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Día del trabajador

Historias de Mujeres que luchan por los derechos de las trabajadoras

por 1 mayo, 2017

Historias de Mujeres que luchan por los derechos de las trabajadoras
Hoy Primero de Mayo se conmemora el Día Internacional de los Trabajadores, fecha que tiene sus inicios en una masiva huelga de trabajadores en 1886, en Estados Unidos, que buscaba bajar la jornada de trabajo a ocho horas diarias, cuando en la época lo habitual era laborar entre 12 y 16 horas. La protesta dejó cientos de muertos por parte de la policía y actualmente hay quienes la consideran como el origen del movimiento obrero moderno.
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Después de 131 años  de aquella huelga, los obreros aún buscan mejoras en sus condiciones laborales y, por supuesto, las trabajadoras no han quedado abajo de esta lucha. En Chile, hay mujeres que han entregado toda su vida no sólo al trabajo, sino que también a la reivindicación de sus derechos.

La Fundación para la Promoción y Desarrollo de la Mujer (PRODEMU) realizó una celebración el miércoles 26 de abril donde reconoció a dirigentas sociales que han contribuido a los derechos de las mujeres, entre las que se encontraban la presidenta de la Federación Nacional de Trabajadoras de Casa Particular, Ruth Olate, y la fundadora de la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas, Alicia Muñoz.

 

Ruth Olate Moreno: del trabajo precoz a la organización gremial

Desde niña, Ruth Olate Moreno (57) debió dedicarse al trabajo. Su vida en el mundo laboral se inició más temprano que la edad promedio, puesto que a los 12 años, comenzó como trabajadora de casa particular en un pueblo llamado Santa Juana, al sur de Concepción. Según cuenta, durante sus primeros años de trabajo tuvo sus peores experiencias como trabajadora doméstica.

A los 18 años, Olate se trasladó a Santiago para ejercer como empleada doméstica puertas adentro, labor a la que le dedicó tiempo completo durante décadas, puesto que nunca se casó ni tuvo hijos por decisión propia. Años más tarde, con casi 40 años, tuvo que trasladarse a Osorno, Región de Los Lagos, junto a antiguos empleadores, y se dio cuenta de las injusticias que sufrían las trabajadoras de casa particular.

En Santiago existía un pago y un trabajo sin tanta carga, pero en el sur los empleadores abusaban de las trabajadoras con sueldos inferiores al mínimo, sin contrato ni pago de imposiciones. Ahí pensé que debía crear un sindicato para reivindicar estas malas prácticas”, recuerda Olate. En ese momento se dio cuenta que ya existía un sindicato en Chile y que llevaba más de cincuenta años de funcionamiento.

Ingresó en el 2003 a la ANECAP, una de las principales organizaciones de trabajadoras domésticas en Chile y allí permaneció por tres años hasta el 2006, cuando se unió como socia al Sindicato de Trabajadoras de casa particular (SINTRACAP). En el 2008, postuló a la presidencia del sindicato y ganó el cargo que mantiene hasta el día de hoy.

Entre sus motivaciones para pertenecer al mundo sindical, destaca que le parece injusto que no todas las trabajadoras tengan las mismas posibilidades de exigir sueldos y tratos dignos debido a la desinformación y falta de apoyo que puedan tener. “El trabajo nuestro no es indigno, las condiciones laborales son las indignas y esas son las que debemos mejorar”, comenta Olate.

El 13 de octubre del 2013 se formó la Federación Nacional de Sindicatos de Trabajadoras de Casa Particular de Chile (FESINTRACAP) y Olate fue elegida presidenta. Además, esta federación está asociada a la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadora del Hogar (CONLACTRAHO), donde Olate ocupa un puesto como secretaria de organización y educación.

Olate, en representación de SINTRACAP y organizada con el resto de las organizaciones de trabajadoras de casa particular en Chile, encabezó desde el 2010 la lucha y reivindicación del proyecto de ley que regula este tipo de labor y que entró en vigencia como ley 20.876 en octubre del 2014.

A pesar que la coordinación de actividades del sindicato es ardua, Olate aguanta con entereza, puesto que conoce la importancia de apoyar al resto de las trabajadoras de casa particular. SINTRACAP ha sido un pilar fundamental en la lucha por el derecho de las trabajadoras, por lo que incluso ha recibido apoyo de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La promulgación de la ley de trabajadoras de casa particular fue un gran avance, pero Olate afirma que aún es necesaria mayor difusión de esta para que no sólo las trabajadoras se informen y hagan valer sus derechos, sino que también los empleadores cumplan con sus deberes. Para esto, el SINTRACAP realiza actividades a lo largo de Chile que son encabezadas por Olate.

