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Sus obras fueron exhibidas en Feciso, Festival de Cine Social y Antisocial

Cultura - El Mostrador

La Escuela Popular de Cine o los cineastas guerrilleros

por 17 diciembre, 2014

La Escuela Popular de Cine o los cineastas guerrilleros
Data de 2010 y ya cuenta con 10 películas terminadas. Para los miembros de esta entidad, el cine “es una forma de lucha, de resistencia a un modelo económico que aliena y cosifica de una manera aberrante a las masas pobres del país. Es una forma de creación, la creación como búsqueda de libertad”.
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Aunque el sistema neoliberal domina Chile, aún quedan algunas porfiadas islas de resistencia. A nivel literario, centenares de editoriales independientes que funcionan a pulso plantan cara a dos transnacionales, que dominan el 85 por ciento del mercado. Y a nivel cinematográfico, entre otros está la Escuela Popular de Cine (EPC), una obra del Colectivo Feciso, quienes llevan a cabo el Festival de Cine Social y Antisocial.

Son un grupo de trabajadores, estudiantes y creadores que prefiere permanecer en el anonimato y responder las preguntas de El Mostrador Cultura+Ciudad de manera colectiva.

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Formas de lucha

Hagamos definiciones: la Escuela Popular de Cine está al margen de la “Matrix”. Aquí no hay Fondart, ni premios ni festivales. Para este colectivo el cine “es una forma de lucha, de resistencia a un modelo económico que aliena y cosifica de una manera aberrante a las masas pobres del país. Es una forma de creación, la creación como búsqueda de libertad”.

Su apuesta por los sectores populares es clara. Y la explican así. “Estábamos cansados de que nos representaran con una lógica de turismo social y nos exhibieran como en un zoológico humano”, dicen. “La televisión nos retrata con asociaciones directas entre violencia y droga, y el cine, con maquetas burdas de actores cuicos que intentan hablar como pobladores con resultados que dan vergüenza ajena”.

“Lo que queremos es levantar nuestro propio lenguaje, trabajar en relación directa y horizontal con nuestros propios vecinos. Apuntar a un cine crítico y no temerle a eso de plantear imágenes y acercarnos a escuchar y crear con nuestros barrios, vecinos, vecinas, niñas y niños”.

Más claro, echarle agua.

Transhumantes

Un buen ejemplo de la Escuela es el documental “Transhumante” (2014), de 13 minutos, de Carol Rojas y Sofía Bravo. Cámara en mano muestra la vida diaria de una chica que se dedica a evadir el pago en el Transantiago.

Una chica a la cual nunca podrán rastrear su tarjeta BIP para saber por dónde anduvo en Santiago porque no usa. Una integrante de ese 20 por ciento que no paga su pasaje, sospechamos que no sólo por lo caro sino que por una razón profundamente ideológica: el transporte es un derecho, no un privilegio.

“Transhumante” es uno de los 10 films terminados que la Escuela puede exhibir con orgullo. Su otro hito es el Festival de Cine Social y Antisocial (Feciso), cuya versión número 14 se realizó la semana pasada en la Plaza Yungay y las calles de La Victoria, La Florida y La Pintana, y que le da su nombre al colectivo.

El maestro Freire

El colectivo cuenta que la Escuela data de 2010. El objetivo: “levantar un espacio de creación audiovisual basado en las dinámicas autoformativas horizontales, experimentadas por los procesos de educación popular propuestas por Paulo Freire en los años 50’ y 60’”.

“En este caso específico, se intenta intervenir en los procesos sociales por medio del cine, utilizándolo como una herramienta y un arma a favor de las poblaciones pobres del país y en contra de las fuerzas e instituciones económicas, represivas y religiosas que llevan décadas fermentando la desidia e impidiendo la organización libertaria de las poblaciones”, señalan.

“Recuperar nuestras imágenes- memoria e identidad- es  clave para plantearnos desde la realización audiovisual en comunidades, barrios y poblaciones. La escuela busca incentivar la creación audiovisual en torno a la crítica social y antisocial”, dicen.

Documental "Porque vomitan"

Documental "Porque vomitan"

Modo de funcionamiento

La Escuela  comenzó a funcionar a principios del 2011, con clases dos veces a la semana en alternancia entre el centro de Santiago y las poblaciones de la zona sur de la capital.

Acá no hay profesores ni alumnos. “Lo que hay son personas dispuestas a aprender de los demás, personas generosas y trabajadoras con ganas de sacar adelante sus proyectos audiovisuales y de replicar las experiencias de educación popular en sus propios lugares de origen”, afirman.

