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BRAGA

Acoso escolar: un infierno ignorado

por 7 enero, 2021

Acoso escolar: un infierno ignorado

Créditos: Pixabay /Pexels

Sofía sufrió acoso y abuso por parte de un compañero de curso en su liceo ubicado en la Región de O'Higgins, durante los años 2013 y 2016 . Muchas veces denunció a las autoridades del establecimiento la situación que vivió, pero nunca obtuvo el apoyo necesario para detener las acciones del joven. La realidad de Sofía es la que viven o han vivido decenas de jóvenes en el país durante su etapa escolar y no han recibido la ayuda de sus instituciones educacionales.
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*Los nombres de los involucrados fueron alterados por pedido de la víctima

En 2012, luego de terminar sexto básico, Sofía ingresó al Liceo Bicentenario de Rengo, ya que sus familiares decidieron que estudiara ahí por la excelencia académica que se comentaba del establecimiento. Ahí conoció a Javier, un compañero de curso que a comienzos del 2013, cuando cursaba octavo básico, comenzó a acosarla. Durante ese año, el liceo se fue expandiendo, llegaron nuevos alumnos y ese fue el momento en que inició todo. “Empezó el boom de la revolución de hormonas, los cabros empezaron a pensar en sexo y uno también”, afirmó la joven mientras se esfuerza por recordar lo ocurrido.

Sofía comentó que en 2013, vivió una de las situaciones más impactantes que recuerda. Dos compañeros de curso, uno de ellos Javier, se sentaron uno a cada lado de ella, impidiendo que pudiera moverse y le pusieron un computador al frente donde se mostraba un video pornográfico. Según la joven uno de ellos le dijo al oído: “Mira Sofía, así naciste tú”. Para ella este hecho fue traumático, porque nunca había recibido información por parte de sus padres sobre temas sexuales. “La forma de ver el sexo depende mucho de la crianza que uno tiene”, aseguró. Después de haber vivido esta situación, Sofía siguió recibiendo todo tipo de burlas por parte de otros compañeros que imitaban las actitudes de Javier.

Cuando pasó a primero medio, las cosas siguieron empeorando para Sofía, ese año para ella fue una eternidad e indica que una de las responsables de esto fue una nueva profesora que llegó a reemplazar a la antigua que se fue con prenatal. La educadora era una persona muy abierta en ámbitos de sexualidad y siempre decía que ella podía llevar a las niñas al ginecólogo y darles protección a los jóvenes. Esto generó mucha confianza entre alumnos y profesora, lo que para Sofía no era muy adecuado. Este tipo de relación cercana con la educadora generó que Javier siguiera molestando y acosando a la joven, ya que la nueva profesora no detenía las acciones del joven contra Sofía. Su madre, al ver la situación que estaba pasando, le recomendó hablar con su profesora jefe para solucionar esto, pero en vez de recibir ayuda, la maestra solo le dijo a Sofía que tenía que cambiar porque veía que todos sus compañeros se llevaban bien con Javier y pensaba que el problema era ella.

“Cuando decían mi nombre en la lista, Javier hacía caras de asco y me obligaba a darle la respuesta de las pruebas” -Sofía

Un día, Javier empezó a hostigarla y decirle al oído: “Sofía culiemos”, esto le afectó la visión que tenía del sexo porque ahora lo ve como algo sucio y malo. Esto ocasionó que su madre decidiera intervenir y pedir reunirse con el inspector, los padres del joven y Sofía. De esta reunión, la joven contó que ella no sabía nada y que Javier se excusó de que él la acosaba porque ella lo miraba mucho. Para el padre del chico, la joven estaba enamorada de su hijo y solo quería llamar la atención de él, por eso inventaba todo esto. A raíz de esta situación, los compañeros de curso se pusieron en contra de Sofía y le expresaron su apoyo a Javier.

Las consecuencias de no obtener ayuda

En 2015, cuando cursaba segundo medio, sus padres decidieron ir a la Superintendencia de Educación, porque no obtuvieron ayuda del colegio para realizar una denuncia a la PDI por bullying. Esto generó que se multara al establecimiento y se estableciera una orden de alejamiento para Javier, la cual no se cumplió y la profesora siguió sentando al joven cerca de Sofía. Muchas veces la chica le pidió a su profesora cambiarse de puesto, pero nunca recibió una respuesta concreta.

