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Las señales que quiso entregar el Gobierno al dejar a Ampuero en Santiago

por 1 octubre, 2018

Las señales que quiso entregar el Gobierno al dejar a Ampuero en Santiago
El Gobierno se jugó por una puesta en escena que busca mostrar unidad política, liderada y capitalizada por la figura de Piñera, con un tono más directo hacia Evo Morales, cargada simbólicamente –lo de Antofagasta fue potente– de cuestionamiento a la Corte de La Haya, y que ratifica que, sea cual sea el fallo, no cederá un centímetro de territorio. Pero, sin duda, el punto central de esta estrategia apunta a proyectar a una de las partes con una mirada algo despectiva del otro. La desproporción de los contendores en el cuadrilátero es tan evidente, que dejará la sensación a nivel internacional de que Chile le resta importancia al tema. Creo que este es el flanco débil del plan de La Moneda, porque la imagen inmediata que recorrerá el mundo es la del Estado boliviano en pleno –incluida su ministra de Comunicaciones–, con Evo Morales de vocero y la Corte Internacional de La Haya de fondo. La noticia estará en Holanda, no en Chile.
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Es difícil leer la decisión tomada recién el viernes pasado –a menos de 72 horas del fallo que se conocerá hoy, alrededor de las 10 de la mañana–, que significó que el canciller Roberto Ampuero recibiera la orden de cancelar su viaje a Holanda, después que se había informado hace meses que la delegación chilena estaría encabezada por el ministro de Relaciones Exteriores. No cabe duda que la instrucción vino directamente del Presidente Sebastián Piñera y, de seguro, no solo tomó de sorpresa al escritor, sino que también lo descolocó.

La impresión general que deja esta medida, es que el Primer Mandatario optó por liderar la reacción de Chile, sin que nadie le haga contrapeso, ni siquiera Ampuero. Aunque su argumentación suena “políticamente correcta” –que los tres poderes del Estado estén juntos en el momento de la lectura del fallo–, lo cierto es que no parece proporcional a la importancia de este momento histórico que Chile esté representado por su agente Claudio Grossman, un personaje técnico, diplomático y sin ninguna experiencia política, frente a una delegación boliviana encabezada por Evo Morales, dos ex mandatarios, tres ministros y los presidentes del Senado y la Cámara. Las señales en el mundo de las relaciones internacionales son tanto o más potentes que las declaraciones y, en este caso, nuestro país pareciera querer comunicar varios mensajes.

El primero, sin duda, es que Chile le está quitando valor a la Corte Internacional de La Haya y lo ha querido dejar claro. Qué más evidente que la voltereta que tuvimos como país, al restarse el Gobierno –de última hora– de firmar el tratado de Escazú, luego de que Chile liderara esta iniciativa durante los años previos, para terminar, siendo el único país – de un total de 24– que se retractó de lo acordado. ¿La razón? Bastante simple: las controversias ambientales se resolverían, ni más ni menos, que en la famosa Corte de La Haya. Esto fue lo que paralizó a La Moneda y despertó sospechas en varios sectores. Lo que estas naciones estaban haciendo era dar pasos gigantes para acordar algo inédito: garantizar acceso a la información, la participación pública y a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y el Caribe.

Bueno, pero al parecer el sentimiento de unidad política en torno a la controversia con Bolivia ha hecho que incluso la señal se diera en medio de la crisis de Ventanas-Quintero, lo que fue cuestionado tibiamente por la mayoría de las fuerzas políticas. La emocionalidad hoy pareciera estar ganando a la racionalidad y la opción de abandonar el Pacto de Bogotá empieza a imponerse. Los únicos que han sido claros son los del Frente Amplio.

El Estado chileno, por su parte, no tendrá contraparte en el “lugar de los hechos”. Grossman será abordado sí o sí por la prensa, deberá referirse igual al fallo, de lo contrario, Chile no tendrá una posición inmediata. Se vería muy extraño que nuestro país no tenga una vocería en La Haya después de años de preparación y meses de ratificarse la fecha en que se conocería el fallo. Por más que las principales autoridades de Chile estén reunidas en La Moneda y proyecten unidad, que la foto sea la del Presidente Piñera rodeado de rostros de los otros poderes del Estado y de los partidos políticos, tengo la impresión de que comunicacionalmente Bolivia puede sacar un punto de ventaja.

