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Ximena Abogabir y el ser mayor: “Es una edad en que incluso muchos logran salir del clóset” PAÍS

Ximena Abogabir y el ser mayor: “Es una edad en que incluso muchos logran salir del clóset”

La que pareció frígida toda la vida puede confesarles a sus hijos que es lesbiana; la que siempre quiso ser actriz, entra por fin a clases de teatro, enumera la flamante autora de “Palabras Mayores”. El libro enumera intuiciones, urgencias y propuestas para una Nueva Longevidad.


Ximena Abogabir estaba en los 35 años cuando su mentora y amiga, la fisióloga y psiquiatra Lola Hoffmann, con quien tenía 43 años de diferencia de edad, le dijo que se hallaba en el mezzogiorno de la vida, etapa en que podía decidir quién ser y cómo vivir de ahí para adelante con completa libertad.

Imagínate en el mezzogiorno de la vida, en el mediodía de la existencia, a los 35, porque entonces la gente aspiraba con suerte a llegar a los 70. Yo ahora sé que viviré 100 años –dice, con sus bien llevados 76 y una viudez muy reciente y remecedora.

Periodista y publicista, creadora de dos empresas de rubros tan opuestos como la agencia de publicidad Porta y la Casa de la Paz, que fue la primera ONG de Chile ocupada de la cuestión medioambiental, Ximena es una adelantada.

Por eso, el tema que hace un tiempo era puro futuro y hoy es apremiante realidad –el envejecimiento de la población por la mayor expectativa de vida y la baja persistente en la tasa de natalidad–, la llevó a anticiparse y fundar, en 2018, Travesía 100, “una universidad” para personas mayores dispuestas a aprovechar los años que quedan después de jubilar. Los hombres a los 65 y las mujeres a los 60, como dice la ley en Chile. Ambos géneros, con un futuro de al menos 30 años más por delante, una vida entera nueva que debería ser jubilosa (concepto derivado del verbo jubilar) y no desastrosa, como está siendo para la mayoría. Y no solo por razones económicas.

Yo no soy tu abuelita

Fue hablando de estos temas, en una conferencia que le invitaron a dar en un encuentro 3xi, que la escuchó Marilén Wood, gerente comercial de ediciones Urano en Chile.

–Después me contactó para proponerme que escribiera un libro con lo que me había oído reflexionar en ese espacio. Le dije que Sergio Vergara, mi marido, se estaba muriendo y que yo no estaba en condición de empezar algo así, pero ella insistió. Me recomendó no apurarme y que lo considerara. Fue muy bueno, porque decidí ir tomando notas del duro proceso por el que estaba pasando.

Sergio, su compañero en la segunda mitad de la vida, murió de cáncer, en enero pasado. Tenía 85 años. Ella se convirtió en su cuidadora cuando él ya no pudo cuidarse por sí mismo. Un destino del que nadie está libre: cuidar o ser cuidado.

Luego vivió y aún vive el duelo. Todo eso que fue escribiendo le sirvió para publicar en octubre Palabras Mayores: Intuiciones, Urgencias y Propuestas para una Nueva Longevidad.

El libro es ágil, sensible y muy útil. Sobre todo para los jóvenes, que aún ven muy lejos la vejez y el proceso de envejecimiento, esa etapa que ella prefiere llamar longevidad. Y que si uno se anticipa y se prepara para ella –en lo físico, mental y emocional desde la infancia–, puede ser la mejor y más libre etapa de la vida.

Aunque Ximena les escribe a los jóvenes, su libro sirve mucho a quienes están entrando en los últimos 40 años de vida adulta si ponemos los 100 como una expectativa de vida cada vez más posible. Cuarenta años que son toda una vida. Marcada, además, de etapas diferentes, porque no es lo mismo ser adulto mayor de 65, 75, 85 o 95.

