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El peligroso uso de “comodines” para levantar en las encuestas

por 29 julio, 2019

El peligroso uso de “comodines” para levantar en las encuestas
El episodio con los jueces y la actuación del Presidente en el caso atentado, parecen reflejar la estrategia que La Moneda quiere impulsar para recuperar, a costa de lo que sea, los puntos perdidos: según la encuesta Criteria, en junio de 2018 Piñera tenía 60 puntos de aprobación y un año después está en 27, es decir, 33 puntos menos. Sin embargo, no se advierte que tengan conciencia del riesgo que implica poner el dedo en la llaga, precisamente en temas que se pueden convertir en un búmeran.
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Concordemos en que no ha sido fácil el segundo año para el Gobierno, pero particularmente para el Presidente Sebastián Piñera. Errores no forzados como el viaje de sus hijos a China o la aventura a Cúcuta, los nombramientos fallidos como el último del “casi” subsecretario de Educación Superior, un verdadero papelón del segundo piso, además de pobres cifras económicas, incluido el aumento del desempleo que solo en la Región Metropolitana anotó su peor desempeño desde 2016, y una sensación instalada en la población respecto a que los llamados proyectos estructurales están estancados, en parte por la oposición, así como por incapacidad propia. Todo eso ha repercutido en una sostenida baja en las encuestas, tendencia que –por ahora– no pareciera que vaya a cambiar.

Concordemos también en que el Mandatario ya hizo un temprano cambio de gabinete, por tanto, se gastó una carta sin obtener resultados positivos. Lo habitual es que esos procesos les den un “aire” a los gobiernos, logrando levantar por un rato en las encuestas, debido a las expectativas que despiertan. Pero aquí ese no fue el caso. Todo ha seguido igual y ni siquiera la voltereta de La Moneda en materia de migraciones tuvo un eco positivo.

Concordemos, además, en que al Presidente Piñera se le está notando demasiado la ansiedad por mejorar en los sondeos de opinión. Exceso de protagonismo, vocerías innecesarias e involucramiento en temas que lo dejan metido más en los problemas que en las soluciones, como la promesa de restablecimiento del agua en Osorno, que se cumplió recién cinco días después del plazo dado por él mismo.

De hecho, el jueves 25 de julio fue el protagonista principal –y no el Ministerio del Interior– en el marco del cobarde atentado a Carabineros, haciendo declaraciones algo temerarias cuando el episodio aún estaba en desarrollo y la información era escasa, incluyendo su llamado a aprobar el proyecto del Gobierno que está en el Senado, lo que se pudo percibir como algo oportunista, considerando que lo importante en ese momento eran las personas heridas y atrapar a los responsables de un hecho que deja muchas interrogantes.

Y en esta búsqueda frenética de temas que sean bien recibidos por los ciudadanos –“comodines”–, que le ayuden a subir puntos en los sondeos de opinión, que el Presidente hizo la semana pasada críticas al Poder Judicial por su rol en el combate a la delincuencia y el narcotráfico. Llegó a decir que “algunos jueces no cumplen la ley”, un verdadero insulto para quienes, precisamente, tienen esa función, lo que fue respondido de igual forma por los jueces. Un conflicto no solo innecesario con otro poder el Estado, sino que además abrió una discusión respecto de las responsabilidades que tienen las distintas instituciones para enfrentar el problema que las personas perciben como el más grave en la actualidad.

En 2016, cuando publiqué el libro No te reconozco Chile, me aventuré a proyectar que Sebastián Piñera buscaría volver a La Moneda con dos objetivos claros: ser el “mejor Presidente de la historia” y, lo más importante, ser querido y reconocido por los chilenos. ¿La referencia? El 80% con que Michelle Bachelet terminó su primer Gobierno o incluso el peak de 65 puntos que él mismo alcanzó –por un breve período– gracias al rescate de los 33. Pero, hasta ahora, las cosas no parecen estar dándose como esperaba el Mandatario.

