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Sexualidad adolescente en pandemia

por 20 septiembre, 2020

Sexualidad adolescente en pandemia
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“La adolescencia está hipersexuada”…. Comentario tan repetido, en tantas circunstancias y como respuesta a tantas situaciones…

La adolescencia siempre ha sido una etapa altamente sexual. Cambia, sin duda, la forma de vivir la sexualidad. Antiguamente casábamos a las niñas apenas iniciaban su vida reproductiva. Tenían, por tanto, vida sexual muchas veces antes incluso de sentir impulso o deseo. No lo sabemos, probablemente pocos les preguntaron y nadie lo registró. No había espacio para experimentar, pues (lo más probable) se casaba con un hombre bastante mayor y versado que ella.  Los hombres, a su vez, muchas debutaban con mujeres mayores, y quizás cuántos de ellos lo habrán hecho para cumplir con su rol y no quedar mal ante sus pares y sus referentes.

En las últimas décadas hemos visto como el matrimonio y la maternidad se postergan y, por tanto, los y las adolescentes inician su vida sexual mucho tiempo antes de desear un compromiso familiar. Siempre ha existido la tendencia de ocultarlo, a no brindar apoyo fáctico, dado que se estaría apoyando al libertinaje sexual. Al respecto, sabemos de sobra que el ocultar no sólo no disminuye la vida sexual de los adolescentes, sino que la condena a ser realizada en condiciones de inseguridad. Por otra parte, amplia experiencia mundial muestra que ampliar la información en sexualidad y el acceso a métodos de protección no sólo no adelanta el debut sexual en la adolescencia, sino que en muchos casos tiende a retrasarlo.

Una vez más estamos frente a circunstancias que alteran nuestra vida en general, y nuestra vivencia sexual en particular: la pandemia. Las parejas que conviven se han visto obligadas a compartir una cantidad de horas y de circunstancias inusitada. Las parejas que viven separadas, a su vez, están experimentando una realidad similar a las relaciones a distancia, aunque habiten a pocas cuadras, lo hace que los reencuentros sean vividos con mucha expectación. Sabemos de sobra que las circunstancias, por catastróficas que sean, no detienen la vida sexual. Los adolescentes no quedan fuera de esta realidad. Los padres han tomado distintas posturas frente a esto; algunos han facilitado los encuentros para asegurarse de que sus hijos estén seguros (tanto en el ámbito sexual como con respecto a un eventual contagio) y otros han descansado en la certeza de que las parejas no pueden encontrarse. En estos últimos casos hemos visto incluso que se interrumpe el financiamiento de los métodos anticonceptivos utilizados por sus hijas. El confiar la salud sexual a algo tan frágil como la separación física transitoria reviste riesgos que son innegables. El impulso sexual es sin duda uno de los más poderosos que existen en el ser humano, por lo que lo más probable es que nuestros adolescentes utilicen cualquier posibilidad y excusa para juntarse. Además, los reencuentros (tanto por violación como por fin de las cuarentenas) son impredecibles, apasionados y muchas veces reiterados. Si ocurren en una pareja que no tiene apoyo para contar con herramientas tan básicas como preservativos, anticonceptivos y espacios seguros de encuentro, es altamente probable que haya consecuencias indeseadas.

Más que hablar de si la adolescencia está o no hipersexuada, o de nuestra opinión frente a esta premisa, tal vez ha llegado el momento de preguntarles a ellos y a ellas qué necesitan de nosotros para tener vivencias responsables y seguras. Escuchemos. Quizás nos sorprenda la madurez de la respuesta.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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