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BRAGA

“Sentí como un balde de agua fría saber que daría a luz sola y que la única mano que podía apretar era la de una extraña”

por 13 mayo, 2020

“Sentí como un balde de agua fría saber que daría a luz sola y que la única mano que podía apretar era la de una extraña”

Créditos: Pixabay en Pexels

Los planes que muchas y muchos formularon con tanta anticipación y expectación acerca del nacimiento de un nuevo miembro de la familia, cambiaron totalmente con el inminente progreso del coronavirus y las cuarentenas preventivas, sobre todo debido a que las políticas de prevención respecto de si una persona puede dar a luz con acompañante o no, dependen de cada recinto asistencial, de los recursos, capacidades e infraestructura que tengan para poder brindarle la seguridad necesaria tanto a la madre, como a los acompañantes y sobre todo al o la recién nacida. Razón por la cual muchas mujeres han tenido que dar a luz acompañadas solamente del personal de salud.
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“Cuando entré a la sala del parto fue súper angustiante, había ido con mi esposo y mi mamá, pensé que al menos uno iba a poder acompañarme, pero por las restricciones tampoco pudo estar mi pareja conmigo, y este es mi primer bebé entonces sentí como un balde de agua fría saber que daría a luz sola y que la única mano que podía apretar, era la de una extraña (enfermera)”, contó Rocío Céspedes, en conversación con El Mostrador Braga, quien dio a luz hace 2 semanas en la Comuna de El Bosque, en plena cuarentena.

Tras los nueve meses de gestación, el momento del parto es toda una ola de emociones inundando los cuerpos de aquellas mujeres que están a punto de traer al mundo a un nuevo miembro de la familia. Sin embargo, la incertidumbre y los miedos por los problemas que el coronavirus puede representar para esta vida, son un elemento importante que afecta no sólo a quienes están por dar a luz y sus familias, sino que también a los profesionales que deben velar por la seguridad de este ser humano.

Después de que di a luz todo fue maravilloso, cuando tienes a tu bebe en brazos ahí todo lo del coronavirus se queda afuera, no entra, simplemente no hay espacio para pensar en eso. Cuando por fin ves la carita de quien esperaste nueve meses para conocer, es como si el mundo se detuviera un momento, y que todos los temores desaparecieran, vives el momento sintiendo que no hay nada más que el presente”, continuó Rocío.

Sin embargo, luego de que ese momento terminara y el mundo se reactivara todo cambió para Rocío. “El aislamiento es la parte más difícil. Una vez que nació mi hijo también fue distinto para mí. Nos fuimos directamente a la casa, extrañaba a mi familia, mi mamá lloraba de emoción y de pena por no haber podido estar conmigo, porque ni siquiera puede ir a ver a su nieto a la casa, al menos está con mi hermano que la contiene, pero igual es fuerte para nosotros como familia, si hace no sé, cuatro meses atrás organizábamos juntos cómo se suponía que iba a ser ese día”, narró.

Y es que los planes que muchas y muchos formularon con tanta anticipación y expectación cambiaron totalmente con el inminente progreso del coronavirus y las cuarentenas preventivas. Con el fin de conocer esta nueva realidad, es que conversó con El Mostrador Braga, la matrona con postítulo en Atención Humanizada del Parto, Karina Reyes Valderrama, quien desde hace ocho años que se desempeña en labores clínicas en el Complejo Asistencias Dr. Sotero del Río, donde acompaña a las mujeres en su trabajo de parto y parto en sí.

En este sentido, en relación a la experiencia de parto narrada por Rocío, Karina Reyes considera que siente que hemos retrocedido a nivel país en cuanto a la Atención Humanizada del Parto, “son muchos los hospitales que restringieron las visitas, nuestras mujeres están pariendo solas, me duele el alma y aunque trato de entregar lo mejor, son los padres los que se están perdiendo este momento único de ver nacer a sus hijos e hijas”.

El trato con las usuarias siempre ha sido cercano, cuenta la matrona, en relación con ello, si bien el coronavirus ha cambiado de cierta manera la forma de trabajo, por el uso de equipo de protección personal (EPP), considera que es imposible mantener distancia física, ya que por ejemplo, para evaluar las contracciones y los latidos, “debemos tocar el abdomen y realizar examen ginecológico para ver el progreso de la dilatación. En esos momentos de evaluación es imposible no interactuar, espontáneamente se genera un vínculo, aunque sea la primera vez que nos vemos, es un trabajo tan íntimo, que no puedo dejar de conversar y saber de la vida de quien asistiré”.

