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Chile Vamos: ¡no hay espacios para indecisiones!

por 19 abril, 2016

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“Cuando la batalla se recrudece, se prueba la lealtad del soldado”, decía Martín Lutero. En política pasa exactamente lo mismo: cuando uno decide formar parte de una coalición, existen conceptos y principios intrínsecos que hay que tomarse en serio y que le dan honor al pacto de unidad. Se deben defender y respetar los compromisos.

Los dirigentes políticos instrumentalizan el uso de la prensa para enviar señales a sus pares. Esto contribuye también a generar en los medios una marcada vocación tendenciosa o partidista que, a ojos del ciudadano común, se trasluce en una pérdida de independencia en la creación de contenidos e información. ¿Por qué no se sientan un minuto a pensar en el mensaje que les llega a los votantes?

En el minuto que se adoptó la decisión de saltar de la Alianza a Chile Vamos, también se decidió dejar los conflictos atrás, generar una hoja de ruta y sentar las bases para la creación de un relato transversal con cabida incluso para el ala independiente.

¿Pero qué ocurre en el camino? Los dirigentes caen una y otra vez en esa tentación individualista de mostrar que unos están en mejor posición que otros. Lo vimos a nivel macro cuando la UDI pidió fiscalizar las empresas ligadas a RN para ver si había algún compromiso con el financiamiento irregular de la política. También se vio internamente en RN cuando se intentó –por parte de algunos interesados– abrir espacios para saltar de las primarias directo a la papeleta en las urnas, dañando los esfuerzos de unidad y desviando el foco de las municipales a las presidenciales (la calificación de “momios” por parte del PRI, no merece análisis).

Y es que se debe tener algo claro cuando se trabaja en coalición: la oportunidad –por más atractiva que parezca– jamás debe controlar las lealtades del sector, menos cuando existe un proyecto en común: volver a ser gobierno a través Chile Vamos.

Volvamos a la historia, en 1938 Gustavo Ross Santa María fue uno de los testigos del mayor quiebre del conservadurismo chileno. Era el candidato de la derecha, apoyado por liberales y conservadores. Sin embargo, aunque en ese entonces eran similares ideológicamente hablando, rehusaron unirse. ¿Qué ocurrió? Fue derrotado por el radical Pedro Aguirre Cerda. Más adelante, en 1946, conservadores y liberales nuevamente no pudieron ponerse de acuerdo en una candidatura. ¿Qué ocurrió? Los conservadores postularon a Eduardo Cruz-Coke, quien fue derrotado por el radical Gabriel González Videla.

En el minuto que se adoptó la decisión de saltar de la Alianza a Chile Vamos, también se decidió dejar los conflictos atrás, generar una hoja de ruta y sentar las bases para la creación de un relato transversal con cabida incluso para el ala independiente. ¿Pero qué ocurre en el camino? Los dirigentes caen una y otra vez en esa tentación individualista de mostrar que unos están en mejor posición que otros.

Muchos años más tarde, la Alianza por Chile trae nuevamente dos candidatos: Joaquín Lavín y Sebastián Piñera. Todos conocemos los resultados, la votación se fragmentó, pues entre ambos habrían sacado 200 mil votos más que Bachelet en la primera vuelta, no ganando la elección, pero sí posiblemente cambiando la percepción en la ciudadanía del real ganador. Y probablemente, el desgaste de realizar dos campañas se habría traducido en conquistar los votos de centro que se terminaron por ir a otro sector.

A todas luces la conclusión que se extrae de este festival de indecisiones, es que hace falta mayor fortalecimiento en la actual directiva. Se debe medir el daño que pueden provocar las constantes candidaturas que aparecen en el camino y los mensajes que se envían para desgastarlos antes de que lleguen a una primaria. Que existan más de cinco posibles candidatos en un escenario donde la Nueva Mayoría tiene solo uno –o al menos uno serio– es un gran avance, por lo que se debe cuidar y reforzar la unión política por sobre cualquier roce interno que pueda aparecer en el camino.

Aún existe tiempo para ejercer liderazgo, porque no se puede hacer política llamando al caos, no hay espacio para indecisiones, debemos estar a la altura del debate.

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