Y en esta búsqueda frenética de temas que sean bien recibidos por los ciudadanos –“comodines”–, que le ayuden a subir puntos en los sondeos de opinión, que el Presidente hizo la semana pasada críticas al Poder Judicial por su rol en el combate a la delincuencia y el narcotráfico. Llegó a decir que “algunos jueces no cumplen la ley”, un verdadero insulto para quienes, precisamente, tienen esa función, lo que fue respondido de igual forma por los jueces. Un conflicto no solo innecesario con otro poder el Estado, sino que además abrió una discusión respecto de las responsabilidades que tienen las distintas instituciones para enfrentar el problema que las personas perciben como el más grave en la actualidad.

Tanto el vocero de la Corte Suprema como el presidente de la Asociación de Magistrados y el ministro Sergio Muñoz, respondieron en duros términos al Primer Mandatario, sin cuidarse de ser “políticamente correctos”. Le señalaron que no estaba ejerciendo su “autoridad superior del Estado”, frase que tiene una connotación jurídica no menor, le enrostraron que el que tiene la responsabilidad de combatir la delincuencia es el Ejecutivo y no los jueces –“esto es como culpar a los geólogos por los terremotos”– y remataron con un irónico mensaje: “pruébelo”. Incluso, Lamberto Cisternas jugó al límite al recordarle que, si pensaba de esa forma, tiene la facultad constitucional de requerir a la Corte Suprema para acusar a un juez por faltar a su deber.

El episodio con los jueces y la actuación del Presidente en el caso atentado, parecen reflejar la estrategia que La Moneda quiere impulsar para recuperar, a costa de lo que sea, los puntos perdidos: según la encuesta Criteria, en junio de 2018 Piñera tenía 60 puntos de aprobación y un año después está en 27, es decir, 33 puntos menos. Sin embargo, no se advierte que tengan conciencia del riesgo que implica poner el dedo en la llaga, precisamente en temas que se pueden convertir en un búmeran.

Cuando un Gobierno comienza a recordarles a diario a sus ciudadanos que están prisioneros de los delincuentes, terroristas y narcotraficantes –ese es el relato hoy–, lo que hace es reforzar la percepción del problema. Es decir, crea un ambiente de inseguridad. Los grupos sociales, las familias y las personas aumentan los temores e identifican el origen en quien está encargado de velar por que eso no ocurra. ¿Es suficiente con señalar que la quema de camiones en La Araucanía –que aumentó en este Gobierno– es responsabilidad de las malas políticas de los últimos 30 años? No. ¿Basta decir que el narcotráfico es un problema mundial? No. Y, por supuesto, si a uno lo asaltan, roban o le hacen un portonazo, no se consolará con que los jueces no “hacen su pega”, asociará su rabia, impotencia y miedo al Ejecutivo y/o a las policías.

Creo que La Moneda debería evaluar los riesgos de usar los mismos “comodines” siempre. Se entiende que durante la campaña lo hicieran para atacar a la administración de Bachelet. Eso ocurre en las elecciones, pero distinto es que los ministros o el propio Presidente Piñera utilicen como argumento y denuncien los problemas que tiene su propio Gobierno. ¿Dónde están los asesores comunicacionales que deberían advertir esto? O, como dicen en privado en Chile Vamos, ¿definitivamente el Mandatario está escuchando muy poco y a muy pocos?

Además de utilizar una estrategia que puede convertirse en un autogol, es fundamental que el Presidente tenga la máxima prudencia para referirse o criticar a otro poder del Estado. Se equivocó el ministro del Interior cuando salió a justificar que el Mandatario tiene el legítimo derecho a dar “su opinión” en este y otros temas. Resulta que Sebastián Piñera no es un ciudadano común como usted o como yo, es el Presidente de la República. ¿Se imagina la reacción de La Moneda, y en particular de la vocera Cecilia Pérez, si un juez de la Corte Suprema declarara que el ministro de Justicia está faltando a sus deberes o que no está cumpliendo la ley?

Le recomendaría al Gobierno repasar con detención la estrategia y los resultados obtenidos al atacar a la oposición, acusándolos de obstruccionistas o, incluso, desafiar a los parlamentarios –otro poder del Estado– a que “hicieran su pega”, a propósito de las dificultades para aprobar las reformas. Hay que evitar repetir los errores, aunque la ansiedad a veces nos mate.

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