En segundo lugar, La Moneda definió una estrategia comunicacional que concentrará todo en la imagen presidencial, al menos esto ha sido muy claro en la semana previa al fallo de hoy. No cabe duda que Sebastián Piñera se dio cuenta de que esta es una oportunidad tremenda para salir jugando de contragolpe frente a las esquivas encuestas de opinión pública –el viernes Adimark ratificó que la desaprobación supera a la aprobación–. De hecho, Ampuero estaba desarrollando una vocería bastante contundente, la que disminuyó prácticamente a cero, siendo reemplazado por el Presidente, quien no solo subió el tono frente al propio Mandatario altiplánico –el mes previo había optado por ignorarlo–, sino que desplegó una puesta en escena más agresiva y abundante en signos e imágenes dirigidas a generar un sentimiento de unidad nacional y, de paso, de advertencia a los bolivianos.

El jefe de Estado chileno regresó directo de su gira por EE.UU. a Arica y Antofagasta, ambas ciudades emblemáticas de la soberanía de nuestro país. Piñera abandonó el lenguaje diplomático anterior, señalándole a Morales que hablaba mucho y era poco consistente. Pero lo más relevante fue la planificada frase con que concluyó su alocución: “Antofagasta ha sido, es y seguirá siendo chilena”. Sin espacio a dudas, para chilenos y bolivianos, independientemente del fallo que conoceremos hoy.

En síntesis, el Gobierno se jugó por una puesta en escena que busca mostrar unidad política, liderada y capitalizada por la figura de Piñera, con un tono más directo hacia Evo Morales, cargada simbólicamente –lo de Antofagasta fue potente– de cuestionamiento a la Corte de La Haya, y que ratifica que, sea cual sea el fallo, no cederá un centímetro de territorio. Pero, sin duda, el punto central de esta estrategia apunta a proyectar a una de las partes con una mirada algo despectiva del otro. La desproporción de los contendores en el cuadrilátero es tan evidente, que dejará la sensación a nivel internacional de que Chile le resta importancia al tema. Creo que este es el flanco débil del plan de La Moneda, porque la imagen inmediata que recorrerá el mundo es la del Estado boliviano en pleno –incluida su ministra de Comunicaciones-, con Evo Morales de vocero y la Corte Internacional de La Haya de fondo. La noticia estará en Holanda, no en Chile.

El Estado chileno, por su parte, no tendrá contraparte en el “lugar de los hechos”. Grossman será abordado sí o sí por la prensa, deberá referirse igual al fallo, de lo contrario, Chile no tendrá una posición inmediata. Se vería muy extraño que nuestro país no tenga una vocería en La Haya después de años de preparación y meses de ratificarse la fecha en que se conocería el fallo.

Por más que las principales autoridades de Chile estén reunidas en La Moneda y proyecten unidad, que la foto sea la del Presidente Piñera rodeado de rostros de los otros poderes del Estado y de los partidos políticos, tengo la impresión de que comunicacionalmente Bolivia puede sacar un punto de ventaja.

Pero en los días posteriores, el Gobierno tendrá la oportunidad de nivelar. El Mandatario Piñera realizará una cadena nacional hoy a las 21:00 horas, los presidentes de partidos y líderes saldrán con todo a dar sus opiniones, las que sin duda serán alineadas con la posición del Gobierno, aunque algunos movimientos a partidos cercanos a Evo Morales pongan una nota que desentone. Este es un proceso que empezará otra etapa, independientemente del fallo, y La Moneda tendrá una oportunidad única de generar y conducir un estado de ánimo, lo que le puede dar buenos resultados en lo político, si no caen en la tentación de sobreutilizar el hecho como patriotismo barato o que Sebastián Piñera vuelva a repetir la historia del “papelito” o el bochorno de la bandera que le entregó a Trump –por Dios, qué vergonzoso fue–.

Bueno y, finalmente, si hay un damnificado de este episodio del fallo es Roberto Ampuero. El canciller tuvo un rol muy activo durante esto últimos siete meses. Le tocó un debut difícil en marzo con los alegatos a pocos días de haber asumido el cargo, que, dicho de paso, sorteó muy bien. De ahí en adelante tomó la conducción de este proceso sin contrapeso. Su vocería fue constante, clara e incluso hizo de contraparte de Evo Morales hasta hace una semana. Hoy lunes le tocaba su momento de gloria en La Haya, lo que sin duda era justo. Pero el Presidente Piñera decidió cambiar el libreto. Asuntos de Estado, le dicen.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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