Desde que comenzó la pandemia la carga emocional para las matronas y matrones también ha aumentado de la mano con la de las embarazadas y sus familias, “también tenemos miedo de contagiar a nuestras familias y como se suspendió el acompañamiento a la mujer que recién ha dado a luz, el único apoyo que tienen es el nuestro y del resto del personal. Tras turnos de 24 horas, es difícil hacer una atención personalizada cuando el cansancio se hace presente y la demanda por camas aumenta”.

En este sentido cuenta que desde que inició la emergencia sanitaria, se vieron obligados a cerrar las salas de espera para familiares y acompañantes, para convertirlas en box de atención para recibir a las pacientes con sospecha o con Covid19 confirmadas, “no tenemos las condiciones mínimas sanitarias para que los acompañantes puedan esperar con dignidad, ni los insumos para que ellos también se protejan. Creo que esto nos pilló a muchos de sorpresa, cuando esto termine se tendrán que reevaluar protocolos de ingreso y hacer espacios más amigables para todos”, comentó.

Para la profesional, esta deshumanización es algo muy doloroso y que la toca de forma personal puesto que tuvo a su hijo hace algunos años en el mismo hospital donde trabaja. “Tuve a mi hijo en este mismo hospital porque creo en el trabajo que hacemos y pude estar acompañada por mi pareja, disfrutar juntos del apego. Quiero lo mismo para mis pacientes (…) Los padres hacen una contención única, que no podemos reemplazar, pero sabemos que es por bien mayor”.

Antes de la pandemia, cuenta la matrona, los padres estaban 24/7. Desde que una paciente ingresa a la urgencia, hasta que se hace el apego, “prácticamente hacían los turnos con nosotros. Se les pasaba un delantal desechable y se les pedía lavado de manos, pero salían para ir al baño o a comer y estaban juntos en la sala de espera muchas veces con el resto de la familia, pero ahora, exactamente eso es lo que hay que tratar de evitar: el desplazamiento y las aglomeraciones”.

“Me marcó mucho una usuaria extranjera, no tenía más familiares en Chile que su esposo, se habían imaginado y preparado para el nacimiento de su primer hijo.  También era primera la vez que estaba hospitalizada, se enteró cuando ingresó en urgencia que debería estar sola en todo el proceso, fue devastador para ella. Se demoró varias horas en dilatar, hasta que pasamos a parto y nos desbordó la emoción. Esto es nacer en pandemia”.

Y es que tampoco se permiten, en el caso del hospital Sótero del Río, visitas en el puerperio (post-parto) por lo que una mujer debe esperar hasta el alta para reencontrase con su familia y conocer en caso de complicaciones, a sus hijas o hijos. “Existe la tecnología, se puede mandar una foto, un mensaje, una llamada. Pero necesitamos el contacto físico, aunque sea a un metro de distancia, ver a quien amamos”, considera la matrona.

En este complejo escenario, la experta considera que la clave es empoderar a las mujeres en su proceso de parto. “No puedo acariciarlas, no puedo abrazarlas, a penas me ven los ojos entre medio del gorro, la mascarilla y el escudo facial. Sólo las puedo alentar, pero cada vez que tengo oportunidad de hacer los controles, les digo que tienen el poder de parir, que son maravillosas y fuertes, que no están solas, están con sus hijas e hijos, y que pronto llegará el momento de verse las caras”, finalizó.

Sin embargo, las políticas de prevención respecto de si una persona puede dar a luz con acompañante o no, dependen de cada hospital, de los recursos, capacidades e infraestructura que tengan para poder brindarle la seguridad necesaria tanto a la madre, como a los acompañantes y sobre todo al o la recién nacida.

En este sentido, Savka Martinic Muñoz, de 23 años, tuvo a su bebé en la Clínica Juan Pablo II, afortunadamente su pareja pudo entrar al parto y también visitarla, sólo que él era el único autorizado para entrar todos los días durante un máximo de 3 horas. “Debía entrar con mascarilla, cambiarse la ropa y lavarse las manos antes de entrar a la pieza, en el parto en sí todos usaban mascarillas y protector facial, tuve apego con mi bebé de inmediato. Durante la estadía los doctores, enfermeros y personal de aseo y alimentación mantuvo su distancia, aunque el trato siempre fue bueno, emocionalmente estuve mal, necesitaba estar con mis papas, pero no podían entrar”, contó.

Además, mi prima tuvo a su hijo hace tres semanas en el Hospital de Peñaflor, ella solo tuvo acompañamiento en el parto, nadie pudo ir a visitarla. Lo cual le afectó mucho ya que no había llevado todas sus cosas y nadie podía llevarle nada, a pesar de ello me cuenta que el trato fue bueno, con las mismas medidas de seguridad que en mi caso”, finalizó.

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