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El intenso despliegue del diputado versus el excesivo bajo perfil de la senadora

La frágil convivencia de los liderazgos de Andrade e Isabel Allende en el PS

por 28 octubre, 2015

La frágil convivencia de los liderazgos de Andrade e Isabel Allende en el PS
El repliegue mediático que ha caracterizado a la timonel socialista llevó inevitablemente estos meses a que ese “vacío” fuera llenado por el ex timonel, quien no solo tiene una presencia permanente en los medios de comunicación sino también cumple un papel relevante en la articulación política de la colectividad, ejercido desde la bancada parlamentaria. “Andrade sigue activo, no ha bajado ni su visibilidad ni su agenda de actividades”, reconoció un parlamentario socialista.
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Un viejo refrán dice que “los cuidados del sacristán van a terminan matando al cura”, frase que grafica lo que en el seno del PS se conversa hace meses sobre el excesivo cuidado que aplica el entorno de la timonel del partido, Isabel Allende, para mantenerla al margen de la coyuntura política. Esto ha generado un “vacío” interno que sigue llenando a plenitud el ex presidente de la colectividad, Osvaldo Andrade, un despliegue público y privado que no pasa inadvertido para nadie en las huestes socialistas y que saca ronchas entre algunos cercanos de la senadora.

El 30 de julio –a más de dos meses de haber asumido las riendas del partido– se publicó la primera señal de una tensión latente que existía en el PS. Una breve nota de Revista Qué Pasa consignó que a la actual timonel socialista “le irritó la imagen de Andrade liderando el fin de semana pasado  el 'Cónclave Social' por una nueva Constitución, organizado por los movimientos que promueven la Asamblea Constituyente y varios dirigentes oficialistas que convocaron a más de 800 personas, en su mayoría militantes de base de la Nueva Mayoría (…) manifestó su molestia al interior de partido por el rol de Andrade y otros dirigentes en la convocatoria, pues generaba un ruido innecesario a la espera del cónclave con el gobierno del 2 de agosto”.

Pero lo cierto es que el tema era comentario obligado mucho antes de eso. En los meses previos, parlamentarios y asesores de Gobierno que habían apoyado a Allende en las internas socialistas hacían notar en privado, medio en broma y medio en serio, que Andrade hablaba mucho, que no se había dado cuenta de que ya no era el presidente del PS.

Desde el primer día, la senadora marcó un punto gravitante, precisó que no hablaría todos los días con la prensa ni menos que opinaría de todo lo que le preguntasen, premisa que ha cumplido cabalmente y que la llevó, incluso, a que optara por salir sin hacer declaraciones el día de su debut público en el comité político de La Moneda, cuando todas las miradas estaban sobre ella y todo era ganancia pura por ser la primera mujer en llevar las riendas del PS.

Una diferencia no menor con el estilo de Andrade que, además de la fácil llegada y buena disposición para opinar, tiene una ironía a flor de piel que hace el deleite de los medios de comunicación.

El punto es que esa decisión de la senadora no siempre le ha jugado a favor y –según reconocen en el partido– ha implicado un debilitamiento de la presencia pública del PS, ya que el rol de cabeza del partido lleva por añadidura la necesidad de una vocería política fuerte y permanente.

Ya han pasado cinco meses desde que asumió la presidencia y entre los asesores cercanos de Allende se asume que hay una deuda importante en este punto, en el tipo de liderazgo que está desplegando, más allá del hecho indiscutido de que a ella, por carácter y forma de ser, no le gusta la confrontación, que siempre tiende a esquivar el conflicto.  “Isabel no es cuñera y tiene un equipo que no tiene el peso para estar a la altura que requiere el liderazgo de conducir el Partido Socialista”, reconoció un asesor del círculo más cercano a la senadora.

La opinión sobre su equipo de trabajo es compartida en el partido. Más allá de la buena voluntad e intenciones, explicaron en el PS que operan con la lógica a la que están acostumbrados hace años, la de un staff parlamentario regional, hablar con los hechos consumados, la premisa característica del trabajo en el Congreso de salir públicamente cuando hay que “justificar el voto”.