Ella captó que ya no era joven, pese a que se sentía en pleno uso de sus capacidades de siempre, a los 70 años, cuando la gente con quien se relacionaba empezó a tratarla con evidente paternalismo. “Me di cuenta de que, técnicamente, ya era una anciana y así me empezaron a tratar los que se relacionaban conmigo sin conocerme”, escribe. Y nos dice: “Empecé a escuchar ese tonito condescendiente como infantilizante, bienintencionado, desde la protección del que te supone vulnerable”. Ese discurso tan presente de “cuidemos a nuestros abuelitos y abuelitas”, muchas veces en boca de autoridades añosas que se excluyen de esa condición, refleja a qué se refiere.

–No me hace sentido ese trato, porque hoy somos los mayores los que estamos cuidando al resto. Yo no necesito que me cuiden. Necesito que me respeten y me consideren. La encuesta que nosotros encargamos en Travesía 100 a la empresa Criteria mostró que solo el 14 por ciento de las personas mayores de 65 son dependientes. El 86 por ciento restante, la gran mayoría, no necesita que lo cuiden, sino que no lo excluyan por su edad, que es lo que hace la sociedad –nos dice ahora.

Y agrega:

–Es natural que la atención esté puesta en ese 14 por ciento vulnerable de personas mayores no valentes. Como sociedad debemos hacernos cargo de ellos, pero hay que entender que existe un 86 por ciento que estamos activos y somos contributivos. Yo me doy cuenta altiro cuando alguien está siendo edadista. Y pongo tarjeta roja de inmediato. A mi familia la tengo toda alineada y evangelizada en esto.

Una matea bien cuidada

Anécdotas personales, estudios nacionales e internacionales, encuestas y estadísticas, le ayudan a Ximena a repensar la vejez e invitar a los lectores a dejar los prejuicios y estigmas de lado. Y entrega generosamente varios tips de maravilloso sentido común. Sirven tanto para afrontar la vejez cuando ya es un hecho como para anticiparse y prepararse para ella.

–Los resultados del estudio que le encargamos a Criteria revelan que las personas mayores nos percibimos a nosotros en buen o muy buen estado de salud. No estamos llenos de achaques. Claro, no hay nadie que, a partir de los 60 años, no le duela algo, pero nadie debe convertir ese dolor en lo que lo define. Tenemos un achaque; no somos un achaque.

Otra cuestión que está instalada en la conciencia colectiva y que la pandemia demostró que es falsa, es que los mayores son negados para la tecnología. “Con disposición y por necesidad se aprende. Con la pandemia muchos aprendieron a digitalizarse. Se derrumbó ese otro mito”, dice.

-Parte importante de 86 por ciento de los mayores que están bien deben encargarse de un ser querido que no lo está. Que pertenece al 14% vulnerable. A ti te pasó con tu marido. ¿Cómo afecta esa situación?

-Es durísimo. Hay que entender que las cuidadoras, porque mayoritariamente el cuidado es femenino por un asunto cultural, se ven duramente golpeadas. Muchas deben dejar de trabajar, por lo que hay un ingreso menos en el hogar. Cuidar 24/7 es muy desgastador. Yo fui la cuidadora principal de Sergio, pero tuve ayuda. Muchas no tienen apoyo ni de su familia, menos profesional.

Ximena agrega que a lo descrito se agrega la responsabilidad de cargar con decisiones muy importantes. “Eso es tremendo porque está siempre detrás el coro de la familia que opina y opina desde sus propios dolores e inseguridades. Ahí uno se da cuenta de lo importante que es tener habladas estas cosas previamente. Es muy difícil que hoy una familia nuclear pueda asumir la carga de un adulto mayor dependiente en todo sentido, por ejemplo”.

-¿Cómo lidiaste tú con esas decisiones tremendas?

-Yo, como la persona que había compartido con Sergio los últimos tres años juntos en un cerro y como su cuidadora principal, no solté ni un detalle. Me tomé de la mano de su oncólogo y luego del médico especialista en cuidados paliativos, ambos médicos que él eligió en conciencia y no escuché a nadie más, porque en esos trances hay muchos opinando desde la puerta. Yo sabía muy bien lo que él quería, en quién confiaba, así es que hice oídos sordos a las opiniones del resto. Hoy la gratitud que siento por ese equipo médico no tiene límites. Tuvieron la paciencia de explicarme cada paso desde su primera internación en la clínica, yo los escuchaba y resolvía sin que el ruido alrededor me confundiera.

