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Horst Golborne

por 25 marzo, 2013

Horst Golborne
Fue parte, implementó y favoreció las políticas que con toda razón el Ministro de Economía califica de indefendibles. Son desde un punto de vista ético impresentables. Es abusar de un poder sin contrapeso del más fuerte respecto de uno que se encuentra sin opción. En eso la historia de “vocación pública” de Golborne no se diferencia de la de Paulmann.
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Toda la razón el ministro Longueira: inaceptable que gigantes como Cencosud revienten a las Pymes demorando el pago. Es un tema que excede la simple viabilidad técnica de las medianas y pequeñas empresas o su efecto estadístico sobre los sueldos de un porcentaje altísimo de trabajadores; es un tema de justicia.

¿Tiene esto algo que ver con la próxima elección presidencial? Por supuesto, mucho.

Más allá de su posición ideológica, lo primero que cualquier fuerza política se debería preguntar es si un potencial candidato sería o no un buen Presidente. Vale decir si posee las condiciones para articular un proyecto que permita guiar al país hacia mayores niveles de desarrollo equitativo y libertad individual.

Su militancia política han sido los grupos económicos. Antes de Cencosud, fue Chilgener. No es raro que en su comando se encuentre otro ex gerente de Cencosud, Andrés Rodríguez. ¿Por qué hoy habría de transformarse en un defensor de los consumidores y abusados? Hay dos opciones: cual Saulo camino a Damasco sufrió una conversión tumbativa y es un nuevo Pablo, en este caso un Laurence. La otra, eso que el filósofo británico David Runciman ha tematizado su desenvolvimiento en la tradición política (tanto teórica como práctica): la hipocresía.

Para eso se requiere no solo la experiencia necesaria y el debido proyecto sino que poseer la suficiente idoneidad histórica para oponerse a esos poderes mezquinos (de todo tipo) que son partidarios del desarrollo y la libertad; siempre y cuando sea en su solo beneficio.

Salvo que se quiera negar la realidad, no es el caso de Golborne. Fue parte, implementó y favoreció las políticas que con toda razón el ministro de Economía califica de indefendibles. Son desde un punto de vista ético impresentables. Es abusar de un poder sin contrapeso del más fuerte respecto de uno que se encuentra sin opción.

En eso la historia de “vocación pública” de Golborne no se diferencia de la de Paulmann. ¿Qué los distinguiría? Uno ha sido un empresario exitoso, literalmente un “emprendedor”; el otro fue su gerente y por tanto custodio de las políticas denunciadas por Longueira. Sumado a otras, no menos discutibles, como las políticas que se implementaron respecto  a las tarjetas de crédito en las empresas del holding del gerente Golborne.

Su militancia política han sido los grupos económicos. Antes de Cencosud, fue Chilgener. No es raro que en su comando se encuentre otro ex gerente de Cencosud, Andrés Rodríguez. ¿Por qué hoy habría de transformarse en un defensor de los consumidores y abusados? Hay dos opciones: cual Saulo camino a Damasco sufrió una conversión tumbativa y es un nuevo Pablo, en este caso un Laurence. La otra, eso que el filósofo británico David Runciman ha tematizado su desenvolvimiento en la tradición política (tanto teórica como práctica): la hipocresía.

No se puede descartar la primera opción (un convertido) pero tampoco la segunda, la cualidad que Maquiavelo adjudicaba a los zorros.

La pregunta no es si un individuo con ese historial sería o no un buen candidato en una sociedad chilena cada vez más impaciente contra los abusos; la cuestión real es si sería bueno que fuese Presidente.

No son neutras en un país las definiciones de los sectores políticos. El surgimiento de la socialdemocracia y el laborismo aportó fuerzas de centroizquierda reformistas y respetuosas del Estado de Derecho. De igual forma la constitución de partidos liberal-conservadores ha permitido la existencia de una centroderecha política distinta a una meramente económica. En parte esas definiciones estarán en juego en la próxima elección.

Salvo para quienes, legítimamente, poseen aspiraciones políticas y por tanto sea quien sea el abanderado de determinada coalición lo defenderán a todo evento; para el resto de la ciudadanía, principios como qué simboliza cada uno, cuál ha sido su vida pública, qué intereses ha representado y cómo entienden la forma del sistema político y su relación con los poderes económicos, sumado a su capacidad; son factores que deberían ser considerados. No solo por los votantes, partidos serios no ceden sin más a la seducción del primer Mefistófeles, aquel demonio mitológico que tragicómicamente encantaba a las masas.

¿Es posible y bueno que un gerente del retail sea el Presidente?

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