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La Chumocracia y los ingleses de Sudamérica Opinión Crédito: Aton. El Saint George, uno de los colegios de la elite chilena.

La Chumocracia y los ingleses de Sudamérica

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Pablo Cox Vial
Por : Pablo Cox Vial Prof. Asociado Universidad de Valparaíso Neurorradiólogo Hospital Carlos Van Buren
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Chumocracia, como término, en el Reino Unido habría aparecido incorporado el año 2014 en el diccionario abierto Macmillan. Ahí se define como un concepto despectivo para una elite gobernante que está compuesta por personas de un mismo origen social, que fueron a los mismos colegios y universidades, y se conocen entre ellas socialmente, como ocurre en Chile. Pero luego del 18 de octubre del 2019 el oasis desapareció, el tejido social se deshilachó y, después, se sumó la pandemia. No nos engañemos, solo será un posible inicio para reconstituir el tejido social de nuestro país.


«Cuando los jefes de las empresas, los miembros del Parlamento, los políticos y los autores de libros como el mío van a las mismas cenas y eventos sociales, todos viven al lado del otro y mandan a sus hijos a los mismos colegios, se acaba por desarrollar una clase dirigente aislada”.

Esto no lo dijo un cientista político de izquierda o un sociólogo amargado, son declaraciones hechas al diario The Guardian el 20 de mayo del año 2015 por Steve Hilton, asesor del entonces primer ministro inglés David Cameron (2010 y 2016). ¿Primer ministro Laborista? No, líder del Partido Conservador (Tory). Y continúa Hilton: “Van de aquí para allá entre Westminster, Whitehall y la City, da igual quién gane las elecciones, porque las mismas personas tendrán el poder”. El artículo de The Guardian se titula “La visión privilegiada de Steve Hilton de nuestra chumocracia no debe ser desechada”.

Estando el Reino Unido bajo el liderazgo del Primer Ministro Boris Johnson (Tory) y en vigor la regulación de emergencia COVID-19, que permite la compra directa sin necesidad de licitaciones públicas, nuevamente The Guardian nos llama la atención, el 15 de noviembre del año 2020, con el siguiente artículo: “Chumocracia: cómo el COVID reveló  la nueva forma del establishment Tory”, donde se cuestionan contratos otorgados por altas autoridades del gobierno a empresas con vínculos con funcionarios del mismo o del Parlamento, como a su vez la designación a altos cargos en instituciones del Estado por vínculos familiares o por cercanía social, tales como pertenecer a un club de carrera de caballos.

Un artículo del diario La Tercera, del 12 de octubre del 2013, informa de un estudio que señala que casi el 20% de los líderes del Ejecutivo y del Legislativo pertenecen a 5 colegios particulares, el Verbo Divino, Saint George, San Ignacio, Tabancura y The Grange.

El 10 de diciembre del 2016, El Mostrador cita un trabajo publicado por Seth Zimmerman, profesor de la Universidad de Chicago, donde identifica que la probabilidad de formar parte de la elite empresarial y económica chilena se dispara si se estudió en alguno de 8 colegios particulares, a saber, Saint George, The Grange, Verbo Divino, Manquehue, Tabancura, Craighouse y San Ignacio.

Afortunadamente para mí, yo estudié en este último, viví de niño en una de las tres comunas del “Rechazo” y, aunque pertenecí a un club que no era de carrera de caballos, sí acompañaba a mi abuelo al Club Hípico los domingos, por lo tanto, en Chile estoy asegurado.

Durante la actual pandemia, a partir del 18 de marzo se declara estado de excepción constitucional de catástrofe, por calamidad pública, lo cual entre otras medidas–, al igual que en el Reino Unido, permite la compra directa sin necesidad de licitación pública. No voy a describir las similitudes de algunos de nuestros contratos de residencias sanitarias u otros, con la situación descrita por el diario inglés, ya que aún se encuentran bajo investigación por parte de la Contraloría General de la República. No obstante, se me va aclarando ese decir, cuyo origen desconozco, que me tocaba escuchar de algunas personas con quienes tenía contacto: que los chilenos somos los ingleses de Sudamérica.

Chumocracia, como término, habría aparecido incorporado el año 2014 en el diccionario abierto Macmillan. Ahí se define como un concepto despectivo para una elite gobernante que está compuesta por personas de un mismo origen social, que fueron a los mismos colegios y universidades, y se conocen entre ellas socialmente. Va un poco más allá de nuestro criollo amiguismo, ya que considera además pertenecer a otro tipo de redes, donde no se puede entrar de buenas a primeras. Redes entendibles solo para los que pertenecen histórica o familiarmente a ellas.

[cita tipo=»destaque»]Durante la actual pandemia, a partir del 18 de marzo se declara estado de excepción constitucional de catástrofe, por calamidad pública, lo cual –entre otras medidas–, al igual que en el Reino Unido, permite la compra directa sin necesidad de licitación pública. No voy a describir las similitudes de algunos de nuestros contratos de residencias sanitarias u otros, con la situación descrita por el diario inglés, ya que aún se encuentran bajo investigación por parte de la Contraloría General de la República. No obstante, se me va aclarando ese decir, cuyo origen desconozco, que me tocaba escuchar de algunas personas con quienes tenía contacto: que los chilenos somos los ingleses de Sudamérica.[/cita]

No es del caso entrar a identificar los distintos niveles donde se enquista nuestra chumocracia en la vida nacional. Claramente todos pensamos en los cargos en los distintos gobiernos, pero también se dan en las empresas, en los sindicatos y partidos políticos, por nombrar algunos. Ya habrá tiempo para ir desmantelando este amiguismo, como, por ejemplo, con verdaderos concursos por oposición de antecedentes para cargos de Alta Dirección Pública y que, quienes los ganen, sean evaluados en su desempeño de forma independiente y objetiva. Pero la urgencia es otra.

Luego del 18 de octubre del 2019 el oasis desapareció, el tejido social se deshilachó. Zonas del país quedaron abandonadas por el Estado. Lo vi, lo veo y lo escucho en las noches en Valparaíso, como también lo deben sentir en Maipú, San Miguel y tantas otras comunas a lo largo de Chile. Después se sumó la pandemia, para terminar de liquidar a los que aún tenían un trabajo, un pequeño hostal o restaurante. A duras penas se acordó entre nuestra elite política un proceso de salida de este entuerto. No nos engañemos, solo será un posible inicio para reconstituir el tejido social de nuestro país. Sin embargo, si “rodeamos” la Asamblea Constituyente, “pasamos la máquina” o volvemos a ver a los mismos de siempre, a la chumocracia tratando de amañar la nueva Constitución, habremos perdido la oportunidad de establecer las bases de una convivencia social que nos permita a todos los que habitamos este país poder vivir en paz.

La imagen de la presidenta de la Convención Constituyente Elisa Loncon con la señora Carmen Gloria Valladares en la televisión, nos da esperanza que ese Chile en que todos nos respetemos de verdad es posible construirlo. Zygmunt Bauman es más ambicioso al plantear una responsabilidad planetaria en su libro Vida Líquida, consistente en “un reconocimiento del hecho de que todos los que compartimos el planeta dependemos mutuamente los unos de los otros para nuestro presente y para nuestro futuro, de que nada de lo que hagamos o no hagamos puede resultar indiferente para la suerte de otras personas, y de que ninguno de nosotros puede ya buscar y encontrar un refugio privado en el que cobijarse de las tormentas que pueden originarse en cualquier lugar del globo”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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