jueves, 17 de octubre de 2019 Actualizado a las 04:20

Visión cortoplacista con la Ciencia y Tecnología

por Javier Valdivieso 29 octubre, 2018

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Señor Director:

La innovación tecnológica no aparece de la nada ni por arte de magia. Se ha ido desarrollado durante fines del siglo XIX y todo el siglo XX hasta la actualidad. Ha sido un proceso largo, complejo y lleno de variantes que han contribuido a construir productos tan relevantes en nuestras vidas como es el caso del computador o el internet. Sin embargo, esto no habría sido posible sin la simbiosis entre el sector público (el gobierno), el sector privado (empresas y laboratorios de investigación) y la academia (científicos y universidades).

Tanto las universidades como las empresas y el Estado tenían motivaciones completamente diferentes entre sí. En un contexto de Guerras mundiales y posterior guerra fría, el gobierno de Estados Unidos (específicamente el Departamento de Defensa) buscaba crear artefactos tecnológicos con el fin de estar por encima del enemigo en la guerra, y así brindar seguridad a la nación. Por su parte, las empresas, por medio de sus laboratorios de investigación (los ejemplos más importantes son el Bell Labs de AT&T y Xerox Parc de Xerox), tenían como objetivo desarrollar tecnologías con el fin de superar a la competencia en cuanto a la creación de productos más innovadores y de mejor calidad, para así aumentar sus ganancias. Finalmente, las universidades junto a los científicos (los ejemplos más conocidos son la Universidad de Stanford y el MIT) tenían como fin utilizar los recursos disponibles de estas empresas y el Departamento de Defensa para aplicar sus teorías y generar conocimiento científico. Diferentes objetivos pero a su vez un trabajo en conjunto.

Durante el siglo XX la tecnología fue un foco principal en el gasto público de los Estados Unidos. En la primera mitad del siglo XX fue el sector público quien más gastó en investigación y desarrollo (I+D), mientras que en la actualidad es el sector privado quien lidera el gasto en I+D en Estados Unidos.

La motivación era clara: preservar la seguridad nacional y derrocar al enemigo en un contexto de conflicto bélico (primero contra los nazis, posteriormente contra la Unión Soviética). Diversos científicos que se encontraban en los Laboratorios Bell eran contratados por el Departamento de defensa para trabajar con ellos. Estos iban conectando lo aprendido en los laboratorios o conectándolo con aquellos que provenían desde la academia. Después de la guerra muchos terminaban en instituciones universitarias ( o regresaban) como docentes e investigadores, dedicándose a perfeccionar diferentes partes de lo que actualmente conocemos como la computadora personal. Algunos, también decidían incursionar en el ámbito empresarial para buscar beneficios económicos a sus inventos. Tal es el caso de William Shockley.

William Shockley, premio Nobel de física por su aportes en la investigación de semiconductores y por el descubrimiento del transistor, abandonó los Laboratorios Bell en 1955 para trasladarse a su localidad de nacimiento, Palo Alto, en California. En Palo Alto también se encontraba la Universidad de Stanford (lugar donde posteriormente egresaron destacadas personalidades como Larry Page y Serguéi Brin, creadores de Google, o Elon Musk). Junto a un grupo de investigadores de dicha universidad crearon la compañía de semiconductores Shockley Semiconductors Laboratory, pero por su estilo empresarial, ocho investigadores dejaron la compañía para formar la suya: Fairchild Semiconductor. Entre estos investigadores se encontraban Gordon Moore y Robert Noyce, quienes años después fundaron la compañía Intel.

Intel sin dudas formó una parte fundamental en la creación del microchip, que sirvió en la creación del cohete espacial que llevaría por primera vez al hombre a la Luna. También fue fundamental para crear ordenadores más poderosos y más pequeños.

No solo eso. El ecosistema que se estaba formando en Palo Alto llevó a lo que actualmente conocemos como Silicon Valley, el sector industrial donde se encuentran las compañías más innovadoras del mundo (como Google, Apple, HP, Dell, Facebook y otras empresas del sector tecnológico).

Es muy difícil que sin esta simbiosis entre la academia, el Estado y el sector privado se hubiera formado de la nada un ecosistema tan innovador como el que vemos en Estados Unidos; no sólo en el ámbito empresarial, también en la gran cantidad de premios Nobel y de universidades que se encuentran entre las líderes en investigación a nivel mundial.

En Chile, lamentablemente la cosa es muy diferente. Tenemos un gobierno que acaba de recortar el presupuesto en ciencias, mientras que las empresas no invierten lo suficiente en Investigación y Desarrollo (no lo ven como prioridad).

Las universidades tampoco se encuentran en la mejor posición. Estas tienen presupuestos acotados, están pésimamente administradas y se enfocan principalmente en la docencia y formación de profesionales, pero no le están dando un gran foco a la investigación.

Si Chile quiere ser un país innovador, desarrollado, con mayor diversificación económica y con un alto nivel de desarrollo científico entonces debe darle real importancia a la inversión en ciencias. De lo contrario, solo se piensa en un cortoplacismo, y muestra la mediocridad y la falta de visión de la clase política y empresarial del país.

Javier Valdivieso

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director

La bala

Envíada por Claudio Jiménez Rojas | 14 octubre, 2019

Cartas al Director

Noticias del día

TV