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OMC: entre el verano y el invierno boreal

por 18 enero, 2019

OMC: entre el verano y el invierno boreal
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El verano boreal de 2018 será recordado, en los círculos del comercio internacional, por la renovación de múltiples críticas dirigidas al funcionamiento de la Organización Mundial de Comercio. En retrospectiva, fue como si la estación más calurosa del año hubiera tenido la fuerza de sonsacar una gama variopinta de frustraciones; algunas peculiares, otras generales; algunas colectivas, otras individuales. Fue un período en que las palabras “modernización”, “reposicionamiento”, “revitalización”, “fortalecimiento” y hasta “reforma” se consolidaron en la jerga veraniega y se repitieron tantas veces que hasta pudieron haber perdido parte de su valor semántico.

Aquella reverberación impactó, no obstante, en la creatividad y proactividad de algunos miembros quienes acuñaron distintas frases, entre ellas, que “el status quo no es una opción” (aunque en realidad siempre es la primera porque protege). En paralelo comenzaron a florecer con fuerza algunas ideas encaminadas a renovar la praxis comercial en el multilateralismo de la OMC.

A la sazón, la administración de EEUU, la mayor economía mundial (PIB US$ 19.391 mil millones en 2017; US$ 1.547 mil millones en exportaciones y US$ 2.410 mil millones en importaciones en 2017, segundo exportador y primer importador global, respectivamente) había cumplido con buena parte de sus promesas comerciales: había renegociado el TLC con Corea (KORUS) en marzo y se preparaba para finalizar la modificación de partes sustanciales del emblemático Nafta (“el TLC más malo alguna vez firmado”), lo que finalmente logró el 29 de septiembre de 2018. El ímpetu alcanzó incluso para cambiar su nombre, siendo rebautizado como “Usmca” – con todos los memes sobrevinientes relativos a la similitud con el acrónimo de la famosa canción de los Village People.

Entre tanto, los efectos de la aplicación de la Sección 232 por parte de EEUU, que autoriza medidas comerciales en base al principio de seguridad nacional, se hacía sentir en la OMC. Estas medidas y contramedidas explican cerca del 33% de los casos del sistema de solución de diferencias de la OMC en el año 2018.

Pero la política comercial de EEUU también tiene un capítulo reservado a la OMC. En su punto más bajo, ese criticismo apunta a la ineficiencia de la organización; a la falta de resultados comerciales sustantivos desde su creación; a la profundización de su trazo de centro de litigios comerciales. En su punto máximo, se le atribuye a la OMC una incapacidad para disciplinar a China, sus leyes y prácticas comerciales que distorsionan el comercio y terminan por introducir una competencia injusta. Hay también una crítica de forma y fondo al funcionamiento del Órgano de Apelación de la OMC, cuyo proceso de nombramiento de nuevos miembros está bloqueado. De continuar este bloqueo el Órgano de Apelación dejará de funcionar en diciembre de 2019, con el impacto sistémico y anímico correlativo. Además, varias veces se ha escuchado sobre el retiro de EEUU de la OMC, aunque morigerado por la frase “si es que no cambia”.

Como puede observarse, con el cambio de estación en el hemisferio norte, y cuando un viento tenue arrastra tímidamente gruesos copos de nieve en Ginebra, las frases más pegajosas del verano boreal -modernización, reposicionamiento, revitalización, fortalecimiento y reforma- se han transformado y han encontrado un cauce normal que refleja más bien intereses específicos subyacentes.

