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Cultura - El Mostrador

Exposición Ciudad Sísifo: un gesto a contracorriente de Santiago

por 10 diciembre, 2014

Exposición Ciudad Sísifo: un gesto a contracorriente de Santiago
Ileana Elordi, artista visual. En 2012 ganó el Premio Especial "Roberto Bolaño" del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
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Días antes de ir a la exposición de Ciudad Sísifo, expuesta en el Museo de Arte Contemporáneo de la Quinta Normal, me junté en un café de Providencia con un amigo pintor que hace años vivía en Ámsterdam. Mientras me contaba sobre su vida en el extranjero, por un momento, mi amigo se detuvo y se quedó completamente callado. Después de un rato, me explicó que estaba haciendo un encuadre, pero sin cámara, un encuadre con los ojos.

Está claro, que lo que vemos se despliega ante nosotros sin márgenes, y es por esto que me pareció notable el hecho de encuadrar un pedazo de lo que se ve, como si tuviésemos la capacidad de manipular internamente lo que se nos presenta de frente. Cuando fui a ver Ciudad Sísifo, me acordé de la acción que hizo mi amigo.

Si pienso en la ciudad, imagino de inmediato un recorrido. Como ciudadanos, siempre circulamos, insertos en una máquina de funcionamiento que no para. Nos desplazamos por la ciudad: vamos de la casa al trabajo, de la casa al supermercado, de la casa a la casa de la amiga, del amigo, del abuelo.

Jessica Briceno .Superviviente 2014. Exposicion Ciudad Sísifo, MAC.

Jessica Briceno .Superviviente 2014. Exposicion Ciudad Sísifo, MAC.

Sin embargo, por la ciudad no solo nos desplazamos físicamente, sino que también hay un recorrido mental. Quiero decir con esto, que mientras nuestras piernas se mueven, -se suben al metro, cruzan semáforos-, la percepción que tenemos de la ciudad también varía: podemos sentir que pertenecemos y somos parte de su sistema, o por el contrario, la ciudad puede desplegarse ante nosotros como si fuera una pantalla, convirtiéndonos nosotros en meros observadores alejados. Este desplazamiento por lo tanto, varía desde la cercanía y el alejamiento mental que mantenemos con la ciudad.

Camilo Silva, Lava y Seca, 2014, Exposición Ciudad Sísifo, MAC.

Camilo Silva, Lava y Seca, 2014, Exposición Ciudad Sísifo, MAC.

Nuestra mirada siempre está errante, va de un lado a otro sin la necesidad de posarse sobre algún elemento en particular. Solo si generamos esa distancia mental con la ciudad, es posible detener la vista, fijar un destino, retener alguna imagen. Eso es precisamente lo que hizo esa vez mi amigo de Ámsterdam en ese café de Providencia.

Como mencioné, nuestra mirada está errante, y la errancia, tal como se plantea en esta exposición, es un concepto que atraviesa tanto a la ciudad de Santiago como en la figura de Sísifo: ambos deambulan por ahí sin un destino concreto, trabajando para nunca acabar en nada.

Santiago, siempre intenta cumplir con un nuevo programa modernizador, encarnado en el afán de perseguir lo otro, sin haber terminado lo primero. Sísifo por su parte, es castigado por los dioses y condenado a subir una enorme piedra cuesta arriba, la cual antes de alcanzar la cima rueda hasta abajo. Sísifo debe por lo tanto, remontar su labor, y continuar de esta manera eternamente.

Este parentesco entre Santiago y Sísifo, se intensifica además por otra razón: nuestra ciudad se asienta sobre un terreno telúrico. Cuando Ortega y Gasset visitó Santiago, declaró que: “Tiene este Chile algo de Sísifo, ya que como él, parece condenado a que se le venga abajo cien veces lo que con su esfuerzo, cien veces elevó”.

Es decir, Santiago tanto por ser de naturaleza telúrica como por no tener un plan urbano claro, genera que sea difícil de asir por nuestra mirada, que a la vez también se encuentra en permanente errancia. Los elementos de nuestra cuidad pasan fugaces ante nosotros, se nos escapan, siendo muy difícil llevar a cabo la acción de retener.

Ese día en el café, mi amigo de Ámsterdam me decía que ya no pintaba, porque según él, cuando varios elementos se conectaban y ocurría una imagen, al retenerla había algo que se perdía. Planteaba, que tras el registro, se podía perder la perfección de la escena. Me hablaba de Sócrates, quien al igual que él, miraba con recelo esa novedosa tecnología de registro que fue la escritura, que hacía creer a los jóvenes atenienses que al anotar las ideas comenzaban a poseerlas. Creo que mi amigo está un poco loco, o quizás, se creía una especie de Sócrates de la pintura.

Nicolás Astorga, Hijas de la Grieta, 2014. Exposición Ciudad Sísifo, MAC.

Nicolás Astorga, Hijas de la Grieta, 2014. Exposición Ciudad Sísifo, MAC.

No importa, al menos hizo que me preguntara: ¿por qué los artistas deciden registrar sus encuadres, mostrárselos al resto? ¿Qué es lo que se pierde, entonces? ¿Qué es lo que se gana?

Para mí el asunto es al revés de cómo lo pensaba él: lo único que se pierde después de hacer un registro, es la soberanía de esa imagen, o de esa idea. Al compartirse, pasa a ser parte de un entramado que de alguna manera ya no te pertenece. Y si en ese traspaso la perfección se derrumba, no importa, o al menos en el caso de Ciudad Sísifo, en donde se trata de retener algo de manera meticulosa, de conseguir que algo que sobreviva.

Por otro lado, nuestra ciudad al igual que el terreno de Sísifo, tiene un declive pronunciado, lo que nos hace creer que la vida consiste en un permanente escalamiento. Es decir, nuestra mirada se encuentra en constante errancia, y además, en una errancia a cuestas. Creo que si nos quedamos quietos,- se hace un encuadre, luego un registro-,  por ningún modo se corre el peligro de rodar, sino que por el contrario, de esa detención surge un terreno fecundo.

Creo que Ciudad Sísifo, es una exhibición que va en contracorriente de lo “Sísifo” que tiene nuestra ciudad. Es como si la ciudad de Santiago se escurriese como el agua que se escapa entre los dedos, como si el tiempo se la llevara, y reapareciera solo esporádicamente. Creo que en Ciudad Sísifo no se intenta más que hacer permanecer unos cuantos pedazos informes, hacer de esa reaparición lo más duradera posible. Ahora entiendo con claridad, que una cultura, una lengua y la memoria, solo pueden surgir capa sobre capa en el lento depósito de materia fértil.

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