Sofía pertenece al 25,2% de los jóvenes chilenos que han sufrido algún tipo de acoso escolar por parte de otro compañero. Según indicaron los resultados de la Encuesta Nacional de Juventud realizada por el Instituto Nacional de la Juventud (Injuv), en agosto de 2019, uno de cada cuatro jóvenes declaró haber sufrido alguna situación de violencia física o psicológica en su lugar de estudios.

Durante una clase, Javier hizo un comentario que la joven no logra recordar porque a raíz de eso, ella empezó a tener un ataque de pánico. “Fue un llanto horrible, no podía respirar, sentía que iba a vomitar, pero no lo hacía”, manifestó Sofía. Ese día, le dieron 8 ataques de pánico y le otorgaron licencia, la que duró lo que quedaba de segundo medio para poder superar esta situación desde su casa y en compañía de su familia.

Según la psicóloga infanto juvenil del Centro de Atención Integral a Víctimas, del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Gabriela Opazo, un ataque de pánico es un tipo de trastorno de ansiedad, y puede ser una de las reacciones que experimenta una persona, tras la vivencia de una experiencia traumática o dolorosa, como lo es la violencia escolar.

“Las víctimas también podrían manifestar sintomatología depresiva como ánimo disminuido, dificultad para realizar actividades de la vida cotidiana, alteración del sueño, entre otras” afirmó Opazo y además aclaró que cuando la violencia se centra en realizar comentarios negativos acerca de la imagen corporal, la persona afectada podría experimentar trastornos de alimentación. En la siguiente infografía se muestran datos sobre las consecuencias que pueden presentar las personas afectadas en casos de bullying o acoso escolar.

A pesar de que los profesores del colegio conocían la situación que vivía Sofía, ella sentía que no les interesaba lo que estaba sucediendo, esto ocasionó que luego de tres semanas de haber empezado tercero medio, en 2016, Sofía pidió que la cambiaran de curso. “Decidí cambiarme al D porque con ellos tenía más afinidad cuando realizaba taller”, contó la joven. También durante este año, los ataques de pánico volvieron, pero su nueva red de apoyo, sus nuevos compañeros, la contuvieron y la ayudaron a salir de eso. Además, se enteró de que algunas de sus ex compañeras de curso habían vivido situaciones similares a las de ella.

“Un día siento que me desperté, llegué a casa y le dije a mi mamá que me quería cambiar de curso”.-Sofía

Los protocolos que no se cumplieron

Una situación que llamó la atención de Sofía fue el suicidio de una joven que pertenecía a su anterior curso. En 2016, según lo que comentaban personas de la localidad de Rengo, una ex compañera de Sofía decidió acabar con su vida, tras sufrir situaciones de abuso y acoso escolar .Después de este hecho, Sofía contó que nadie en el colegio comentó lo sucedido y tampoco se crearon protocolos para prevenir situaciones de acoso. Para Verónica Uzcategui, Directora del Área de Prevención y Educación de la Fundación Para la Confianza, los protocolos de actuación son lineamientos que permiten intervenir en situaciones de diversa índole y deben cumplir con una serie de elementos para que sean funcionales. “Cada establecimiento debiese adaptar dichos lineamientos a su realidad institucional” afirmó la experta.

El Ministerio de Educación, cuenta con un manual para establecer protocolos en establecimientos educacionales. En esta guía se define un protocolo como documentos que establecen de manera clara y organizada los pasos que se deben seguir en casos de acoso. Además, son los responsables de implementar acciones para proteger a los niños y adolescentes. Una de las causas de la grave situación que vivió Sofía, fue la falta de estos protocolos en su liceo. La siguiente infografía resume las principales ideas que deben tener los protocolos escolares.

Pese a que la Superintendencia de Educación afirmó a través de su página web que todo establecimiento que cuente con reconocimiento oficial, debe disponer de protocolos de actuación frente a situaciones de acoso o abuso escolar y agresiones o hechos de connotación sexual, el liceo de Sofía no actuó conforme a esto.

El dolor de una madre

Para la familia de Sofía, las situaciones de acoso y bullying que sufrió la joven, fueron momentos muy difíciles de los que todavía no logran recomponerse totalmente. Josefa, mamá de la chica, comentó que vivió con mucha angustia, rabia y pena, el no poder alejar a su hija de la situación que estaba viviendo o de Javier.

