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Voto, luego existo Opinión

Voto, luego existo


Existir. Como usted sabe, René Descartes, luego de practicar un escepticismo radical y admitir que la vida sensorial puede ser un mero sueño y que podría existir un “genio maligno” que nos engaña sistemáticamente (mostrándonos como real lo que en verdad no lo es), no solo inspiró a los creadores de Matrix, sino que llegó a la conclusión de que lo único seguro es que dudamos, y que si dudamos pensamos, y si pensamos, existimos.

Votar. Como usted también sabe, el voto es uno de los ejes estratégicos de la democracia, no un simple ejercicio periódico: permite articular y agregar intereses, resolver conflictos y que, además, se produzca a veces lo que se ha denominado la “sabiduría de la muchedumbre” (The Wisdom of Crowds, 2004, James Surowiecki), ese fenómeno que indica que los muchos suelen ser más inteligentes y sabios que los pocos.

Votar y existir. Uno de los problemas de las democracias modernas y, en realidad, de la humanidad en toda su historia, es que existen grupos de personas marginalizadas y empobrecidas (grupos subalternos se denominan en ciertas corrientes filosóficas actuales, como el poscolonialismo), que carecen de plataformas para expresar sus problemáticas, y de voz para influir en los debates públicos y para demandar una porción justa de los bienes sociales (los pueblos originarios suelen pertenecer a esta categoría y estar doblemente marginalizados: por sus condiciones materiales de existencia y por su origen racial o étnico).

Una connotada filósofa contemporánea india, profesora en Columbia, Gayatri Chakravorty Spivak, postuló en un célebre artículo del año 1985 (“Can the Subaltern Speak?”), que la voz del subordinado no es escuchada en los hechos y que quienes hablan por ellos tampoco son capaces de representarlos fielmente. Estas personas son invisibilizadas por los grupos hegemónicos, para quienes no hablan ni, en el fondo, existen. Aunque Spivak no desarrolla el punto, me parece evidente que votar representa una manera especial y potencialmente muy eficaz de “hablar”, de ser escuchado y, por lo tanto, de “existir”. Es decir, voto y soy escuchado: voto, luego existo.

Cada voto importa. ¿Opina usted que la propuesta constitucional representa un avance civilizatorio extraordinario?, ¿o, simplemente, que sus luces compensan sus sombras, las que se podrán eliminar en el futuro?: vote Apruebo. ¿Opina usted, en cambio, que la propuesta constitucional entraña peligros para la democracia o la integridad del Estado o que impone una visión partisana de la sociedad?, ¿o, simplemente, que sus sombras exceden sus luces, las que se podrán incorporar en un nuevo proceso constituyente?: vote Rechazo.

Pero vote. Votando es como se resuelven los conflictos en democracia, cuando el consenso unánime es imposible de alcanzar. La unanimidad no es posible en este caso, ni nada que se le acerque siquiera un poco (¿la “casa de todos”?), a menos que nos hubiésemos contentado con una Carta Fundamental neutra, que deje todo abierto a la ley. Si aspiramos a que la Constitución enfrente los grandes temas de nuestra comunidad y otorgue certezas respecto del modelo que seguiremos para alcanzar los objetivos sociales, y defina también la manera en que se distribuirán los frutos de la colaboración social, entonces, ella nunca se aprobará con una mayoría aplastante: se afectan demasiados intereses. Por eso, la regla de la mayoría es necesaria y suficiente: con un voto de diferencia, gana legítimamente cualquiera de las dos opciones. Cada voto cuenta, repito.

Su voto es su voz. Probablemente, los momentos eleccionarios son aquellos en que se escucha en verdad, y fuerte, la voz de todos, incluyendo la de los grupos más desaventajados de una sociedad. En la medida que voten, claro. Votar es una de las principales formas de participación democrática. Su voz existe con su voto.

La duda metódica de Descartes puede probar nuestra existencia, es verdad, pero no debe inhibirnos de manifestar nuestra preferencia y votar. Este domingo 4 de septiembre debemos votar todos. Hay mucho en juego, y mientras más voces y voluntades se escuchen y expresen, más legítimo será el resultado. Este domingo vote. Este domingo exista. Vote, luego exista.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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