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El cosmos de la vida cotidiana

por 9 enero, 2020

El cosmos de la vida cotidiana
La capacidad evocadora del conjunto es amplia con relación a los temas tratados y cuyo centro, como ya dijimos, es de un dramatismo en que la memoria juega un papel destacado, cuestión mucho más punzante en cuanto son los sentimientos nobles como el amor o la desnuda contemplación de escenas comunes las que se enfrentan o contrastan con el odio, la violación y el ultraje del hombre por el hombre en una misma dimensión temporal y espacial que en definitivas cuentas aún están presentes en el cosmos de la vida cotidiana. 
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La última entrega de Guillermo Riedemann nos va sumergiendo en un complejo de poemas imbricados entre sí divididos en tres cuerpos poéticos que nos muestran distintos aspectos de la vida cotidiana, que asciende a un estatuto casi mítico a los ojos y pensamiento de este autor que mezcla una simpleza que podría llamarse minimalista, con datos, información, hechos y escenas  en que se dan cita el terror, el absurdo, la cuestión política -como un asunto medular en su poética- y lo mágico-erótico, que a su vez es misterio y rito de sello surrealista en versos como: “Entonces me abrazó, me empujó/ como si me protegiera de algo./ Quería entrar en mi boca/ me retuvo para devorarme,/ me mantuvo sin aire y nadé en ella,/ entre su pecho y la pared,/ estrellado y libre de las leyes/ de la gravedad, para percibir/ la eternidad en unos pocos segundos” (31).

Variados son los elementos de interés que aborda la voz poética que hace inmersión en dimensiones que van en apertura temática pero a su vez nos acercan inevitablemente al horror mediante indicios donde vibran como las dos cuerdas de un mismo instrumento la poesía y la historia.

El concepto de historia es una cuestión que aparece sutilmente descrita en el título del primer poema que abre el libro llamado “Ahora que mira hacia atrás”, evocando de esta manera el pasado que se acopla con la figura de “la mujer de los ríos”, que surca la totalidad del libro donde el poeta “si bien imaginó a una mujer descalza,/ a una mujer que puede encender el polvo,/ lo experimentado no tenía relación/ con una persona en particular” (11), lo que nos hace pensar que la tal mujer de los ríos funciona como un arquetipo de carácter erótico, dominante, enérgico y peligroso, lo que teje una trama que irá variando a lo largo del texto, lo que le imprime una gran cuota de ficcionalidad: “Esta puede ser también la historia/ de una mujer de los ríos/ que no era de los ríos pero parecía serlo./ La historia de un hechicero, de un padre/ y niños abandonados en el cruce de caminos./ Esta puede ser también otra historia”(15). Una mujer que tiene capacidades sobrenaturales: “La mujer de los ríos me miró/ la última vez a los pies de la escalera/ con un gesto que no disimulaba/ (…) de pronto pareció dar un paso/ y subió como si bailara en el aire” (27), y también como un ser iracundo: “La mujer de los ríos odiaba/ al hechicero de la tribu/ pero odiaba mucho más/ a quienes no sentían como ella” (27). 

Así también aparecen aspectos de la inestabilidad, la fragilidad, la indefinición y la confusión como una especie de “sfumatto” del sentido en versos como: “Pero en pocos segundos, que son,/ para ser casi exactos,/ menos de dos segundos,/ la intuición o la suerte, o lo que sea,/ huyen, se escabullen, se deshacen,/ desaparecen porque nunca estuvieron,/ ni cerca” (23), o “En seguida dos líneas, una verde, otra roja,/ que dibujan una palabra o dibujan trazos/ que brillan sobre la mesa sin llegar/ a darle forma a una palabra” (24), o “Miraba sin ver absolutamente nada,/ absorto o perdido en fragmentos,/ pedazos de recuerdos, fantasías/ fuera de sentido y posibilidad” (34).

Variados son los elementos de interés que aborda la voz poética que hace inmersión en dimensiones que van en apertura temática pero a su vez nos acercan inevitablemente al horror mediante indicios donde vibran como las dos cuerdas de un mismo instrumento la poesía y la historia: “Las historias individuales no existen./ Los destinos individuales carecen de importancia” (37), y más adelante: “Quienes escuchen o lean/ las historias individuales/ se mostrarán interesados vivamente,/ de verdad y sin duda conmovidos,/ más que nada por el hecho de no ser/ ni estar en el lugar del sufriente” (38),para llegar a establecer como aviso en el poema “Edades glaciales”: “Todo está bien, también ahora/ cuando se rompen los hielos/ y la avalancha se aproxima” (39). 

En la parte central del libro llamada El cuerpo de los hechos el autor nos lleva por distintos hitos que podemos denominar como terrorismo de Estado en el marco de la dictadura cívico militar donde detalla casos de detenciones, torturas y desaparición de personas especialmente vinculadas a la zona sur del país, tanto mapuche como chilenas, donde participan agentes de la DINA, el ejército, la armada, civiles, carabineros, la prensa y otros siniestros colaboradores de aquel sistema que contaba  con distintos dispositivos de violencia, opresión y muerte. Escalofriantes relatos localizados en Temuco, Putrufquén, Lonquimay, Curacautín o Lautaro, entre otros. En este capítulo podemos entender y concebir la presencia del mal mediante una escritura disidente y controladamente rabiosa, en su mayoría testimonios, declaraciones y relatos donde la mentira y el desprecio por la vida componen el espíritu marchito y lúgubre de los aparatos terroristas del Estado. 

La capacidad evocadora del conjunto es amplia con relación a los temas tratados y cuyo centro, como ya dijimos, es de un dramatismo en que la memoria juega un papel destacado, cuestión mucho más punzante en cuanto son los sentimientos nobles como el amor o la desnuda contemplación de escenas comunes las que se enfrentan o contrastan con el odio, la violación y el ultraje del hombre por el hombre en una misma dimensión temporal y espacial que en definitivas cuentas aún están presentes en el cosmos de la vida cotidiana

De la vida cotidiana, Guillermo Riedemann, Ediciones Inubicalistas, abril de 2019, 115 páginas. 

 Ramiro Villarroel Cifuentes. Escritor.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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