Josefa manifestó que lo que más le dio rabia fue el poco apoyo que recibió del establecimiento educacional donde estudiaba Sofía. “Lo que más me molestó y lo que más me enfermó, fue la incompetencia del director”, afirmó. Para ella, las máximas autoridades del liceo quisieron tapar todo lo que sucedía para que el colegio no tuviera mala reputación y no se viera afectada su excelencia.

 

Además del director, la madre de Sofía señaló a la ex profesora jefe de la joven, como una de las responsables de no haber mejorado la situación por la que pasaba su hija. Según Josefa, la maestra se veía indiferente con respecto al tema de su hija y nunca hizo nada para ayudarla. “Ellos tenían cero responsabilidad, cero conciencia y cero respeto con lo que le estaba pasando a Sofía”, se refirió la madre con respecto a las actitudes del director y la profesora.

Josefa dijo que actualmente lo primero que le viene a la cabeza al recordar todo lo que ha tenido que vivir su hija, es la unión que han desarrollado como familia para poder sobrellevar esto. Ella pensaba que Sofía iba a ser una chica alegre, que iba a disfrutar de las pequeñas cosas, pero todo lo que ha vivido afectó en su forma de ser, pero Josefa cree que en algún momento ella va a lograr ser feliz. “Quisiera que encontrara la felicidad, esa alegría, esa sonrisa, el no estar con sus cosas negativas, estas cosas se consiguen con el tiempo”, declaró.

 

La importancia de un psicólogo

Sofía comenzó a asistir a la psicóloga del liceo desde antes de los 14 años a raíz de los problemas que tenía con Javier, pero ella no le brindó la ayuda necesaria para poder sobrellevar el acoso.“ La psicóloga le comentaba a mi hija que era ella la que tenía que cambiar de actitud, era ella la que tenía que cambiar su forma de ser, era ella la que tenía que acercarse al tipo para conversar, era ella, ella, ella”, comentó la mamá de Sofía.

Desde los 14 años, Sofía decidió empezar a asistir al psicólogo del CESFAM de su localidad. Estuvo alrededor de 5 años asistiendo a las terapias y para la joven significó un apoyo fundamental en el proceso de superación. Ella confesó que, sin la ayuda del profesional, podría haber acabado con su vida, porque desde que Javier la acosaba, empezó a cortarse los antebrazos. “O sea gracias al psicólogo no me maté” expresó.

Para la psicóloga Gabriela Opazo, es muy relevante la intervención que pueden llegar a realizar las duplas psicosociales (un psicólogo y un trabajador social) en el área de convivencia escolar, ya que ellos despliegan acciones para buscar posibles soluciones al conflicto. “Cuando existe una grave afectación emocional en la víctima es importante realizar la derivación a una institución que brinde una atención terapéutica”, afirmó la experta en salud mental.

Las situaciones de abuso en el ámbito escolar dejan graves consecuencias en la víctima. Para Sofía, que la violencia recibida viniera de un hombre, le ocasionó una desconfianza hacia el género masculino. “El hecho de que Javier fuera un hombre, me hizo tener una versión distinta de los hombres ¿serán todos así? todos verán el sexo de esa forma que la veía Javier?”, dijo Sofía. Pero la joven contó que con respecto al tema sexual, que recién ahora que está estudiando en la universidad, ha podido ampliar un poco su visión y ha notado que no todos los hombres piensan ni se comportan como Javier.

Actualmente, Sofía estudia psicología, porque según ella siempre le ha gustado comprender a la gente, pero la situación de acoso que vivió en su etapa escolar la incentivó aún más a querer estudiar esa carrera. Sin embargo, comentó que aún hay algo que no puede superar, el relacionarse con las personas por el miedo a ser maltratada psicológicamente de nuevo.

“Es un poco burda la comparación, pero siento que soy ese perrito que sufrió maltrato y cuando le vas a hacer cariños te muerde porque el piensa que le vas a pegar”.- Sofía

  • (*) Las autoras son alumnas de la Universidad Diego Portales. Este trabajo lo realizaron en el curso de Redacción Digital, dirigido por la periodista Yanara Barra.

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