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Ojalá que llueva café en el campo Opinión

Ojalá que llueva café en el campo

Bernardo Muñoz Aguilar
Por : Bernardo Muñoz Aguilar Antropólogo Social Universidad de Tübingen, Alemania.
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Hay cafés que marcan tendencias y que se encuentran de moda entre muchos esnobs del café y sus reuniones políticas, de negocios o simplemente amicales. Hay que estar ahí para ver y ser visto, mejor aún si es en torno a los elíxires de la oscura y deliciosa bebida. 


Los aborígenes etíopes no se imaginaron que el grano oscuro y pequeño que descubrieron en sus tierras cerca del siglo XI y que posteriormente los árabes comenzaron a beber en infusiones, iba a dar la vuelta al mundo convertido en el más popular brebaje de todas las latitudes y clases sociales.

Desde hace siglos que este producto de la tierra comenzó a desarrollar toda una industria para su disfrute. Naturalmente que fueron los europeos quienes, producto de la sofisticación de sus cultores, implementaron no solo tazas de cerámica y sus adláteres, sino que también la maquinaria adecuada para el mejor tratamiento de los amargos y oscuros frutos, así como el tratamiento industrial de los mismos. Es así que los italianos, sin producir un grano del mismo, hoy tienen a través de sus distintas marcas la supremacía mundial de tratamiento industrial de café. Han desarrollado las mejores marcas, así como las mejores cafeteras para los cafeteros del mundo. 

Hoy no solo los árabes y europeos disfrutan de este brebaje, sino que ha cruzado los continentes y arribó también al conjunto de los países americanos. 

Pero antes de situarnos aquí repasemos el óptimo café que se toma en Alemania, en el profundo Arschau, en el bello Tübingen, en los cafés de los empresarios italianos o en el cosmopolita Berlín, en donde no solo convive la oferta europea, sino que también el café turco encuentra una de sus mejores variables. En la sofisticada pero amigable Múnich sus cafeterías expenden con delicadeza el mencionado brebaje, el cual puede ser acompañado por los mejores kuchenes del mundo con cafeterías para todas las clases sociales y gustos. Lo importante es la buena atención de sus empleados(as) y la calidad del grano del café.

En las gélidas tierras de Europa del norte ni siquiera los samis pueden escaparse al influjo del oscuro grano y entre sus capitales apropiados figuran distintos tipos de cafeteras para deleitarse con el café en sus largos inviernos. 

En la actualidad la industria asociada al culto del café mueve miles de millones de dólares en el mundo entero. Desde el tratamiento de los granos, en donde se destacan los italianos, pasando por los distintos tipos de cafeteras y de filtros, el sofisticado mundo de la cafetería es en sí un universo particular, no solo de sabores sino que también cultural, de hospitalidad y proclive a facilitar los negocios y actividades en múltiples ámbitos a nivel mundial. 

Si saltamos hacia América, debemos posicionarnos sin dudas en Brasil y Colombia, en donde el cafezinho y el tintico forman parte de sus actividades diarias más selectas en todo tipo de ámbitos. Existe un cafezinho en Brasil que prácticamente se regala en los bares o en los casinos de las universidades. Se sirve en un vaso de plástico y con mucho azúcar, lo cual no es muy agradable al paladar, pero siendo un estudiante o al frecuentar un popular bar no se puede despreciar. 

Lo granos de robusta y arábigos que se producen en Brasil y Colombia se encuentran entre los mejores del mundo y ambos recorren tiendas especializadas y cadenas de supermercados dentro de las delicatessen y productos gourmet, y las ofertas de la parafernalia asociada a la industria es hoy en todo el continente, incluyendo América del Norte, un boom creciente en todos sus aspectos. De hecho, a los colombianos se les reconoce para todos los efectos como el país de los cafeteros.

Por informaciones recogidas por el incansable viajero y experto en turismo sostenible Jordi Tresserras Juan, incluso en el golpeado Haití el secado de granos de café de una cooperativa de productores de este intenta escaparse de la triste realidad que se vive en dicho país. 

Los vecinos del gran Buenos Aires no se quedan atrás, debido fundamentalmente a toda la influencia de Europa entre sus habitantes, y las cafeterías de la capital bonaerense se deleitan no solo con el café, sino que este se acompaña de delicados dulces y alfajores, al igual que en la ciudad de Rosario, donde tuve la posibilidad de mezclar ambas delicias en lo que fue una bella y amigable ciudad, antes de que las bandas de narcotraficantes se apoderaran de ella.  

