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MERCADOS

El desconcierto de la clase económica con la falta de gestión del Gobierno para controlar la crisis

por 22 octubre, 2019

El desconcierto de la clase económica con la falta de gestión del Gobierno para controlar la crisis

Crédito: Agencia UNO

Ha existido todos estos meses una relación tensa entre el empresariado y La Moneda. De varios sectores: los más conservadores que veían en Piñera a un Mandatario con poca voz de mando para imponer “más mercado y menos Estado” y, por otro lado, quienes creyeron en su propuesta de centroderecha de crecimiento con equidad y una serie de reformas pro crecimiento que se fueron enredando. Hoy el ambiente da cuenta de no saber a qué está apostando el Presidente. Lo más desconcertante –afirman fuentes de los gremios empresariales– fue la declaración del ministro del Interior que señaló que el objetivo de los delincuentes era "desabastecer la cadena alimenticia". El punto es que los empresarios del retail habían estado momentos antes con Chadwick y este nada les había informado.
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El mundo empresarial esta desconcertado y pregunta a la prensa "¿cómo viene la cosa" y "se va a complicar?". Pero también ha quedado descolocado, como cuando Andrónico Luksic emplazó a la clase política a tomar las riendas y solucionar los problemas hoy.

“La clase política puede hoy resolver las pensiones, la educación, la salud y el transporte público. ¿Qué esperan? Es ahora cuando debemos actuar. Hoy. No mañana. Muchos compatriotas ya no pueden esperar. Y los que podemos tendremos que ayudar a pagar la cuenta. En esto no hay magia. Por un Chile mejor de verdad”, dijo hace tres días en una declaración.

En medio de la urgencia política, la figura de los empresarios ha aparecido poco en medio del conflicto. Los dardos apuntan al Gobierno. Pero no hay que olvidar que Piñera viene de allí, es uno de ellos.

El malestar contra La Moneda es también el malestar con la acumulación de riqueza y el Presidente del país es multimillonario.

Pero en medio del estallido social las declaraciones del Gobierno terminaron por alejar todo lo que el empresariado ha pedido públicamente: un diálogo. Lo había dicho el sábado por la noche en una carta el presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte.

“No es el momento para la indolencia, ni menos para la agitación. Tampoco para reducir la complejidad de la situación que está viviendo el país con afirmaciones que parecen verdades reveladas, soluciones simplistas o apuntando con el dedo buscando responsables. En momentos como este solo caben dos cosas: condenar la violencia y nunca contextualizarla, y preguntarnos y reflexionar sobre las causas de lo que está pasando en nuestra sociedad para nutrir un proceso de diálogo donde cada actor –incluido el mundo empresarial– concurra constructivamente”, y agregó que “como mundo empresarial reunido en Sofofa, debemos comprometernos a concurrir a ese diálogo con una disposición constructiva y receptiva de las diversas miradas, y hacer los esfuerzos que nos correspondan para recobrar la armonía y el camino del entendimiento”.

La Asociación de Emprendedores de Chile (Asech) había hecho lo propio llamando a realizar una conversación nacional en todas las regiones con emprendedores, “donde logremos poner los dolores de Chile al centro de la discusión pública, desde nuestras posibilidades y ámbitos de acción”.

Solo 48 horas después y por TV, la máxima autoridad del país dijo que estábamos en una “guerra”, hablando de enemigos y no de diálogo. Los privados se descolocaron otra vez con el tono. Saben que lo que viene de las “guerras” son profundas crisis económicas.

La reacción de la prensa internacional fue inmediata. Bloomberg calificó a Piñera de “profundamente intransigente” y cuestionó que brindara su "total apoyo y respaldo" a las fuerzas de seguridad y se comprometiera a restablecer el orden.

No fue todo lo que dejó prácticamente sin habla al mundo privado. La Sofofa había informado que había tenido una reunión con Interior para coordinar acciones con los supermercados. En esa cita y otras conversaciones, además, se le habría planteado el Gobierno que la mejor salida era custodiar los puntos de ventas. Pero la respuesta habría sido que era difícil coordinarlo. Todo quedó a criterio de los operadores.

El retail ayer abrió pese a que más de 200 locales fueron saqueados. Walmart, Jumbo, Mayorista 10, las ferias libres, Lo Valledor y locales de barrio abrieron con el fin de proveer de víveres a los ciudadanos.

En todas las declaraciones públicas de las cadenas de supermercados repitieron que querían volver a operar con normalidad. La empresa de combustibles Copec, en tanto, aseguró que había abastecimiento.

Pero, contrario a los esfuerzos por intentar normalizar el país, el ministro del Interior, Andrés Chadwick, declaró todo lo contrario, justo a la hora en que los supermercados intentaban que los clientes apostados en las afueras de los locales que sí pudieron abrir mantuvieran la calma.

“Tuvimos el día viernes y sábado un ataque muy fuerte y concentrado en causarle grave daño a nuestro transporte público", dijo Chadwick, apuntando a que el "objetivo" durante esa madrugada fue "causarle un grave daño a la cadena alimenticia y eso se ha reflejado en que los hechos más violentos se concentraron en los incendios y los saqueos a supermercados y a comercio especialmente en el área alimenticia". Sus declaraciones sembraron inquietud en torno al abastecimiento. Y nada de ello fue conversado con los empresarios.

La Confederación de Pymes por la tarde dijo que “Chile no va sufrir desabastecimiento y cuentan con una cadena de distribución que, si bien hay una demanda mayor, la cadena de distribución está garantizada”.

La sociedad civil leyó las declaraciones de Chadwick en línea contraria a todos los intentos de normalización. A tanto llegó el rechazo de sus declaraciones, que en redes sociales se articuló el mensaje de “No hay desabastecimiento”, compartiendo datos del comercio, que aportó a normalizar la actividad de las regiones afectadas.

Esta mañana la Cámara de la Producción y del Comercio (CPC), encabezada por Alfonso Swett, realizará un comité ejecutivo con las seis ramas que componen el gremio.

Los comentarios obligados en el mundo privado incluyeron reconocer que hay que cambiar muchas cosas y que probablemente todo lo que había planificado este Gobierno en materia económica cambiará de ruta.

La reacción internacional

Ayer la reacción no se hizo esperar. El director del área de estudios de Moody’s, Alfredo Coutiño, ajustó sus expectativas de crecimiento para el país. “Definitivamente, el cierre de comercios, la paralización del transporte, la interrupción en los suministros de bienes, y la inseguridad en las calles afectando al empleo, tendrán un impacto tanto en la actividad económica en octubre como en los precios al consumidor y los niveles de consumo de la población", dijo en Diario Financiero y agregó que "la estimación de crecimiento se verá modificada a la baja, desde un 2,5% actual a algo más cercano a 2,2%-2,3%”.

"Las protestas y disturbios en Chile en los últimos días evidencian malestares sociales que continúan estando latentes y ponen de manifiesto limitantes a las políticas económicas que el Gobierno puede articular, particularmente en el ámbito fiscal", señaló la assistant vice president analyst y analista de Soberano de Chile, Ariane Ortiz, según rescató también DF.

JP Morgan aseguró que “las economías estables no escapan de los estallidos sociales" y apuntó a que "aunque aún es temprano para ver un impacto general macroeconómico, ya es posible destacar que habrá consecuencias directas en la actividad económica y la inflación para el mes de octubre”.

El balance gubernamental, en tanto, habló de 20 mil empleos afectados, el suministro de combustible asegurado y que continuarán en la organización de la APEC y la COP25.

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