Ximena ahora va a la casa del cerro, donde vivió con Sergio, en familia. Con sus hijos y sus nietos. Uno de esos hijos es el actual ministro de Transportes del gobierno de Gabriel Boric, el ingeniero Juan Carlos Muñoz Abogabir. Otro es Gonzalo, quien fue el Champion de la COP25, ese evento medioambiental que no se pudo hacer en Chile, a causa del estallido social en 2019.

El resto del tiempo vive en su departamento de Providencia, donde disfruta de la soledad. “No es lo mismo la soledad por opción que el sentirse abandonada. Esa es la soledad que sufren muchas personas mayores; la mía es opcional”.

Ella sabe que es una afortunada.

Dice que siempre fue “matea” y, por lo tanto, lectora, una cuestión que representa la mejor compañía. Es buena para caminar, jamás fumó. Muy temprano conoció el valor de la respiración y de la meditación. De pequeña siempre supo que alguien superior la cuidaba y valora como el mayor de los bienes las “relaciones personales”. Sostiene que hay que tener “muchas, diversas y de calidad”.

Boric no abraza guaguas por libreto

–Nosotros, las personas mayores, hoy hablamos de reinventarnos, no de rejuvenecer. No se trata de mantenerte haciendo lo mismo que a los 30, sino de que, a partir de los 60, los últimos 40 años de tu vida sean mucho más libres y flexibles. Ya trabajé, ya crié, ya pagué la hipoteca. Esta debe ser una etapa muy libre, muy propia –declara Ximena.

Sabe que esto no aplica a la población mayor en situación de pobreza y vulnerabilidad, sino a los que, como ella, han tenido estudios, una situación económica aceptable, salud, logros personales. Pero, en ese segmento, esa libertad que dan los años es real.

–Por eso, mucha gente mayor hoy sale del clóset, reconoce finalmente algo esencial de su ser que debió ocultar casi toda su vida. Esa mujer que tú pensabas que era frígida, resulta que no, pues: era lesbiana. Hace unos días en una conversación por Zoom una española mayor me dijo: “Ayer salí del clóset y, gracias a Dios, mis hijas lo entendieron, me apoyaron y celebraron mi valentía”. Esas cosas me pasan a mí como parte de Travesía 100. Otro caso: una amiga, a los 70, decidió cumplir su sueño de ser actriz y estudiar teatro. Ahora tiene una escuela de actuación. Este tipo de reconversiones son cada vez más comunes y demuestran que la primera parte de la vida la hacemos cumpliendo con lo que se espera de uno y que la segunda, la final, es para ser libre. O así debería ser.

-Tenemos un Presidente que está pasando el mezzogiorno de la vida, muy joven, de 37 años. ¿Crees que su Gobierno esté siendo positivo para la causa de las personas mayores?

-Creo que este Presidente es una persona que tiene una sensibilidad extraordinaria. Se le nota que no es ficticia, que no fue entrenado para abrazar guaguas y señoras mayores, le sale de lo profundo. Esa personalidad y vehemencia juvenil reflejada en su programa probablemente tenía mucho de voluntarismo por mejorar la calidad de vida de las personas, pero descubrió que no era tan simple. Yo me identifico con la generación de este Presidente porque siento que mis hijos que hoy día tienen 52, 51 y 46 son la generación perdida, la que vivió su juventud en tiempos de dictadura militar y, por lo tanto, ahí no había que salir a lo público, como sí lo hice yo y como lo están haciendo los que nos gobiernan. A mí me tocaron los años de revolución del 68 en París.

La del “seamos realistas; hagamos lo imposible”, que empujó muchísimos cambios en el mundo. Por eso, Ximena afirma:

–En el Pedagógico de la Universidad de Chile fuimos esa generación que quería cambiarlo todo. Y, claro, metimos la pata bien profundamente en muchas cosas. Mi deseo es que esta generación que ahora está en el poder le dé un nuevo impulso al idealismo, a la búsqueda de la utopía, porque hoy el mundo está preocupantemente mal por el daño medioambiental y la sobrevaloración de lo económico, por la falta de ideales.

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