Otro factor que influye en este perfil ajeno a la coyuntura de la senadora es que hasta ahora es el mejor nombre que se perfila en el PS y en la Nueva Mayoría con miras a las presidenciales del 2017. Al respecto, no hay que olvidar que obtuvo un 41% de evaluación positiva en la última encuesta CEP, ubicándose en el segundo lugar del ranking, solo un punto más abajo que Marco Enríquez-Ominami. Ese escenario hace que su equipo redoble los cuidados por mantenerla al margen de los conflictos de la agenda política, al punto –critican– de tenerla encapsulada.

“Andrade opinaba de todo y todos los días, la Isabel no, es un estilo distinto, legítimo y responde a la estrategia de cuidar su liderazgo para una posible candidatura presidencial”, precisó un diputado PS.

El problema es que las presidencias de los partidos son una plataforma compleja y peligrosa para pavimentar una carrera hacia La Moneda, en todas las colectividades hay ejemplos de que han terminado sucumbiendo en sus aspiraciones, porque sus liderazgos fueron dinamitados por el propio ejercicio de la conducción de sus colectividades. “Ese es un dilema, es muy difícil compatibilizar el liderazgo que debe tener un presidente de partido con otras aspiraciones”, recalcaron en el propio PS.

“El secretismo que caracteriza a La Moneda está muy reñido con la visión que de verdad tiene Isabel Allende de cómo debe actuar un Gobierno con su coalición, pero, a pesar de eso, es una decisión de ella no golpear públicamente a La Moneda ni a la Mandataria, lo que es muy valioso y respetable”, recalcó uno de los asesores políticos de la presidenta del PS.

Así, el repliegue mediático de Allende generó inevitablemente un “vacío” que ha sido llenado estos meses por el diputado Andrade, quien no solo tiene una presencia permanente en los medios de comunicación sino también cumple el papel de la articulación política de la colectividad, rol que ejerce desde la bancada. “Andrade sigue activo, no ha bajado ni su visibilidad ni su agenda de actividades”, reconoció un parlamentario socialista.

La sombra

No hay dos opiniones en el PS para asegurar que entre el ex timonel y la presidenta del PS hay una buena relación, que conversan muy seguido, siempre, que se reúnen habitualmente y que no tienen conflictos ni pugnas de ninguna índole. “Es al entorno de la Isabel, a sus sacristanes a los que le molesta que Andrade le puede hacer sombra, que sea un timonel de facto”, afirmó un diputado PS.

Sea así o no, lo concreto es que hasta la fecha Andrade fue parte del engranaje político que se desplegó la semana pasada para operar en el Senado y lograr, así, que fuera aprobada la nominación presidencial de Jorge Abbott como Fiscal Nacional; fue elegido el jueves pasado por la bancada para integrar la comisión Caval II y es carta cantada a llevar el protagonismo público y privadamente de esa instancia investigadora; es opinión obligada para evaluaciones políticas de la contingencia, ante los avances de la reforma laboral, el proceso constituyente y  hace las veces de “escudero” de la Presidenta Michelle Bachelet con sus declaraciones, especialmente para enfrentar a la oposición, cada vez que sea necesario.

Además, tiene una impronta no menor en la bancada de diputados PS, la que mayoritariamente votó por la lista de Allende en las internas. Afirman que su opinión política entre los diputados tiene peso, es permanentemente consultada, tiene buena sintonía con la mayoría de sus pares a pesar de las discrepancias, articula políticamente, un manejo lógico para alguien que –según recalcan varios en el PS– “navega en la orgánica del partido”, a diferencia de la timonel Allende, que nunca se ha involucrado mucho en la interna de la colectividad.

Las últimas semanas son un fiel reflejo del despliegue del diputado. El domingo 18 de octubre dio una extensa entrevista en La Tercera en la que repasó políticamente lo que fue el libreto de errores políticos cometidos por el oficialismo en la fallida nominación de Enrique Rajevic a la Contraloría General y donde sentenció que “no siempre se ve al comité político como un grupo homogéneo”, al tiempo que reconoció que en ese episodio “todo fue bien nefasto. Si yo fuese senador de la derecha y veo que en la coalición de enfrente se producen discrepancias y veo, además, que el que encabeza este proceso, en este caso el ministro Burgos, también incorpora una dosis de 'en esto me estoy jugando el pellejo', veo una debilidad. Y si veo una debilidad, naturalmente trato de sacar provecho”.



