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PAÍS

El estilo "patrón de fundo" de Nicolás Monckeberg en el Ministerio del Trabajo

por 22 mayo, 2019

El estilo
Quienes conocen al ministro destacan su carácter obsesivo y la fijación, a veces extrema, por su figuración pública. De genio ligero y el enojo a flor de piel, Monckeberg manejaría la cartera del Trabajo como el dueño del circo, como "un patrón de fundo". Tras un primer año "parejito", donde no destacó mayormente, excolaboradores describen su personalidad como "acaballada" y predispuesta al secretismo en el manejo de los proyectos de ley, los que impulsa motivado más –aseguran– por su agenda personal que por política pública. Como ejemplos de esto, destacan la iniciativa del 4% de cotizaciones extras y la indemnización por años de servicio, ambas propuestas presentadas de manera unilateral y que no estaban en el programa de Piñera. Como cabeza del Ministerio del Trabajo y Previsión Social, el secretario de Estado ahora tiene el desafío de liderar la cuestionada reforma al sistema de pensiones y la agenda de modernización laboral, además del conflicto por la reforma al Sence.
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Nicolás Monckeberg hace algunos años dejó de ser la promesa de la renovación de la centroderecha de la década del 2000. El diputado más joven del Congreso, nombrado como uno de los cien líderes del país, partió siendo una máquina electoral, después que en 2010 rompiera el doblaje de la Concertación y lograra ser electo para la Cámara de Diputados por Cerro Navia, Lo Prado y Quinta Normal. Un triunfo que lo catapultó como uno de los hombres claves de la derecha, aunque nunca logró superar a la diputada Cristina Girardi (PPD) en el distrito, un dolor que le pesa hasta hoy, según sus cercanos.

Estuvo casi veinte años en el Congreso, lugar en que invirtió una buena parte de su tiempo en la comisión de Trabajo, por eso a nadie le extrañó que el Presidente Sebastián Piñera lo dejara a cargo del ministerio del área en su segundo mandato. En Palacio recalcan que tiene “línea directa” con el Mandatario, tanto así que muchas veces se ha saltado la intermediación del ministro Gonzalo Blumel y del jefe del segundo piso, Cristián Larroulet.

A pesar de que en La Moneda calificaron con buena nota su primer año como ministro, al interior del oficialismo reconocen que no destacó, ni para bien ni para mal, sino que estuvo “parejito”. Este sitial, de poca figuración pública, apenas pudo ser roto por el conflicto que mantuvo con los trabajadores eventuales del Puerto de Valparaíso y la polémica por su desvencijada apariencia a los 45 años. De proyectos no se vio mucho, ya que las reformas al sistema de pensiones y flexibilización laboral fueron pateadas una y otra vez por el Ejecutivo para su tramitación.

En otro sector en donde el ministro no tiene muy buena llegada es en Sanhattan y entre los líderes gremiales. La verdad es que no lo conocen mucho ni tiene línea directa con ellos y siempre se le ha visto más como un político que un negociador. Un excolaborador del secretario de Estado destaca que “existe desconfianza en el mundo empresarial y gremial, del más alto nivel, respecto de su forma de actuar. Son varias personas que no quieren o no han querido trabajar con él porque encuentran que no tiene límites en su afán personal de protagonismo".

El 2019 comenzó distinto, el ministro ha logrado titulares de portada, “algo que le gusta mucho”, bromea un parlamentario cercano a Monckeberg. “El Nico” –como le llaman sus amigos– ha estado en el centro de la atención con las reformas de pensiones y laboral, pero no necesariamente como él esperaba. En una entrevista en Radio La Clave, el ministro destacó que si un trabajador, “en vez de las 9 de la mañana llega a las 07:30, se va a demorar 20 minutos a la pega y va a llegar a su casa por lo menos una hora y media antes, porque no se va a ir a la hora del taco”.

La frase le fue rebatida in situ por el periodista Fernando Paulsen y el ministro Monckeberg corrigió sus dichos: “Si se permitiera que hubiera varias jornadas de trabajo, habría mucha menos probabilidad de que se concentre todo a la misma hora”. Pero su rectificación no fue suficiente y las redes se llenaron de críticas y memes con el ministro teletransportándose.

Fue un momento “complejo”, reconocen desde el círculo ministerial de Monckeberg. Su planificación comunicacional para lanzar uno de los proyectos estrellas de la cartera del Trabajo y Previsión Social, con esa intervención, se fue directamente al tarro de la basura. Tal fue la preocupación del ministro, que él mismo llamó a diversos medios medios comunicación y se contactó con los periodistas que estaban redactando la noticia, con el fin de explicar sus declaraciones.