También hay un capítulo más complejo respecto de China, la segunda economía mundial (PIB US$ 12.238 mil millones en 2017; US$ 2.263 mil millones en exportaciones y US$ 1.842 mil millones en importaciones en 2017, primer exportador y segundo importador global, respectivamente). La percepción es que China no participa en el sistema de comercio internacional de la misma manera que los demás países. Hay que emparejar el nivel de juego. Esta visión implica una crítica a su modelo de desarrollo, a la inter-operatividad que hace el sistema político de sí mismo y del sistema económico. Un sistema político que dominaría la economía mediante una amplia presencia de empresas estatales apoyadas con un financiamiento que parece ilimitado, subsidios opacos y no notificados a la OMC. Las empresas estatales, además, realizarían su actividad económica sin atender a la prima legge de mercado: la ley de la oferta y la demanda. Para China, según algunos, pareciera existir sólo un objetivo económico: la oferta constante. La consecuencia es el exceso de producción (overcapacity) que presiona a la baja los precios internacionales.

Dentro de este cuadro, mediante declaraciones de mayo (OCDE) y septiembre (Naciones Unidas-NY), se constituyó el Trío (EEUU, UE y Japón) con el fin de enfrentar los desafíos que el modelo chino representa para el comercio internacional, particularmente en materia de empresas estatales, subsidios industriales, propiedad intelectual y transferencia forzada de tecnología. También cabe destacar que en septiembre de 2018 se formalizó, bajo la convocatoria de Canadá, la creación del grupo de países afines que abogan por el fortalecimiento y modernización de la OMC, entre ellos Chile. En su reunión ministerial, realizada en Ottawa el 24 y 25 de octubre pasado, se adoptó una Declaración Conjunta que, inter alia, llama a desbloquear la nominación de nuevos miembros en el Órgano de Apelación de la OMC.

Sin embargo, de todos los actores, la UE ha sido la que ha respondido con propuestas institucionales. Su estrategia se ha basado en presentar textos concretos que acogen el criticismo de EEUU sobre notificaciones industriales y que velan por el interés comunitario respecto del sistema de solución de controversias. La propuesta sobre notificaciones fue presentada por el Trío (UE, Japón y EEUU) en el Consejo de Comercio de Mercancías de noviembre pasado. Además, la UE presentó tres propuestas para mejorar el sistema de solución de controversias en el Consejo General de diciembre pasado. La UE ha señalado que ésta es una “yellow card strategy”, ya que se trata de una tarjeta amarilla para China en materia de notificación de subsidios industriales y otra de igual color para EEUU respecto al bloqueo en el Órgano de Apelación.

El interés de la UE es preservar el sistema judicial de la OMC, en sus dos instancias (paneles y Órgano de Apelación), para lo cual recoger el criticismo de EEUU no ofrece tanta dificultad, porque la mayor parte de ese criticismo es razonable y tiene solución. Y también ha concedido que es posible, y seguramente también necesario, aumentar la atención sobre China en materia de notificaciones, especialmente subsidios industriales (tecnología).

Como puede observarse, con el cambio de estación en el hemisferio norte, y cuando un viento tenue arrastra tímidamente gruesos copos de nieve en Ginebra, las frases más pegajosas del verano boreal -modernización, reposicionamiento, revitalización, fortalecimiento y reforma- se han transformado y han encontrado un cauce normal que refleja más bien intereses específicos subyacentes. Este enfoque de “modernización” de la OMC no dice relación con los intentos de “reformas sistémicas” anteriores, como el Informe Sutherland (The Future of the WTO – Addressing the Institutional Challenges in the New Millenium, 2004) o la Comisión Warrick (The Multilateral Trade System, Which Way Forward, 2007) que contenían más bien propuestas para una reforma comprehensiva de la OMC, especialmente respecto de las eficiencias agregadas que podrían de ser de mayor interés para países como Chile.

Quizás si con los próximos cambios de estación las propuestas específicas de hoy se conviertan en building blocks de reformas más sistémicas en el futuro, especialmente en materia de resultados comerciales sustantivos. Aunque no falta quien apunta que en la vida los intereses sistémicos son sólo una ilusión. Los fenómenos observables son siempre específicos. El próximo verano boreal tal vez nos sorprenda con una nueva epifanía. Ojalá el invierno boreal de Davos se lo permita.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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