sino también las brechas no monetarias. Se debe seguir avanzando en reducir la brecha de ingresos entre hombres y mujeres (qué duda cabe), pero también se debe poner especial atención en las brechas de participación, ocupación y empleo en cargos directivos. ¿Qué propuestas y políticas se están evaluando para aumentar la participación y ocupación de las mujeres en el trabajo? ¿Qué estamos haciendo o qué vamos a hacer para reducir las brechas de género no monetarias?

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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