Este domingo 25 de octubre, estuvo en 'Estado Nacional', donde puso el acento en la reunión de Bachelet con los ex mandatarios por el proceso constituyente y el despliegue crítico que tuvo Sebastián Piñera en ese momento: "Creo que es un gesto político de mayor nivel (...) lo interesante es que el Presidente Piñera se suma al debate y creo que nadie en Chile se debe sustraer del debate".

La semana pasada, por invitación del timonel de RN, Cristián Monckeberg, asistió a la sede de dicho partido opositor en calle Antonio Varas para exponer y debatir ante una nutrida audiencia sobre la reforma laboral.

Entre quienes conocen a Andrade, sus cercanos, explican que su despliegue permanente pasa y se explica desde la premisa de actuar acorde a la responsabilidad política a la que obliga el momento que vive el partido, la Nueva Mayoría y el Gobierno, algo que muchos le han escuchado decir al diputado en innumerables ocasiones.

“Ordena y funciona siempre desde esa responsabilidad”, explicaron en la bancada. Como ejemplo ponen eso de ser el “escudero” de Bachelet, papel asumido hace tiempo, sin ser un miembro del círculo íntimo de la Mandataria, se conocen de toda la vida, hay respeto y cariño, pero no estuvo en la lista de invitados al cumpleaños de la Presidenta en su casa.

No es que Allende no ejerza su rol. Desplegó un papel no menor, pero reservado, para alinear a las huestes oficialistas en el Senado para la votación de Rajevic, liderazgo que también desplegó en las reuniones los días previos en La Moneda, donde se puso el énfasis en la necesidad de respaldar a Bachelet y la unidad de la Nueva Mayoría a la hora de votar.

En el PS destacan que, además, le ha dado un “nuevo estatus” a la presidencia del PS con la impronta que genera su apellido en el exterior y sus contactos con la izquierda europea más influyente, el PSOE y el Partido Laborista.

Pero el mayor aporte de Allende estos meses, coinciden en el PS, es poner el foco en la lealtad a toda prueba con La Moneda y, en especial, con la Presidenta Bachelet. Eso, a pesar de que sectores del partido le han planteado a la senadora la necesidad de hacerse respetar ante lo que se consideran “maltratos” innecesarios desde Palacio con la presidenta del PS y su gente, que pasan desde no acceder a la reiterada petición de poner algunos nombres de su lista en cargos gubernamentales, hasta no cumplir con los gestos de informar previamente de decisiones relevantes.

“El secretismo que caracteriza a La Moneda está muy reñido con la visión que de verdad tiene Isabel Allende de cómo debe actuar un Gobierno con su coalición, pero, a pesar de eso, es una decisión de ella no golpear públicamente a La Moneda ni a la Mandataria, lo que es muy valioso y respetable”, recalcó uno de los asesores políticos de la presidenta del PS.

Todos coinciden también en el partido que ello responde a una premisa de la senadora, que casi se ha transformado en un sello de su estilo: su respeto irrestricto a la institucionalidad, más allá de las personas, es a las instituciones y cargos republicanos.

Pero, no obstante eso, en su círculo se reconoce que su liderazgo en la presidencia socialista “está al debe”.  El próximo año, Andrade será el presidente de la Cámara de Diputados y, por ende, su presencia e injerencia política serán aún mayores que estos meses, mientras que Allende deberá tomar una decisión no menor.

Entre sus asesores políticos se advierte que la timonel atraviesa una transición interna que pasa por tomar la decisión de qué tipo de liderazgo impondrá a futuro, mantenerse como hasta ahora, con las implicaciones que eso tiene en desdibujar la imagen del PS, o dar un giro, marcar un hito, lo que implica –agregaron– cambios profundos en su equipo de trabajo.

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