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Desintegración de Chile Vamos deja al sector a merced de Kast PAÍS

Desintegración de Chile Vamos deja al sector a merced de Kast

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Hernán Leighton
Por : Hernán Leighton Periodista de El Mostrador
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Uno de los más grandes temores que existía en la denominada derecha social, y también en la liberal, era que un gran impulso a favor de la candidatura de José Antonio Kast, tal como ocurrió este domingo, sacaría a flote la antigua propuesta de un partido único, situación que los desdibujaría con miras a la representación de un electorado que no comparte las posturas de la extrema derecha del Frente Social Cristiano, pero que tiene domicilio político en la derecha chilena. Esto, en medio de lo que varios estiman que puede ser la desintegración del pacto y conglomerado oficialista como se conocía hasta hoy, con una UDI que no dudó en llegar a saludar personalmente al exdiputado, y un partido RN que, por una parte, quería replicar a sus socios, pero que se vio imposibilitado de hacerlo porque mantiene dos almas en pugna en su interior y, de alguna forma, buscan diferenciarse de sus socios. En el caso de Evópoli, la manera de plegarse a la campaña en segunda vuelta se está estudiando. En lo que hay claridad, es que frente a una izquierda representada por Gabriel Boric y el PC, nadie dudaría en votar por el líder del Partido Republicano.


Si José Antonio Kast abre más o menos su programa –vapuleado de principio a fin– o si deja, sin más, entrar al oficialismo para ganar la segunda vuelta y compartir un potencial Gobierno, es finalmente un tema secundario, porque, más allá de las exigencias que públicamente se van a presentar esta semana para intentar marcar diferencias y mantener una identidad propia (RN y Evópoli), lo que está claro –y nadie ha puesto en duda– es que, teniendo al frente a una izquierda comandada por Gabriel Boric y secundada por el Partido Comunista, el contar con más o menos poder en la toma de decisiones es algo que se puede conversar con el pasar del tiempo.

Donde sí se instaló la incertidumbre es respecto al futuro inmediato de una coalición que quedó a la deriva, esto no solo por haber perdido frente a un movimiento en formación y que logró desangrarlos hasta dejarlos fuera de la carrera presidencial, sino también porque se quedaron sin su “líder”, quien a minutos de asumir su derrota anunció que dejaba la vida pública, una forma más de evidenciar el nulo feeling que existió entre su propuesta, su comando y el ideario del sector que buscó representar. De esta manera, y sin un mástil del cual sostenerse, cada uno de los partidos correrá su propia suerte en un eventual pacto político, que nadie es capaz de calcular al día de hoy.

De esta forma, y divididos respecto de cómo enfrentar en el corto plazo el objetivo primario de llegar al Gobierno –más allá de los intentos que buscarán mantener cierta identidad para no perder a su electorado–, Chile Vamos, tal como se conoce, quedó a total merced de un caudillo de extrema derecha, con vínculos con el Vox español, que los ninguneó constantemente, que los calificó de entreguistas, de derecha blanda y que les salió competir palmo a palmo en la carrera por la Cámara de Diputadas y Diputados, mordiendo a sus propios electores.

La más perjudicada fue la UDI, colectividad a la que desangraron por la derecha, lo que obligó tempranamente a la directiva a tener que soltar las amarras y dar vía libre a sus militantes, que prefirieron dejar su promesa pactada en primera vuelta y fotografiarse con el líder del Frente Social Cristiano. Fue tal el daño identitario que les propinó José Antonio Kast que, semanas antes de la elección, sus dirigentes le pidieron insistentemente a Sebastián Sichel que diera señales de acercamiento con el movimiento que corrió por fuera de Chile Vamos, una situación que no tuvo dos lecturas y que apuntó a dar por desechada desde temprano su apuesta presidencial oficial. No por nada, su presidente y secretaria general, Javier Macaya y María José Hoffmann, respectivamente, no dudaron en entregar sus primeras impresiones al lado del ganador de las elecciones del 21 de noviembre.

Los que aún tienen mucho que resolver, son los sectores que dicen representar a un electorado más liberal, que apunta al centro, y que no comparte las consignas de la extrema derecha. Misión compleja –reconocieron transversalmente–, puesto que el hecho de plegarse a su campaña, indudablemente,  os va a desdibujar en un amplio margen, considerando las duras y estrictas las posturas del sector ganador.

Y es que, más allá de que el abanderado del Frente Social Cristiano haya reiterado en varias ocasiones durante las últimas semanas de que su programa no está escrito en piedra –una forma elegante de aceptar que no alcanza para convocar ni convencer al arco oficialista–, aquello no borra que, de sentarse en la misma banca, se les enrostrará ser parte de un proceso encabezado por un ferviente defensor de la dictadura, que pone en cuestión el tema de los condenados por delitos de lesa humanidad –como el emblemático Miguel Krassnoff Martchenko, que cumple condena por más de 700 años– y que habla de contener la inmigración a través de la construcción de una zanja, o eliminar el Ministerio de la Mujer, por nombrar algunas posturas. Todas, propuestas que van en contra tanto del ideario social cristiano, como le gusta posicionarse a RN, o de un liberalismo moderno, que venía a refrescar al sector, como intenta hacerlo Evópoli.

Además, esta derecha que no comparte ni los mínimos comunes con el liderazgo del republicano, tendrá que hacerse cargo de arrastrar un programa económico cuestionado de príncipe a paje, y que Kast promete no soltarlo. En su discurso de cierre, el ex UDI puso énfasis en su apuesta de bajar los impuestos, una estrategia que tiene nerviosos a todos, puesto que –sin micrófono abierto– reconocen transversalmente la inviabilidad del proyecto y el riesgo que significa para la economía del país.

Una vez consumada la derrota de Sebastián Sichel –a quien apenas lo mencionaron de pasada los partidos que sostenían su candidatura–, el presidente de RN, Francisco Chahuán, calificó el día como histórico, e intentó marcar terreno señalando que buscarán una acuerdo programático, donde se le abra espacio a un partido que es de “centroderecha”. De todas formas, y tal como lo han hecho todas las colectividades de la coalición, dejaron en claro que están en la vereda de enfrente respecto al “comunismo”, despejando todo tipo de dudas en cuanto al apoyo al candidato de la extrema derecha.

En Renovación Nacional convocaron a un consejo general y esta mañana sostendrán una cita extraordinaria con el comité político, que es el que define qué camino tomar. En la interna existe división en torno a cómo dar el paso, lo que quedó reflejado en la determinación que adoptaron en la misma instancia la noche anterior a la elección, donde se definió que el partido no iría a saludar a Kast en caso de ganar.

En el caso de Evópoli, también están divididos en la interna con relación a cómo acercarse sin entregar señales equivocadas a su electorado. Sin embargo, lo que tampoco está en duda es que se plegarán de igual manera, todo bajo la amenaza del fantasma de la “extrema izquierda”, como repitieron varios de los consultados.

Uno de los grandes temores que existen en sectores alejados de J. A. Kast, es el de la propuesta de confluir todos en un mismo partido, siendo que la estructura actual ya no aguanta más, pero aquello –lo saben en RN y Evópoli– los obligaría a un nivel de mimetización que, “muy probablemente”, termine por dejar de representar a un electorado al que prometieron una visión que corre por el camino opuesto a aquel donde promete avanzar el sector del republicano y potencial Presidente.

Por último –aunque pasarán días para reconocerlo, pero se sabe, y hay grupos que lo van a sacar en cara–, el fracaso del proyecto político de Chile Vamos, que se vio derrotado primero en una primaria y, luego, en las presidenciales.

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