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CULTURA|OPINIÓN

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Paf pola apáush, no al pez introducido

por 29 marzo, 2019

Paf pola apáush, no al pez introducido
Nuestra cultura Yagan está basada en el mar, somos un pueblo canoero, el mar y sus habitantes han sido parte de nuestro entorno, nuestra alimentación física y espiritual.  Una gran parte de la vida de los yaganes ha sido y sigue siendo en el mar.  Aún ya quitándonos la libertad de aquel tiempo cuando se navegaba por todos los canales y mar abierto en las canoas de corteza.  El mar sigue siendo el sustento para muchas familias que trabajan en la pesca artesanal de la centolla y centollón. 
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Watauineiwa uxea kaisinana henskae... / Al más antiguo, Dios, ayúdanos a nosotros... nosotros que aún habitamos nuestras tierras y aguas, que hoy se ven afectadas por las fuerzas opositoras a ti, a lo natural, a nosotros los yaganes.

Palabras que salen de mi espíritu, que hoy está inquieto por estos acontecimientos que está viviendo mi familia yagan en Navarino, ante la llegada de las salmoneras.

Esto es mucho peor que si despertara lakuma, el temible espíritu de las aguas, y que aún así era respetado por los antiguos yagan por formar parte también de la naturaleza.

En realidad es una vergüenza como país, como gobierno, exponer el propio territorio, explotar, vender, destruir los recursos naturales. El hombre material contra el hombre espiritual: ésa es la diferencia que hoy está bastante marcada en el mundo entero.

Gran parte de nuestra cosmología está relacionada con híxa, el mar, sus seres marinos y aves.  Espíritus marinos que tienen el poder de causar inesperadamente fuertes oleajes y el mal tiempo.  Como el temido lakuma, que podía poner en peligro la canoa al navegar.  Ante esto también ayudaba la aparición de ashoula, cuando un lakuma amenazaba la canoa...

Quién lo iba a pensar: el legado natural, los principios de nuestros ancestros, están siendo infringidos una vez más ante nuestros ojos.

Nuestra cultura está basada en el mar. Somos un pueblo canoero, el mar y sus habitantes han sido parte de nuestro entorno, nuestra alimentación física y espiritual.  Una gran parte de la vida de los yaganes ha sido y sigue siendo en el mar.  Aún ya quitándonos la libertad de aquel tiempo, cuando se navegaba por todos los canales y mar abierto en las canoas de corteza, el mar sigue siendo el sustento para muchas familias que trabajan en la pesca artesanal de la centolla y centollón. 

Es tan contradictorio: un territorio reconocido como Reserva de la Biósfera por la Unesco, donde se encuentran las aguas más puras, ahora se viene a contaminar abiertamente.

En realidad es una vergüenza como país, como gobierno, exponer su propio territorio, explotar, vender, destruir los recursos naturales. El hombre material contra el hombre espiritual: ésa es la diferencia que hoy está bastante marcada en el mundo entero.

No podemos permitir que arrebaten el futuro a las nuevas generaciones. Un derecho ancestral, la tierra y las aguas, son el sustento de la humanidad. No se puede atentar contra nosotros mismos y la naturaleza que nos sostiene.

Dejar de pensar limitadamente, estas empresas prometen en lo imaginario.  Y la realidad es otra, se puede ver luego de un par de años.  Como ha sido el caso en Chiloé, un desastre ambiental, una realidad que todos conocemos.  Entonces por qué seguir insistiendo y engañando.  Este negocio no nos favorece.

Hago llegar este llamado de conciencia, apoyando a nuestra familia yagan, y también en nombre de mis hijas que se niegan a esta realidad, que atenta contra su futuro en las tierras de sus ancestros.

Cristina ZárragaIkamanakipa

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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