Otro momento conflictivo para "el Nico” fue la tramitación del proyecto de reforma al sistema de pensiones. El rechazo del diputado DC Raúl Soto, en la Comisión de Trabajo de la Cámara, generó un huracán al interior del Gobierno, que daba por hecho el apoyo de la falange a la idea de legislar. La tarea de la negociación era de los ministros Larraín, Blumel y Monckeberg, quien le habría hecho una “irrechazable” propuesta a Soto, de acuerdo a un parlamentario de Chile Vamos. Soto no cedió y rechazó la propuesta en la comisión y en la Sala, donde finalmente se aprobó la idea de legislar con votos de la DC y los radicales.

Pero la teleserie no terminó allí, a pesar de la felicidad tras la aprobación en general del proyecto, el ministro de Hacienda Felipe Larraín sembró el caos, al señalar que “no necesariamente” un ente público administraría el 4% extra para el sistema de capitalización individual.

Tales declaraciones causaron una profunda molestia, ya que iban totalmente en contra de lo pactado con la Democracia Cristiana, que exigió que fuera el Estado el que administrara esos recursos.

En entrevista con El Mostrador, el titular del Trabajo le bajó el perfil al conflicto y destacó que en la reforma no hay letra chica y reforzó la idea de que el 4% fuera administrado por un ente estatal. Este punto de la reforma sería de su autoría, ya que no estaba incluida en el programa original de Gobierno.

Esa forma de trabajar, motivada por la agenda propia, según excolaboradores, se puede apreciar en otros proyectos del ley. La búsqueda permanente por destacar lo habría llevado a plantear iniciativas legislativas de manera unilateral y sin base técnica.

Uno de esos proyectos fue la “Ley de Obras o Faenas”, que tampoco estaba en el programa de Sebastián Piñera y que sacó adelante solamente porque fue una moción parlamentaria que contaba con su rúbrica de su periodo de diputado. En un dolor de cabeza se convirtió también el proyecto de indemnización por años de servicio, una iniciativa que al igual que la del 4% extra y de la Ley de Obras, tampoco contemplaba el programa del actual Mandatario, pero que –según un exasesor de la época– Monckeberg “la impulsó solo porque una vez se lo dijo a una periodista en una entrevista y no se atrevió a decir que era un error y, en su intento personal, embarcó a todo el Gobierno".

Estas formas de proceder –reconoce un excolaborador– están comandadas por una de sus principales debilidades: su afán por aparecer ante las cámaras y captar la atención de la prensa. “Lo disfruta mucho”, dicen. Por esta razón es que el protagonismo que alcanzó la ministra de Transportes, Gloria Hutt, en medio de paro de los trabajadores eventuales del puerto en Valparaíso, habría despertado la molestia en Monckeberg.

La idea era que el ministro se ocupara de los trabajadores, mientras Hutt contenía a los empresarios, en especial la familia Von Appen, pero Pablo Klimpel recuerda que en las mesas de negociación siempre estaban ambos ministros o sus asesores. Este esfuerzo conjunto, sin embargo, no se vio reflejado en rédito comunicacional para Monckeberg y, es más, la ministra Hutt fue quien logró capitalizar el fin del conflicto y se disparó en las encuestas, hasta sonar incluso como posible candidata presidencial. Otros secretarios de Estado con los que habría chocado por la atención de la prensa en conferencias, serían las ministras Isabel Plá y Cecilia Pérez y el ministro Alfredo Moreno.

Un excolaborador señala que Monckeberg tiene una personalidad “acaballada” y que sus reacciones “son de desesperación cuando ve mermado su protagonismo. Suele presentar proyectos sin participación y se maneja en ellos con secretismo".

El jefe

Si hay algo en lo que coinciden todos sus colaboradores y extrabajadores es en que Nicolás Monckeberg es obsesivo con el trabajo. La periodista Ángeles Noudón lleva años trabajando junto a él, actualmente se desempeña como asesora externa del ministro y destaca que “trabajar con Nicolás es un desafío de los buenos. Hay que aprender a llevarle el ritmo, porque es un jefe inteligente, exigente y minucioso, que no descuida prácticamente ningún detalle. Al mismo tiempo, reconoce las buenas ideas de los demás y las agradece”.

