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Opinión

Frente Amplio: ¿Fin de la fragmentación de la izquierda?

por 19 febrero, 2017

Frente Amplio: ¿Fin de la fragmentación de la izquierda?
El nacimiento del Frente Amplio no implica mecánicamente la maximización de la posible sinergia entre las fuerzas políticas y sociales que a él concurren o adhieren, sino tan solo uno de muchos pasos necesarios para aquello. Otro esencial es la transformación de una cultura política competitiva, calculadora, mezquina y chovinista con la que cargamos, la que a su vez se relaciona con la persistencia de una forma machista (o patriarcal, según se prefiera) de hacer política y construir organización social que hay que desalojar.
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La respuesta a esta pregunta no es cerrada ni categórica en sentido afirmativo o negativo, ni tampoco se trata de un escenario ya cerrado, sino que es una cuestión en pleno desarrollo, con un dinamismo difícil de predecir en sus resultados y, por tanto, susceptible de ser conducido en una determinada dirección. El escenario recién descrito justifica la utilidad de esta columna.

La aglutinación de las fuerzas de izquierda en el Frente Amplio (FA) si bien se enmarca y es posibilitado por procesos sociales de construcción y movilización en que diversas fuerzas y expresiones políticas hemos desarrollado convergencias, no debe leerse con excesivo entusiasmo respecto de los niveles subyacentes de unidad política, sino observados con rigor para poder establecer los puentes requeridos y subsanar las deficiencias donde existan.

Un mérito sin duda es el establecimiento de ciertas banderas rojas o criterios programáticos y estratégicos mínimos que forman el corazón del Frente Amplio, que le dan sentido y permiten a la vez sumar fuerzas con un amplio grado de diversidad a la vez que el trabajo conjunto de ellas podría bajo esos lineamientos involucrar transformaciones significativas en el escenario político-social chileno.

No obstante, ¿No era acaso esta capacidad de aglutinación y acuerdo político una movida absolutamente lógica desde una racionalidad que no esté dispuesta a la marginalidad o el carácter meramente testimonial de la acción política a nivel nacional? En otras palabras: ¿No era sino de Perogrullo la necesidad de tener la altura de miras suficiente para trabajar por la unidad política en condiciones de una posición debilitada de la izquierda en la post-dictadura?

El nacimiento del Frente Amplio no implica mecánicamente la maximización de la posible sinergia entre las fuerzas políticas y sociales que a él concurren o adhieren, sino tan solo uno de muchos pasos necesarios para aquello. Otro esencial es la transformación de una cultura política competitiva, calculadora, mezquina y chovinista con la que cargamos, la que a su vez se relaciona con la persistencia de una forma machista (o patriarcal, según se prefiera) de hacer política y construir organización social que hay que desalojar.

Los últimos meses e incluso las últimas semanas hemos sido testigos de fuertes procesos de debate, de conflicto e incluso de fractura al interior de las principales corrientes políticas que hoy integran el Frente Amplio. Más allá de las polémicas entre las distintas partes en cada caso, es claro que la particular configuración del momento político vuelve más cruciales las definiciones políticas, y somete a estructuras orgánicas frecuentemente débiles, nuevas y no siempre sujetas a suficiente regulación democrática, a una presión y una ansiedad a la que nuestro sector no estaba acostumbrado.

Lo que urge comprender es que ese cambio de escenario nos exige una respuesta cualitativa y cuantitativamente más potente, puesto que ya no estamos disputando una federación por aquí o una junta de vecinos por allá, ni presentando candidatos testimoniales para despotricar contra el régimen: Nos estamos entregando a la gesta histórica de aprovechar una crisis de la legitimidad neoliberal para abrir un nuevo capítulo en la historia de Chile, y allí ya no cabe la mezquindad.

Del mismo modo en que no hay atajos ni palancas mágicas para hacer cambiar las páginas de la historia, en el sentido de que en conjunto con la necesaria disputa institucional la recomposición de la organización popular es fundamental, no existen ni deben buscarse en los partidos ni en el Frente Amplio resquicios para la imposición de las tesis ni la generación de unidad en la acción. No necesitamos maquiavélicas maniobras sino sacar a la luz nuestras mayores virtudes y explotar nuestras potencialidades.

Aunque se logre hacer prevalecer una apuesta estratégica por sobre otra a costa de fragmentar organizaciones políticas, probablemente después esa discusión se reproducirá entre esas fracciones al interior del Frente Amplio (como es posible hoy señalar que ocurre entre Izquierda Autónoma y Movimiento Autonomista), con la complicación de que ahora será con relaciones humanas dañadas y tensiones políticas exacerbadas.

Solo un debate honesto, amplio, documentado y democrático permitirá una resolución favorable de las encrucijadas a las que nos enfrentamos hoy en día como izquierda y como pueblo.

Además, nuestra salida de la marginalidad también implica que estamos y nos encontraremos sometidos a un creciente escrutinio público. Y para enfrentar esto debemos ser a la vez valientes e inteligentes. Tomando una lección de una fuerza política que nos lleva amplia ventaja en cuanto a sus conquistas en términos de superación de un duopolio neoliberal - PODEMOS en España, particularmente en función de declaraciones recientes de Pablo Iglesias – debemos ser capaces de rendir cuenta al país de nuestros propios procesos internos equilibrando la transparencia y por otro lado la inteligencia en el sentido de no exponernos innecesariamente al ataque de los principales medios de comunicación, que buscarán obstaculizar nuestro desarrollo. El lema que resonó en el cierre de Vistalegre II nos vendría bien: Unidad y Humildad.

Si es que verdaderamente lo que nos importa es conseguir avances que beneficien a las mayorías, la tarea es ardua pero clara tanto al interior de los partidos, entre las fuerzas que constituyen el Frente Amplio y en la relación de éste con los movimientos sociales: ser feroces en la autocrítica, tenaces en la unidad y la fraternidad e incansables en la lucha y la creatividad.

El fin de la fragmentación de la izquierda no se ha alcanzado ni está necesariamente garantizado, depende de nuestra búsqueda activa de su consecución.

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