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“La Jauria”: mofa al feminismo

por 23 julio, 2020

“La Jauria”: mofa al feminismo
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Desde que la marea verde ha empezado a tomar más fuerza a lo largo de todo el mundo, dados los casos de violencia de género, que pareciera cada vez se vuelven más escabrosos, se ha generado un mayor grado de consciencia y sensibilidad por la sociedad hacia este tema.

La masificación de la performance de “Un violador en tu camino” del colectivo  Las Tesis nos dejó de manifiesto no solo que las mujeres del mundo nos uníamos para denunciar una situación casi cotidiana en nuestras vidas, sino que es una realidad plasmada en los distintos continentes, evidenciando la necesidad de combatir la violencia machista existente tanto en países del primer como del tercer mundo.

Es de suma urgencia el aporte que evocan trabajos que tiendan a visibilizar la problemática política existente al respecto. El llamado es siempre a construir y no a fomentar estereotipos.

Es así como se hace menester demostrar esta realidad a través de las distintas áreas en que nos desarrollamos: música, arte, deportes, política, literatura, ciencia, cine, entre otras, a fin de generar cambios en la mentalidad de quienes componemos esta sociedad machista y patriarcal, surgiendo obras audiovisuales como la recientemente estrenada y esperada serie chilena “La Jauría” que sin lugar a duda son un tremendo aporte a nivel cultural, porque ayuda a visibilizar una situación real histórica, pero que deja un sabor amargo al encontrar en ella un doble estándar.

Primero, porque existe una hipocresía al utilizar de manera comercial la lucha en las calles de las mujeres, ya que el mensaje no es a combatir la violencia de género en cuanto a estructura, sino que se atreve a ridiculizar el movimiento feminista, lucrando con una demanda social justa por parte de trasnacionales como Amazon, siendo un aporte a aumentar sus ganancias al hombre más rico del mundo.

Segundo, porque se centra en una realidad social del barrio alto de Santiago. Lamentablemente, cuando hablamos de violencia de género no es lo mismo ser de Las Condes que ser de La Pintana, y la realidad de la capital es totalmente distinta a la de una región tan vulnerada como lo ha sido históricamente La Araucanía, donde encontramos una Jauría real incorporada hasta los cimientos de todas las estructuras del Estado, desde la policía hasta el Tribunal Oral, quienes se encargan de “sacar a palos” a las mujeres mapuche que ejercen su derecho consuetudinario a vender hortalizas por las calles céntricas de Temuco, asegurándole impunidad a los agresores. Eso, aunque no se evidencia, también es violencia de género y no basta solo con poner una imagen rescatada de los archivos de las manifestaciones del 2019 para demostrarlo.

¿Se encargará la productora de “La Jauria” de ser un aporte más real que comercial a combatir la violencia de género? ¿Utilizará parte de sus ganancias a la reparación psíquica y física de aquellas que ven vulnerados sus derechos en razón de sexo, raza o clase? ¿Qué harán Amazon Prime y Fábula con la recaudación de dinero de la serie? ¿Lo donarán a casas de acogida? ¿Generarán redes de apoyo a cientos de mujeres que lo necesitan sobre todo en estos tiempos de pandemia?

Además, existen estereotipos visibles que se marcan en la serie, ya que mientras Luchsinger se desempeña en un papel principal, Antivilo es un guardia de seguridad, perpetuando sutilmente la subordinación por origen cultural que nacimos y crecemos viendo en la cotidianidad de la realidad sociopolítica y cultural de Ngulumapu.

Esperaba ansiosa esta serie y me la tomé muy personal, puesto que hay insertos míos en ella y fueron transmitidos, sin embargo, la decepción al verla fue tremenda, a pesar de entender que gustó a muchas personas que habitan en las tierras donde el apendicitis parece pandemia mucho antes del Covid-19.

Sería bueno que personeros del mundo del arte en Chile se tomen enserio las demandas de las mujeres y que no se presten para una mofa tan grande al feminismo plurinacional, puesto que es de suma urgencia el aporte que evocan trabajos que tiendan a visibilizar la problemática política existente al respecto. El llamado es siempre a construir y no a fomentar estereotipos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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