El carácter trabajólico hace que su equipo esté siempre “a full”. Una carga laboral y horaria que ha llevado a que se generen distintas rotaciones en su cartera, principalmente en el área de comunicaciones.

A fines del año pasado, llamó la atención la salida de un asesor y de dos jefas de prensa, Marcela Doll y Andrea Hasbún. Esta última trabaja actualmente trabaja en la Cámara Nacional de Comercio (CNC), lo que captó la atención del mundo empresarial, ya que el Ministerio del Trabajo y Previsión Social se ha visto enfrentado con la CNC por las cifras de desempleo.

Al explicar por qué dejó su labor en el ministerio, Hasbún señala porque no le era “tan fácil compatibilizarla con las exigencias de mi vida personal y familiar”. Destaca que era “una pega que me entretenía mucho y donde lo pasaba bien” y que tiene los mejores recuerdos del ministro, quien es “una persona trabajadora e intensa, pero cercana”.

La historia de Marcela Doll, reconocida periodista en la centroderecha, parece ser otra. Llegó en marzo al ministerio y alcanzó a estar solo dos meses en la jefatura de comunicaciones.

La periodista no habría congeniado nunca con Monckeberg, lo que desató fuertes diferencias de opinión entre ambos. En el ministerio recuerdan que su relación “era tensa”, porque “el ministro no sabe recibir recomendaciones”. Un asesor de Gobierno cuenta que hasta La Moneda llegó la notificación de que la periodista había sido retada “a gritos” por el ministro, razón por la que fue trasladada hasta el Sence, a pesar de que allí recibiría un millón de pesos menos de sueldo.

Desde el círculo de Monckeberg manifiestan que la relación de ambos no fluyó, pero que nunca se registró un intercambio a gritos ni maltrato por parte del ministro. Agregan que ella fue trasladada al Sence, donde se necesitaba a alguien con experiencia, debido al cambio de estructura de dicho servicio. El Mostrador se contactó con Doll, pero no recibió respuesta.

Otro nombre que llamó la atención es el de Sergio Morales, abogado del Instituto Libertad y Desarrollo que llegó con bombos y platillos a asesorar al ministro y al subsecretario, pero que en septiembre se trasladó a la Dirección del Trabajo. Su cambio generó ruido al interior del ministerio, porque su ingreso al equipo había sido comprometido. Morales explica que su cambio fue conversado con el ministro Monckeberg y que él se ofreció a “asumir el tema de los servicios mínimos en la Dirección del Trabajo, porque lo consideramos un tema clave y que necesitaba apoyo”.

Entre los asesores que trabajan para el Gobierno, Monckeberg es reconocido como uno de los “jefes fatales, siempre quiere todo para ayer”. Tanto así, que cada vez que tiene una pauta de prensa, a la hora después está haciendo el seguimiento de sus apariciones y se ofusca si otro ministro o ministra aparece más que él en los medios. Destacan que tiene un “genio ligero”, “la chuchá en la punta de la lengua” y que en diversas ocasiones “chispea los dedos” para acelerar el trabajo.

En el Congreso lo recuerdan como un “hombre muy simpático, dicharachero y amable", pero que se transforma cuando se enoja, es como un "patrón de fundo”. Posición que le ha generado diversos conflictos con sus subalternos, incluidos sus trabajadores mientras era diputado. Sus amplias redes en el Congreso hacen, sin embargo, que pocos se atrevan a hablar sobre el tema abiertamente.

Un punto conflictivo para su administración fue el proceso de despidos cuando comenzaba el Gobierno. El 19 de abril de 2018, la jefa de gabinete del ministro, Andrea Mackenney, citó a una serie de funcionarios para notificarlos de sus despidos “por necesidad” del empleador. En dicha pasada fueron despedidos funcionarios contratados en la administración de Michelle Bachelet, pero también algunos trabajadores históricos del ministerio. En el encuentro, Mackenney instó a los funcionarios a firmar una carta de renuncia voluntaria, según relatan los afectados en una serie de denuncias por despido injustificado. Solo una trabajadora firmó.

Uno de esos casos es el del experiodista del exsubsecretario Francisco Javier Díaz, quien en enero de este año ganó un juicio en el Segundo Juzgado de Letras de Santiago, en el que se sentenció al fisco a pagar más de $36 millones, resolución a la que apeló el Consejo de Defensa del Estado (CDE), según consignó La Tercera. Desde el ministerio destacan que todas esas causas fueron falladas a favor del Estado y que solo una queda en tramitación, pero que aún no se tienen resultados.