Respecto a la combinación del trabajo con la dirigencia del sindicato, Olate comenta que es una tarea difícil: “andaba corriendo para todos lados. Tuve que hacer varios cambios, primero dejé de trabajar puertas adentro, después tuve que bajar la cantidad de días que trabaja durante la semana porque no me alcanzaba el tiempo”.

Actualmente, Olate no ejerce como trabajadora doméstica, puesto que su cargo como presidenta sindical no se lo permite porque dedica todo su tiempo y energía a la lucha social.  Para mantenerse económicamente, Olate recibe ayuda de su entorno cercano: “mi familia es un pilar fundamental para mi sustento, así como también mis amigas más cercanas”.

 

Alicia Muñoz Toledo: convertir la injusticia en reivindicación obrera



Alicia Muñoz Toledo (70) nació en la hacienda Agua Fría ubicada en Molina, Región del Maule, y tuvo que trabajar obligada desde muy joven, donde recibía un pago con vale y no en dinero. “Desde chica conocí la explotación perversa sin ningún escrúpulo”, cuenta.

Los dueños del fundo donde vivía Muñoz necesitaban una persona que le ayudara a la cocinera y, aunque su mamá reclamó que Alicia aún estaba estudiando, tuvo que dejar la escuela por orden de los dueños del lugar. Fue con esta situación y las injusticias que tuvo que soportar que en ella afloró la conciencia de clase. “Tú te ubicas en el sector donde te corresponde y cuando salió la ley de sindicalización en 1967, para mí y el resto de la hacienda fue como una liberación”, narra Muñoz evocando su primer acercamiento a la reivindicación obrera.

El fundo de Agua Fría donde vivía, fue sometido a la reforma agraria, por lo que sus trabajadores pudieron administrar el fundo de forma cooperativa,  lo que para Muñoz resultó ser un respiro dentro de una vida que no consideraba justa. Pero luego vino el Golpe Militar de Augusto Pinochet en 1973 y se gestionó la contrarreforma agraria.

Muñoz se reconoce hija de la tierra y, por lo tanto, se considera un igual a los otros y a los hombres. Pese a esto, dice haber sentido discriminación por estar ligada al mundo agrario: “la discriminación se vive en todos los ámbitos, pero uno la vence con el propio trabajo productivo y al interior de las organizaciones sindicales campesinas”.

¿Cómo vas a ocupar un cargo superior entre todos los hombres?”, recuerda que alguna vez le dijeron y fue en aquel momento en que se dio cuenta que en Chile era necesaria una organización de de mujeres rurales e indígenas porque había sólo organizaciones de hombres que no daban ni dan cuenta de la realidad de la trabajadora y campesina productora ligada a la tierra.

Cuando la  Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI) se constituyó, no fue por casualidad, sino porque Muñoz y Francisca Rodríguez, fundadoras de la agrupación, llevaban años participando y formando sindicatos mixtos, pero consideraban que el trabajo y presencia de las mujeres era disminuida a pesar de ser masiva.

Muñoz explica que cuando, a través de los sindicatos, se proponen temas que son propios de las mujeres, se obtiene mayor validez frente a los ojos del resto, incluso de los hombres. Aunque no todos los espectros que se proponen reciben buena acogida, Muñoz en ANAMURI ha sido un dirigenta incansable, según sus propias palabras.

“Es la producción de alimentos más importante de este país la que está en manos de las mujeres campesinas”, sostiene la dirigenta social respecto a la labor que realizan las mujeres que día a día acuden al campo a trabajar.

Actualmente, Muñoz ya no se dedica al trabajo en el campo, sino que está enfocada en la organización sindical y el funcionamiento de ANAMURI que, según cuenta, es una tarea bonita pero desgastante, considerando su edad. A pesar de esto, hacen pan integral y lo vende para poder generar ingresos y así subsistir.

Muñoz se casó y tuvo cinco hijos que, según explica, han sido comprensivos con su trabajo en el movimiento obrero campesino y en ANAMURI. Su esposo murió años atrás, pero su familia ha seguido creciendo constantemente. Por ahora, tiene cuatro hijas y un hijo, 10 nietos y tres bisnietas y, aunque su casa es pequeña, dice sentirse feliz de poder recibirlos a todos.

La lucha constante e incansable es la que mueve a Muñoz, dice buscar el respeto y reconocimiento a la mujer trabajadora: “ANAMURI nació para darle el lugar que merece a la mujer, no ser la campesina marginal, sumisa y sometida”, comenta.

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