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La dispersión de las ferias literarias del norte de Chile y la necesidad de un mapeo

por 16 septiembre, 2018

La dispersión de las ferias literarias del norte de Chile y la necesidad de un mapeo
Apremia un mapeo de ferias literarias que integre a Arica, Iquique, Calama y Antofagasta en alguna página web o redes sociales, con el propósito de saber fechas y coordinar la participación de delegaciones locales, con la persona indicada. En la última Feria Comunal del Libro de Iquique había espacio para exponer, pero no había libros de escritores de Antofagasta, Calama o Arica. Una lástima.
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El presente de las ferias de los libros en las ciudades del denominado Norte Grande parece estimulante. Cada ciudad se enorgullece de contar con una, y hasta dos, como en los casos de Antofagasta e Iquique.

Periódicamente el escritor de moda, el best seller, presenta su novedad ante gran audiencia. La fórmula de la feria del libro la complementa la música en sus diversas variantes, danza, teatro y la presencia de emprendedores con sus ofertas de productos.

A veces la balanza queda más cargada al lado de los emprendedores. El ejemplo más patente de esta diversificación de una feria del libro es la Filzic, que se desarrolla en otoño, en Antofagasta. La evolución de Filzic, que subsiste por la mezcla de fondos privados provenientes de la minería y públicos, es hacia una gran feria cultural.

En un extremo de Filzic es posible hallar un best seller y, en otro extremo, una longaniza artesanal de Chillán o un queso. En medio, hay tres escenarios donde se presentan escritores, trovadores y cuentacuentos. Si se mide el éxito por la cantidad de público que la visita, la Filzic lo logra con creces. Cumple con ser un lugar de distracción distinto, dentro de una ciudad industrial y contaminada como es Antofagasta, donde el cargo de conciencia de la minería -si es que lo tiene- lo sopesa, en parte, con el aporte a actividades de distensión.

En menor medida, el resto de las ferias del norte sigue un modelo similar con diversos matices y hasta con foodtruck.

El dilema es si existe real interés del público que transita en las ferias por la actualidad de la literatura local, regional, del Norte Grande o nacional. Mientras no exista una exhibición contundente de ésta, no se podrá saber.

Las distancias entre las ciudades del Norte Grande, no es comparable a la de la Quinta Región, por ejemplo. Hay casi seis horas en bus, entre Antofagasta e Iquique, y otras tres horas, entre Iquique y Arica. Los trayectos pueden ser una excusa para la ausencia de editoriales y escritores de Antofagasta en Iquique, por ejemplo. En la última Feria Comunal del Libro de Iquique había espacio para exponer, pero no había libros de escritores de Antofagasta, Calama o Arica. Una lástima.

Resulta evidente la carencia de coordinación, conocimiento del quehacer literario de cada ciudad y precisión de fechas. A favor de las ferias cuenta que muchas veces los dineros públicos se retrasen hasta el último minuto, con el desajuste de las actividades. En contra de los editores y escritores locales, juega el desconocimiento de quienes están a cargo de las ferias. Algunas ferias ni siquiera tienen referencia en las redes sociales o aparecen a última hora en el horizonte.

En consecuencia, apremia un mapeo de ferias literarias que integre a Arica, Iquique, Calama y Antofagasta en alguna página web o redes sociales, con el propósito de saber fechas y coordinar la participación de delegaciones locales, con la persona indicada. Asunto que podría achacarse al consejo de la cultura. Y, con lo anterior, generar un necesario circuito que permita la retroalimentación de las editoriales y escritores de las regiones. El mapeo también sería útil para las editoriales independientes de otras regiones, que deseen sumarse.

La presencia de las editoriales independientes y de escritores locales será una forma concreta de saber, si existe real interés por el presente de la literatura local, regional o nacional.

La imagen de alguien masticando una hamburguesa en la mesa de un foodtruck mientras lee un libro de ediciones Huraña de Antofagasta, Navaja de Iquique o Lusevo de Arica, sería un buen síntoma de que los libros no serían la excusa para armar una feria del libro.

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