Según los afectados, el ministro Nicolás Monckeberg nunca se mostró dispuesto a conversar con ellos, ni siquiera accedió a tener una reunión con los despedidos o con la Dirección del Trabajo, que les prestó ayuda. Es más, uno de sus asesores legislativos les informó que el secretario de Estado no tenía interés en tomar el tema de los despidos en la cartera.

Negociador dicharachero

El ministro Nicolás Monckeberg es un campechano “bueno para la talla”, no le teme al ridículo y, como ya mencionó este reportaje, tiene cierta debilidad por las cámaras, tanto así que no le importó que se le quemara la cena preparada para el programa “La Divina Comida”, de Chilevisión. Su fanatismo por el Colo Colo es sincero, le gusta una buena parrillada y hacer karaoke con las canciones de Zalo Reyes, “se las sabe todas”, destaca María Ángeles Naudon.

Tras volver de sus estudios en Harvard, el ministro del Trabajo decidió incursionar en la política, siguiendo los pasos de su abuelo Gustavo Monckeberg Barros, ex diputado de RN. Fue un joven concejal de Santiago y luego pasó a ser diputado. Dentro de la bancada de RN se destacó de inmediato. Tenía una gran capacidad de gestión, lo recuerdan siempre buscando acuerdos, “pero en verdad él tejía redes”, destaca un parlamentario de la Comisión de Trabajo. También lo recuerdan por tener jornadas extensas en el Congreso y quedarse hasta altas horas de la noche trabajando, “eso de extender la jornada laboral, no me extrañó, él puede tener por más de doce horas trabajando a su equipo”, agrega un exasesor del Parlamento.

La faceta de los acuerdos de Monckeberg no es conocida por todos los miembros de la comisión de Trabajo. Destacan que los subsecretarios Fernando Arab y María José Zaldívar son los que tienen más presencia en dicha comisión y que el ministro no maneja bien los detalles de los proyectos. Él “se mueve más por el lado afectivo”, intenta hacerse amigo de los diputados y “llega por la buena onda” y “es bien cuentero”, destacan desde la comisión.

“El ministro ha señalado que tiene voluntad de trabajo y diálogo con los distintos sectores, pero en cada uno de los proyectos no lo hemos visto. En los proyectos del Estatuto Laboral Joven, Teletrabajo y Reforma de Pensiones ha mantenido una postura cerrada, no disponible al diálogo, sino a imponer una agenda sumamente ideológica”, destaca la diputada Gael Yeomans (FA).

Pero al ministro le gusta pelear los proyectos hasta el final e insiste con el círculo de confianza que construyó durante sus años como parlamentario. Allí sus principales aliados serían el diputado Tucapel Jiménez (PPD) y la senadora Carolina Goic (DC). Pero en la Reforma al Sistema de Pensiones, según la diputada Yeomans, llamó “la atención que el ministro del Trabajo, muchas veces, tuvo menos preponderancia que lo que fue marcando en agenda el ministro de Hacienda”, un hecho que fue notado por el oficialismo y la oposición en el Congreso.

En otro sector en donde el ministro no tiene muy buena llegada es en Sanhattan y entre los líderes gremiales. La verdad es que no lo conocen mucho ni tiene línea directa con ellos y siempre se le ha visto más como un político que un negociador. Un excolaborador del secretario de Estado destaca que “existe desconfianza en el mundo empresarial y gremial, del más alto nivel, respecto de su forma de actuar. Son varias personas que no quieren o no han querido trabajar con él porque encuentran que no tiene límites en su afán personal de protagonismo".

La última polémica que enfrenta tiene que ver con su exasesor, Bernardo Ramírez, exgerente de la OTIC de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), que se incorporó como asesor de la cartera de Gobierno para elaborar la Reforma al Sence.

Una vez terminado el proyecto, Ramírez volvió a la CChC, el principal organismo intermediario que capitaliza las millonarias franquicias del Servicio Nacional de Capacitación. Se le acusa de elaborar para Monckeberg una legislación hecha a la medida del gremio más poderoso del país, aunque el discurso público del ministro es que la reforma al Sence actúa en beneficio de las pymes.

A pesar de su carácter arrebatador y de su particular manera de abordar los proyectos de ley, el ministro Nicolás Monckeberg tendría el único requisito para mantenerse en su cartera: la confianza del Presidente Sebastián Piñera.

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