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Del apego al poder o las razones de Jon Snow

por 23 abril, 2019

Del apego al poder o las razones de Jon Snow
Parafraseando, en el Reino de Chile hoy también existe una fuerza casi incontrolable que afecta su estabilidad política. Se trata, ni más ni menos, del desprecio de los actores políticos por uno de los pilares fundamentales de la democracia, a saber, la elegibilidad y la alternancia como partes iguales en la teoría de la representación política. De acuerdo a estos principios, no se trata solo de poder ser elegido en un cargo, sino también de entender que este –y por lo tanto la persona electa– también está sujeto, además, a la regla de la alternancia. Ello es vital en una sociedad plural como la chilena.
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Para quienes gustan de las series de TV, en estos días se hizo público el primer capítulo de una nueva temporada –dicen que es la final– de Game of Thrones, donde una fuerza incontrolable puede afectar la estabilidad política y, más aún, la existencia misma de los Siete Reinos. En ese escenario, se despliega la profundidad política de Jon Snow, quien declina el trono del Reino del Norte para salvar a los Siete Reinos.

Parafraseando, en el Reino de Chile hoy también existe una fuerza casi incontrolable que afecta su estabilidad política. Se trata, ni más ni menos, del desprecio de los actores políticos por uno de los pilares fundamentales de la democracia, a saber, la elegibilidad y la alternancia como partes iguales en la teoría de la representación política.

De acuerdo a estos principios, no se trata solo de poder ser elegido en un cargo, sino también de entender que este –y por lo tanto la persona electa– también está sujeto, además, a la regla de la alternancia. Ello es vital en una sociedad plural como la chilena.

Tratar el tema no es fácil, pues se discute de legitimidad original basada en la elección. A riesgo de ser reduccionista, es necesario ir directo y al hueso, describiendo los peligros de una fuerza incontrolable que te desvía de principios como elegibilidad y alternancia democrática y te lleva a considerar que el uso y goce del cargo es un asunto de propiedad. Es lo que expone de manera iconográfica y magistral la serie Game of Thrones.

El momento en que el funcionario público –elegido directa, indirectamente o simplemente designado– se siente dueño de su cargo y deja de responder a los intereses públicos, es cuando debería ser reemplazado por una nueva persona, que tenga presente que se trata solo de un servicio público remunerado. Como esta regla teórica es difícil de controlar, por lo menos se debería aplicar una objetiva, en cuanto al tiempo de duración de este tipo de cargos. Lo contrario, genera zonas grises de administración y un punto crítico en los procesos administrativos, que favorece el tráfico de influencias, los conflictos de interés y la falta de transparencia y probidad.

El enfermizo apego al poder que tienen algunos funcionarios públicos elegidos directamente por el soberano o, indirectamente, por los poderes constituidos y los dañinos efectos que de ello pueden resultar para nuestra joven democracia, han hecho pasar las elecciones a una situación de adscripción vitalicia del cargo, casi hasta que la muerte los separe (cargo y detentador). Juan Pablo Letelier lleva casi 30 años en el Congreso, ¡¿es o no algo de eso?!

El sistema democrático exige elecciones, por supuesto, pero también recambio o alternancia. Restringir las veces en que una persona puede ser reelegida directa o indirectamente le hace bien al sistema democrático, pues el competidor en ejercicio de la representación política tiene una ventaja incontrarrestable frente a sus retadores: cuatro u ocho años de campaña legal pagada por toda la sociedad, contra unos pocos días del retador.

Por eso, aunque el señor Letelier o cualquier otro tengan las mejores ideas sobre el gobierno, estas empiezan a ser malas si se fundamentan en la discriminación, el privilegio y la desigualdad, amparadas en reelecciones indefinidas, acotadas por privilegios burocráticos. Por cierto, independientemente del alto concepto que de sí mismo tenga el funcionario y de la convicción que le asista acerca de su capacidad e ideas propias como las mejores, otros deben poder opinar y decidir, todo esto como expresión de la pluralidad social y política, incluso al interior de los propios partidos, que son entes privados pero organizados para lo público.

Al mantenerse en un cargo público por tanto tiempo, se genera el viejo problema de agencia en que el administrador se siente dueño de lo administrado.

El momento en que el funcionario público –elegido directa, indirectamente o simplemente designado– se siente dueño de su cargo y deja de responder a los intereses públicos, es cuando debería ser reemplazado por una nueva persona, que tenga presente que se trata solo de un servicio público remunerado. Como esta regla teórica es difícil de controlar, por lo menos se debería aplicar una objetiva, en cuanto al tiempo de duración de este tipo de cargos. Lo contrario, genera zonas grises de administración y un punto crítico en los procesos administrativos, que favorece el tráfico de influencias, los conflictos de interés y la falta de transparencia y probidad.

Cuando el senador Letelier permanece en un rol legislativo por casi 30 años, puede resultar que el sano contacto entre los diferentes actores se transforme, en su caso, de representación política a gestión administrativa de lo que se considera propio y, en un dañino tráfico de influencias entre el poder político y el Poder Judicial. El manto de dudas que queda en el sobreseimiento de Sebastián Dávalos en el caso Caval es un ejemplo, sobre todo en circunstancias que hay testimonios de hechos como la incineración de la información que contenía su computador, que impidió profundizar en la investigación.

Poniendo el foco en la composición legal de la judicatura de nuestro reino, los problemas que se generan al tener integrados los roles jurisdiccionales y administrativos en el Poder Judicial, pueden llevar a convertir las decisiones jurisdiccionales en un coto de caza para el tráfico de influencias o, lo que es lo mismo, que las sentencias o las instancias claves de los procesos sean objeto de comercio.

Entendiendo lo difícil que es el ejercicio del rol jurisdiccional, es sano y necesario separar esta función de aquella encargada de la gestión de las plataformas administrativas, financieras y logísticas que la hacen posible como servicio público.

En los medios de comunicación social, por ejemplo, diarios digitales, impresos o canales de televisión, el rol administrativo corre paralelo al rol de contenido, porque los objetivos también son diferentes en su especificidad técnica. Con esta misma lógica, el rol de juzgar debería correr paralelo al rol de administrar los servicios judiciales.

Por ello, para concluir, en nuestro Reino de Chile hay un pilar estructural que se debería cuidar al máximo, cual es la democracia con una sana representación y con recambio de actores. En Game of Thrones, el político Snow estuvo dispuesto a renunciar a su nombramiento democrático de rey por el bien general de los Siete Reinos. Pero él, en algún momento de la serie, volvió de la muerte, por lo que siempre entendió que los cargos eran pasajeros. Hago votos por que, en nuestro caso, los políticos y los servidores públicos estén a la altura de ese juego de tronos y sigan el ejemplo de Juan Nieve.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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