La Escuela plantea su metodología con dos ramas que desarrollan: la “realización audiovisual libre”, bajo el precepto de que “la realización audiovisual no es atributo exclusivo de las elites, por eso este taller está enfocado a practicar y a desarrollar la búsqueda y creación de narrativas en nuestras comunidades”; y la “comunicación de resistencia”, en virtud de que “la recuperación de nuestras imágenes es clave a la hora de hacer nuestros planteamientos en la realización audiovisual desde nuestras comunidades, barrios y poblaciones”, y en el marco de la cual se forman los CAP (Centros Audiovisuales Populares).

La evolución y las historias

Para los miembros del colectivo, sin duda la Escuela ha evolucionado –y mucho- en estos cuatro años de funcionamiento.

“En un principio nadie tenía mucha experiencia, lo que provocaba un caos creativo bastante interesante entre todos nosotros, ayudándonos mutuamente a la hora de grabar o de realizar talleres en diversos espacios, como tomas de colegios, juntas de vecinos, etc”, cuentan.

Durante el primer año filmaron películas que narraban documentalmente la experiencia del movimiento estudiantil (“El Nuevo Amanecer”), la vida de niños en una población de La Pintana (“Santo Tomás, entre la iglesia y los pacos”). Durante el segundo ciclo comenzaron a aparecer experiencias más íntimas con registros familiares (“A la memoria”) y reconstrucciones históricas de los orígenes de una población que comenzó como toma de terrenos (“Lo Hermida”).

Durante el tercer ciclo del año pasado “ocurrió una eclosión de trabajos bastante desafiantes y que tensan las propuestas del trabajo y complicidad con los actores”. Estas dieron como resultado cortometrajes como “Transhumante”, que narra la experiencia de la evasión en el Transantiago; “La muerte está en los catres”, una historia de amor lésbica en una población de la zona sur;  “Consejo de Guerra”, en donde el choque generacional de dos personajes que comparten el activismo político, y “Porque vomitan”, que muestra “la descomposición discriminatoria en contra de niños inmigrantes dan como resultado un verdadero golpe que busca sacudir a los espectadores”.

Las principales plataformas de difusión de la Escuela son los CAP, Internet (www.escuelapopulardecine.cl) y el propio FECISO, “en donde exhibimos nuestras películas en la calle, en las mismas poblaciones donde hemos trabajado con anterioridad. Algunas veces los vecinos nos dan demostraciones de su cariño y nos inspiran a seguir con el proyecto”. Para Escuela, eso vale más que cualquier premio, podría decirse.

Influencias y cine chileno

No hay un cine específico que inspire a la Escuela, no se trata de seguir alguna línea de realización o algún autor en particular.

“La EPC propone que cada creador busque en su mismo entorno su propio lenguaje, su expresión, que ésta sea lo más honesta posible”, explican. “En este sentido, a lo más, apoyamos este proceso con ciertas referencias, en donde entran películas mudas, mucho cine latinoamericano de los 60, e incluso algunos aspectos de cine de género. En resumen, todo el cine que consideramos valioso por su valentía, poco apego a los convencionalismos marketineros y que sobre todo, sea honesto con lo que narra y que no se vincule a la seudo industria de cine chileno que es más bien un modelo de negocios que plantea  la tan anhelada ‘imagen país’”.

Esta definición deriva en la crítica demoledora que ejercen contra la cinematografía chilena actual.

“El cine chileno, en sus casi 100 años de existencia, siempre ha tenido un sustento aristócrata o de modelo de negocios, salvo con la UP”, dicen. “Durante las últimas décadas todas las películas que han intentado retratar la vida de los trabajadores y las clases populares siempre han sido una burla”.

Al colectivo, de cine chileno les interesan algunos intentos realizados durante la Unidad Popular y algunos realizadores independiente sin época establecida, “porque el cine chileno que más ha estado arraigado al pueblo es aquel que se generaba en base a los encuentros entre realizadores y creadores populares que permitían conversaciones entre ellos y no lobbys comerciales como los que se hacen ahora, que suelen ser bastante pintorescos y con mal gusto, pero definitivamente nos asquean ejemplos de sectores como Cinemachile”.

Quien dejar algo claro: “esto no va en contra de los realizadores chilenos”, porque saben que es difícil hacer películas. Sí rechazan “a la marca sectorial que se creó, que representa estos lobbys o mejor dicho a la empresa, que ha generado su negocio en base a sus productos y que las promueven afuera como ‘el cine chileno’, con este modelo que no va en busca de la industrialización real del medio audiovisual, en cambio ofrecen al país un modelo de negocios predecible e intrascendente”.

Para el colectivo, en este caso “no hay un verdadero interés de formar audiencias, ni de generar un pensamiento crítico a través de estos planes, que más encima el Estado financia de forma directa, sino que se busca simplemente dar distribución y trascendencia a trabajos hechos con la venia de los criterios de las misma empresas que han creado esta marca sectorial, que es donde se promueven ellos mismos, trazan alianzas comerciales, se planean cócteles y fiestas. De cine, poco”.

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