Ya en Chile el placer no culposo de los cultores ligados a la industria y al deleite de los fabulosos granos tiene en la actualidad un boom en relación con disfrutar de un buen café producido, ya sea en Italia, Colombia o Brasil, puestos en las mesas y barras cafeinómanas. Si partimos del norte del país, nos encontramos con la ciudad de Iquique en decenas de cafés que han abierto sus puertas en los últimos años, pero cuyo epicentro se encuentra en los cafés que rodean la Plaza Prat. Ahí, como en un rito matinal, hombres y mujeres, profesionales y empresarios conversan del día a día o de negocios en el agradable clima de la ciudad heroica. 

Ya en Antofagasta el café Ayllu, aparte de ofrecer los mejores granos en sus pócimas, con una clientela creciente entrega cursos para el oficio de barista. Dicha empresa familiar es pionera en este rubro en la Perla del Norte. 

El próximo salto es hacia la Región Metropolitana, en donde la industria asociada al consumo de los delicados granos es más antigua, masiva y popular. Ya en la década de los 50 del siglo pasado se empiezan a producir en la industria de la loza destinada al uso del café y del ocio creativo nuestros propios artefactos, ya sea en tazas, lecheros y otros bellos adminículos destinados a degustar un buen café.

El boom de los cafés con piernas, que hizo de la capital una visita obligada de turistas, empresarios, hombres y mujeres a dichos espacios, tuvo discusiones asociadas a la ética, ya que mujeres jóvenes y guapas exhibían su anatomía tras la barra. Incluso se supo de cafés donde la oferta de las señoritas iba mucho más allá que un simple café. Independientemente de este factor, la Región Metropolitana desde la mayoría de sus comunas cuenta con una amplia oferta de cafés para todos los gustos. Hoy, los cafés tradicionales del Paseo Ahumada, con sus amplias barras, siguen deleitando a clientes que visitan los mismos desde hace décadas. 

No se quedan atrás comunas aledañas al Gran Santiago, ya que en la preciosa comuna de Isla de Maipo las prácticas inherentes a la industria del buen café encuentran gratas expresiones en distintas cafeterías que se ubican a lo largo de su calle principal, la avenida Santelices. Un matrimonio emprendedor y que cuenta con un minúsculo pero agradable café, la cafetería Elephant Coffe & Cake, trabaja con muy buenos granos colombianos y tienen cerca de 4.500 seguidores en sus redes de Instagram.

Cómo no recordar a Aldo Enzo Pistacchio Sassarini, un gran amigo católico, apostólico y romano que hacía de su ristretto una devoción diaria, al igual que su devoción con su familia y con la democracia en el mundo. Él ya reposa en el cielo de los buenos italianos. 

El puerto de Valparaíso no ha quedado incólume a los influjos de las prácticas cafeinómanas y conviven, especialmente en el plano de la ciudad puerto, decenas de buenos cafés ubicados cerca del Congreso Nacional y con una gran oferta en materia de granos y delicados servicios asociados a esta cultura. Viajeros, politicos(as), empresarios(as) visitan estos lugares delicados y placenteros. 

No tengo la experiencia en el sur de Chile, pero por la naturaleza del clima, sus habitantes occidentales chilenos(as) y migrantes europeos(as), su consumo y prácticas alrededor de este, deben estar muy presentes en su cotidiano vivir.

Hay cafés que marcan tendencias y que se encuentran de moda entre muchos esnobs del café y sus reuniones políticas, de negocios o simplemente amicales. Hay que estar ahí para ver y ser visto, mejor aún si es en torno a los elíxires de la oscura y deliciosa bebida. 

Hace un tiempo y a una cuadra del Palacio de La Moneda marcaba esta tendencia el café C. Allí se congregaban políticos de todos los espectros, empresarios, empleados públicos y privados, donde los primeros de estos agotaban parte de sus 45 horas semanales de trabajo. Hoy sin dudas les quitarán este tiempo a las 40 horas previstas en la nueva ley, pero ni modo, pertenece a la cultura chilensis el burlar las reglas. Hecha la ley, hecha la trampa, a contrario sensu la ética de los empleados públicos alemanes, los cuales desde hace mucho tiempo trabajan desde las 8 de la mañana hasta las 16:00 horas de corrido y solo con estrictas pausas a las 11 de la misma jornada para un café y, si alguien lo requiere, también un cigarrillo, desarrollan su día laboral. Después de estas pausas, más la del almuerzo, se marchan felices a realizar sus vidas particulares.

Al final del día y en cualquier lugar del mundo, almuerzos familiares, cenas de negocios, encuentros románticos, se ven rodeados de este sano estimulante que, en dosis adecuadas, es beneficioso para las actividades de todo tipo del ser humano.

Hace unos días, una bailarina de flamenco expresó que el flamenco es como el café, envicia. En tu caso solo te puedo decir que ojalá no te ofrezcan un nescafé de tarro, PUAJ.    

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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